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Lo único intacto es la crisis

Aram Ruben Aharonián

En un clima de fractura de todas las instituciones del país, lo único que permanece intacto es la crisis. La incertidumbre y un cierto recelo popular ante amagues de retrocesos del gobierno de Hugo Chávez marcan la pauta posgolpe.

Viernes 26 de abril de 2002

Documentos sobre los sucesos de abril de 2002 en Venezuela

Todo permite prever que el clima de confrontación se agudizará hasta llegar a niveles peligrosos, y el primer acto de esta nueva batalla pareciera ser la conmemoración del Día del Trabajador, el 1º de mayo, donde la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) planea una gran demostración opositora, y partidarios del gobierno anuncian otra en dirección confluyente. ¿Se repetirá la violencia del 11 de abril, cuando irresponsables dirigentes mandaron al sacrificio a los ciudadanos para justificar un golpe?

Es difícil explicar qué pasa en Venezuela y por qué pasa. Los más connotados golpistas —una decena de militares y el impresentable presidente de facto Pedro Carmona Estanga— están detenidos en sus casas y ofrecen entrevistas a todo el mundo, en un verdadero festival de impunidad. La operación maquillaje está en pleno apogeo: lavar la cara de los golpistas en los medios de comunicación, que siguen tan agresivos contra el gobierno como antes de la asonada, aprovechando el vacío comunicacional del Estado y el mutismo de ministros que se abstienen de dar la cara. Las «viudas del golpe» ocupan todos los espacios en radio y televisión.

Mientras el gobierno —que también hará un «refrescamiento» en el área económica del gabinete— parece dispuesto al diálogo, cambiando no solo las formas sino el contenido de sus mensajes y sus planes, muchos sectores de la oposición están dando una lectura equivocada a lo sucedido y señalan que no les interesa buscar escenarios de entendimiento sino echar más leña al fuego. Y para completar el cuadro, el gobierno se encuentra bajo presión popular, que exige castigo a los golpistas.

Representantes de lo que se ha dado en llamar la «sociedad civil» y que apoyaron el golpe, e incluso fueron anunciados como integrantes del gabinete de la dictadura, hoy hablan de gobernabilidad, democracia y tolerancia en los medios de comunicación. Parlamentarios opositores quieren seguir desconociendo la constitucionalidad y legitimidad del gobierno de Chávez.

Recomponer la política

Cabe recordar que durante el golpe los primeros objetivos de la represión fueron los Círculos Bolivarianos (núcleos populares, en camino de una democracia participativa), satanizados por la oposición bajo el argumento de que se trata de bandas armadas, y las radios y televisoras comunitarias, consideradas la columna vertebral del respaldo popular a Chávez. Por ello no extraña hoy que voceros de la oposición sigan atacando a los Círculos y a las radios comunitarias.

Fracasada la asonada, desde las embajadas de Estados Unidos y España y desde los escaños de la oposición el libreto es el mismo: Chávez debe ir a un referendo consultivo, Chávez debe llamar a elecciones para legitimar su mandato. Todos saben que una consulta de este tenor es poco viable. El presidente Chávez tomó ahora la iniciativa para recomponer un cuadro mínimo de gobernabilidad, mediante la reestructuración del gobierno y un mejoramiento de las relaciones con Estados Unidos.

Parlamentariamente, el chavismo también ha dado pasos significativos y ha mostrado voluntad concreta de concertación. Uno, la aceptación a reconsiderar parte de algunas leyes aprobadas en el marco de la Ley Habilitante —poderes especiales concedidos a Chávez por la Asamblea para dictar una serie de normas—, entre ellas la Ley de Tierras. Dos, las gestiones del único operador político del chavismo, el ministro de Defensa José Vicente Rangel, con los partidos de oposición, Iglesia, sindicatos, militares, en busca de escenarios de discusión y entendimiento. Tres, el llamado de Chávez al Consejo Federal de Gobierno, integrado por su gabinete ejecutivo, los gobernadores de los estados y los 330 alcaldes de todo el país —por primera vez en tres años—, que supone un aliciente a los paralizados procesos de descentralización.

Lo cierto es que el chavismo está dispuesto a poner en la mesa varios puntos que facilitarían una política de diálogo y concordia, aunque signifiquen pasos atrás en la marcha de esta «revolución pacífica y democrática»:

  1. Una ley de seguridad ciudadana que incluya la coordinación de una policía nacional y el desarme de la sociedad civil.
  2. Definir el sistema de seguridad social como mixto: controlado por el Estado pero con participación privada.
  3. Reactivación plena del aparato productivo, donde el sector privado tiene parte fundamentall.
  4. Una política educativa más profunda, con participación del sector privado.
  5. Impulso a la descentralización, empezando por la remisión de las partidas represadas a los estados.

El nombramiento de una nueva directiva en la estatal Petróleos de Venezuela fue un significativo paso en las correcciones que afronta el gobierno, pero también es el mensaje inequívoco para trasnacionales y golpistas: el nuevo presidente de PDVSA y todavía secretario general de la OPEP, Alí Rodríguez, reivindicó una vez más la reserva del Estado sobre el subsuelo y los hidrocarburos y la permanencia de la empresa con un solo accionista, el Estado.

Alí Rodríguez, militante y dirigente de izquierda, no es un hombre de medias tintas. Es cierto que dialoga con todos, pero siempre ha seguido sus principios y ha sido sin duda el responsable de la política petrolera nacional e internacional del gobierno de Chávez, que ha llevado al fortalecimiento de la OPEP y el aumento del precio del crudo en el mercado internacional.

Desde el punto de vista cuantitativo, en la Asamblea Nacional el chavismo aún mantiene 95 de los 165 escaños, pese a que cuatro de los miembros de la coalición la abandonaron, siguiendo a su eventual dirigente, el octogenario ex ministro del Interior Luis Miquilena, cuya participación en los recientes acontecimientos no queda nada clara. Las presiones políticas para que algunos diputados oficiales se pasen a la oposición son cada vez más fuertes, el balance de fuerzas puede variar en breve y así el poder de decisión se puede trasladar a las minorías, siempre y cuando estas puedan lograr algún acuerdo mínimo.

Militares, patrones y curas

¿Qué pasa con las fuerzas armadas? Evidentemente el golpe fue dado por fuertes empresarios y generales, con apoyo de los medios de comunicación, y dejó en claro que los mandos de divisiones y batallones, en su mayoría, estaban en manos de oficiales leales a Chávez. Además de los numerosos generales y altos oficiales —casi un centenar, en actividad o retiro— que participaron de una u otra forma en la asonada, el extraño accidente de un helicóptero Super Puma dejó a la leal Fuerza Aérea sin su comandante y cuatro de sus generales.

Chávez supo quiénes eran leales y quiénes oportunistas, y su cara demacrada marcaba su dolor por la traición de varios de sus compañeros del alma y del arma. Ahora, la generación que los sucederá en los mandos desde julio próximo será la de sus compañeros de promoción. Hoy, sin duda, los mandos y la tropa están con la institucionalidad y la Constitución, más allá de algún oficial que no resista a las tentaciones.

La fractura en el empresariado es evidente y la actual dirigencia trata por todos los medios de separarse de la actuación de su líder, Pedro Carmona. Entre los sindicalistas la rabia es amplia, ya que se sienten utilizados como carne de cañón por el empresariado. Mientras el liderazgo intenta seguir en una posición de enfrentamiento frontal con el gobierno, los dirigentes de base parecen más dispuestos a pelear por sus reivindicaciones laborales.

La Iglesia tampoco salió indemne y la credibilidad cayó como la de los demás. El cardenal Ignacio Velasco avaló con su firma el único decreto de Carmona, y Baltazar Porras, presidente del Episcopado no solo participó en todas las reuniones previas al golpe sino que intentó por todos los medios —incluso con mentiras— forzar la renuncia de Chávez y sacar al presidente hacia Puerto Rico.

Recién se cumplen dos semanas de los acontecimientos y en Venezuela la fractura es total en las instituciones. Lo único que permanece intacto es la crisis y las dudas —sobre todo las del pueblo que se jugó por el retorno del presidente— de hacia dónde va ahora el proceso de cambios del gobierno de Chávez.


Aram Ruben Aharonián en La BitBlioteca



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