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Dialéctica del mesianismo

10 de julio de 2000

Históricamente la idea del Mesías está, intrínseca y de manera inextricable, asociada a la noción de salvación, de redención emancipatoria, de liberación social y política, de esperanza, en suma. Con el devenir de los siglos, tal vez desde el alba del cristianismo primitivo, la deriva humana ha venido asignándole nuevas expresiones a la secular noción de mesianismo hasta convertirla en parte del léxico laico de la política. En Venezuela lo más parecido a un «Mesías» es el arquetípico Caudillo decimonónico devenido en jefe político o líder heterónomo de masas. Por lo demás, la Historia predemocrática y precivilista de América latina abunda demasiado en la proliferación de esa teratología de la política que los politólogos, sociólogos e historiadores y demás cientistas sociales coinciden en denominar con el insustituible nombre de caudillismo civil.

Tal pareciera que cuando las sociedades —y Venezuela no está exenta de este implacable axioma— experimentan largos y extenuantes períodos de insatisfacción colectiva y de prolongadas carencias de legitimidad jurídica, política e institucional los sectores más esclarecidos de dichas sociedades, verbigracia sus elites pensantes, optan por devanarse los sesos en función de proponer horizontes posibles de intelección en aras, a su vez, de buscar salidas viables, sensatas y racionales se entiende, a los laberintos de incertidumbres y desasosiegos en que las sumergen las recurrentes e inevitables etapas de transición consubstanciales a todo cambio de estructuras. Y he ahí, justamente en ese preciso momento histórico-social de inexorable advenimiento de esa otra falacia llamada «revolución», es que toma la escena pública, los hilos del tinglado institucional, el Mesías o el Caudillo tantas veces añorado, anhelado y solicitado con expectación por las legiones de depauperados de siempre. Porque, ¿quién fabrica el mesianismo, quiénes hacen posible el resurgimiento cíclico de esa «planta insolente» tan difícil de erradicar del suelo patrio venezolano?. Cuánta razón tenía Etienne de la Boêtie al legar para la posteridad su egipcíaco y espléndido Tratado sobre la servidumbre voluntaria tan poco difundido y casi nulamente leído entre la intelectualidad venezolana de este recién estrenado siglo. Dice La Boêtie: «El esclavo adora las cadenas que le atan a su amo; se reconcilia de tal modo con dichas cadenas que llega a considerarlas imprescindibles». De otro modo, ¿cómo explicarse la exaltación cuasi-idolátrica de inmensas turbas instintivas y feraces dispuestas a inmolarse si fuere necesario hacia el ungido de esta o aquella circunstancia, sin caer en las falsas y manidas tentaciones sectarias y dogmáticas de siempre?

Por otra parte, el rasgo más sobresaliente que distingue al espíritu con vocación mesiánica y salvacionista es su sempiterna inclinación al abusivo uso de la verbalización retórica, a la utilización desmedida de los artificios encantadores y distraccionistas de la palabra demagógica. ¿Es el Mesías un encantador de serpientes emplumadas de ansiedades y promesas listas a resolver hic et nunc?

Todo liderazgo mesiánico expropia la autodeterminación subjetiva del ciudadano al subsumir en él mismo y únicamente en él la confianza y la incuantificable potencialidad que por naturaleza comporta todo colectivo, comunidad, multitud o masa de ciudadanos organizados o no. El mesianismo, reencarnado o «inédito» funda una odiosa distancia entre la imantada representación de su figura mítica y mitologizadora y esa no menos detestable entidad gaseosa e innominada objeto de sus hilarantes arengas y exhortaciones a sus «súbditos» a construir su propia «colonia penal».

Ni yo mismo he reparado suficientemente en ello; el Mesías ha llegado, se encuentra instalado desde hace rato entre nosotros, adherido a nuestras expectativas nacionales. Sólo tenemos que decidir si queremos que cambie de nombre. Pero tiene que ser pronto.


Rafael Rattia en La BitBlioteca

Rafael Rattia es historiador egresado de la Universidad de Los Andes con una tesis sobre Émile Michel Cioran. Su trabajo académico fue asesorado por el filósofo José Manuel Briceño Guerrero. Actualmente se dedica a escribir poesía y ensayos críticos de imaginación. Escribe para la Revista española CASI NADA.

http://usuarios.iponet.es/casinada/xrattia.htm


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