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Si no hubiera sido por Quino

Roberto Hernández Montoya

Caracas, jueves 12 de junio de 2003
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Con sus hijos Hannah y Herman, 2002.
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Quino es un héroe de la independencia. ¿Cuánto hubiéramos dejado de entender o nos hubiera costado más entender, sobre todo con independencia, si no hubiera sido por él y otros como él? Sabríamos y comprenderíamos mucho menos de lo poco que sabemos y comprendemos sobre el mundo y sobre nosotros mismos.

Él y Charles Schultz con Charlie Brown nos enseñaron ese arte difícil y riesgoso de ser inteligente. La inteligencia, como toda virtud, puede acarrear graves consecuencias a quien la ejerce desprevenidamente y sin poder que respalde su tendencia a la heterodoxia. Cuando Quino irrumpe, el pensamiento —de algún modo hay que llamarlo— estaba reducido a rumiar ideas manidas y a pocos importaba si eran falsas o idiotas. A Quino sí, entre otros. Entonces generó a Mafalda y sus otros dibujos, como arma de contraataque, para delatar la falsedad y la idiotez. Con él descubrimos que también se podía —y se debía— ser inteligente. Fue una época, segunda mitad de la década de 1960 y bien entrada la de 1970, en que se puso de moda ser despabilado y no dejar pasar una necedad sin reírse de ella. Incluso los brutos intentaron ser inteligentes, hasta que se cansaron y se volvieron a imponer. Enciende la televisión y los verás campear. Revisa la nómina mayor de la Casa Blanca y verás cómo nos tienen en sus manos.

Dije Schultz, pero hubo también multitud de otros dibujantes que nos ayudaron a entender tantas cosas: Jules Feiffer, Claire Brétecher, Copi, Chumy Chúmez, Ops, Forges, Wolinski y más cerca Leoncio Martínez «Leo», Régulo Pérez e inocultables etcéteras.

¡Tantos dibujos nos ayudaron a discernir la paja del trigo! Las caricaturas se proponían hacer reír sin mayor crítica, salvo algunas olvidables etcéteras. Lo normal era el chiste soso, generalmente con connotaciones sexistas, racistas, convocando precisamente lo peor de nosotros mismos.

Lo que más me sorprende es cómo quienes aprendieron a pensar con Quino ahora piensen con Otto Reich. Que no les guste cualquier gobierno no deshonra, pero ¿cómo se explica la CIA? No me digan que no lo saben porque me enseñaron a saberlo. Por eso siempre he tenido curiosidad por preguntarle a Quino cómo concebiría a Mafalda hoy. ¿Una Chicago girl o algo peor? Me dolería, como me duelen tantos amigos de la generación gremlin, que comenzaron peluches y terminaron fieras. Como los gatos, nacieron para leones y se quedaron chiquitos.

De todos modos Mafalda y los demás dibujos de Quino siguen hostigando la televisión y demás estupideces, dondequiera que se encuentren; implacable, certero, desnudando a aquellos cuyo trabajo anterior los denuncia de modo tan impecable.


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