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Sección: Bitblioteca
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Arturo Úslar Pietri: un resumen de su pensamiento económico Moisés Mata* Este es el uso de la memoria para liberación... T. S. Eliot A la muerte de Gómez florece en la conciencia pública nacional una Venezuela que, con mucho, niega definitivamente la Venezuela exitosamente progresista, y políticamente justificada, que recogemos del pensamiento positivista venezolano, fundamentalmente de las manos de José Gil Fortoul, Pedro Manuel Arcaya y Laureano Vallenilla Lanz. Esa Venezuela distinta, en su negativismo, como contraposición al ejercicio intelectual del positivismo, prevaleció en quien fuera uno de nuestros más connotados hombres de opinión pública, y ese hombre precisamente fue Arturo Úslar Pietri. Pues, bien, para Úslar, la Venezuela que emerge de la dictadura gomecista es una Venezuela llena de toda suerte de obstáculos para el progreso, tales como: carencia de asistencia médico-hospitalaria, de servicios de educación, de vías de penetración agrícola, de obras de infraestructura social, entre otras carencias. Y todo ello en medio de una inmensa cantidad de recursos naturales que, económicamente inaprovechados, se alzaban cuan picachos de hielo sólido en medio de aquel mar de necesidades sociales. Añádasele además la escasa población, que rondando apenas cuatro millones de personas, habitaba nuestro entorno geográfico. La cuestión fundamental que imposibilitaba nuestro desarrollo económico no era entonces una escasez de medios, sino que, contrariando al libro de texto, el asunto fundamental se atisbaba como un exceso de medios para atender una multiplicidad de fines colectivos, los cuales, forzando un tanto la razón histórica, bien pueden englobarse de la siguiente manera: la modernización económica, política y social del país. Empero, y la interrogante no puede ser más oportuna, ¿qué hacer a los efectos de salvar esta especie de bache existente entre los medios y fines?. Interrogado de otra manera, ¿cuáles son los recursos que económicamente se van a aprovechar para emprender así tal empresa modernizadora?. La respuesta de Arturo Úslar no se hace esperar: «...en un esfuerzo por ver de la manera más objetiva y simple la realidad, observaba algunos hechos fundamentales. Que la producción agrícola y pecuaria tradicional de nuestro suelo no sólo no había aumentado, sino que mostraba tendencia a disminuir, y que gran parte de los recursos de que disponíamos procedían de actividades destructivas, y no reproductivas. La actividad destructiva de la minería y del petróleo...» (Arturo Úslar Pietri. Petróleo de vida o muerte. Caracas: Editorial Arte, 1966, pp. 51-2). Ante la inminencia histórica de la mengua de recursos que la actividad agro exportadora del país hacía virtualmente suya, y ante el proceso de descapitalización que la actividad económica petrolera, entendida ésta y así lo entendió Arturo Úslar- como un capital natural no renovable, lo más aconsejable era aprovechar al máximo la transitoriedad de esos cuantiosos recursos que la actividad del comercio internacional hacían virtualmente posible. Así, pues, sacarle el máximo provecho histórico al petróleo, se convierte de esta manera en la consigna que tipifica su proyecto político, esto es, «sembrar el petróleo». ¿Pero cuáles serían los surcos que para los propósitos de esa «transformación del país» tendrían que necesariamente irrigarse?. La respuesta a esta interrogante aparece clara y sencilla ante los ojos de Úslar, a saber: incentivar el crecimiento económico manufacturero a costa de la explotación económica petrolera. El mecanismo de acción no puede ser igualmente más sencillo: «...convertir el petróleo en dinero, y al dinero invertirlo en el desarrollo de una economía reproductiva sana y creciente.» (AUP, op. cit., p. 53). Esto requiere de una consideración adicional. No estaba en el propósito de Úslar desarrollar la industria petrolera como una actividad económica que lograse preservar el petróleo para las generaciones futuras, sino que, antes bien, estaba en su propósito agotar los yacimientos petrolíferos en virtud de que bien podrían ser considerados como «instrumentos de desarrollo» nacional. Sea menester la siguiente cita que a continuación leemos in extenso de Úslar: «Esta concepción del petróleo como instrumento fundamental e insustituible del desarrollo del país puede no coincidir exactamente con los requerimientos de una política petrolera, que considere el petróleo aisladamente, fuera del marco de las necesidades venezolanas y proponga hallar la manera de explotarlo más racionalmente y conservarlo por más tiempo.» (AUP, op. cit., p. 59). A lo que de inmediato le añade: «Explotar racionalmente y aprovechar al máximo los yacimientos es ciertamente algo que no puede ser desdeñado, pero posponer o retardar la posibilidad del desarrollo venezolano en nombre de la conveniencia de conservar el petróleo para las generaciones futuras carecería de justificación histórica.» (ídem). Valga la pena añadir esta otra amonestación suya, la cual no puede ser más clara en su intención política: «Las generaciones futuras no nos van a preguntar si les hemos dejado mucho o poco petróleo en el subsuelo, sino que nos van a lanzar una cuestión mucho más grave y perentoria que no es otra cosa que esta: ¿aprovecharon ustedes inteligente y oportunamente el petróleo para construir un país?. La trágica implicación de esta pregunta no la van a eludir nuestras sombras ausentes o nuestras borrosas memorias alegando que tratamos de hacer una explotación racional y prudente.» (AUP, op. cit., pp. 59-60). No sin razón pudo Úslar celebrar la reforma petrolera de 1943, toda vez que la misma, al término de la segunda guerra, le «aseguraba (al país) el más grande ingreso petrolero que haya conocido en su historia (hasta antes de 1943) y uno de los más grandes que país alguno del mundo haya derivado de una sola actividad.» (AUP, op. cit., p. 57). Sin embargo, esta visión política de Úslar no se las trajo todas consigo. La realidad misma de las cosas dibujó una práctica política contraria a su propio desiderátum. El petróleo, como instrumento político de desarrollo, más de las veces se le conceptualizó como la fuente proveedora de recursos para financiar una cada vez más creciente participación del Estado en la vida pública. Cuando este, en el entendimiento de Úslar, debería solamente actuar como un catalizador importante, pero no más que eso, entre los recursos económicos petroleros obtenidos y la sociedad mercantil. Entendiendo por sociedad mercantil aquella que mira en la inversión la fuente de la actividad constructiva de los pueblos. Así las cosas, el gasto corriente en sueldos y salarios, que es la única manera contable que tiene el Estado para agregar valor, y al no provenir de una actividad económica éticamente productiva, no podría menos que representar el drama de una vida económica moralmente artificial. Por esta vía el ingreso petrolero, dentro de la racionalidad capitalista de Arturo Úslar, incide negativamente en la marcha natural del proceso económico. Unos sueldos y salarios sin contraparte real alguna, no pueden menos que generar un proceso económico virtualmente inflacionario. Con todas las consecuencias que esto trae consigo, a saber: la erosión de la moneda nacional, que no es otra cosa más que decir la erosión del bolívar. La compensación de esta desvalorización monetaria, la práctica de la política gubernamental siempre la hizo posible por vía de un dólar (divisa) barato. ¿Cuáles han sido los efectos económicos de todo esto?. La respuesta económica de Úslar no puede ser más inminente: «Esa afluencia de divisas, que se ha reflejado en una tendencia del cambio a la baja (el mercado cambiario al que se refiere AUP es el anterior a febrero de 1983), ha constituido una prima para las importaciones y una barrera para las exportaciones no tradicionales.» (AUP, op. cit., pp. 25-6). Dándose así una especie de coto cerrado en cuanto a la circulación mercantil se refiere. Sin conexión alguna con la actividad económica interna: en su origen, el ingreso petrolero; en su destino, el gasto corriente; y como efecto inexorable de todo este flujo de dinero que el Estado hace posible, un proceso virtualmente inflacionario mitigado por una igualmente carrera importadora. Puesto en las palabras del mismo Úslar: «...un plano inclinado que lleva a no producir nada y a comprar en el exterior con petróleo todo lo que necesitamos para mantener un nivel de vida artificial.» (Arturo Úslar Pietri. De una a otra Venezuela. Caracas: Monte Ávila editores, 1980, p. 47). Acaso las circunstancias económicas presentes, como nunca antes, devele esa virtual contrariedad que el petróleo tiene en la vida venezolana, y que ocupó en los labios de Arturo Úslar el mayor de sus cantos sibilinos.
* Profesor de la UNELLEZ.
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