Caracas, Miércoles, 23 de abril de 2014

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Con la lengua

La «ch» y la «ll»

El Nacional, 11 de junio de 2000

Algunas personas se empeñan en decir que la Real Academia Española suprimió las letras «ch» y «ll». El problema no es que ellos crean ingenuamente esa falacia, sino que la divulguen, especialmente en los medios de comunicación y entre los jóvenes, produciendo confusión en mucha gente, que aceptan irracionalmente semejante mentira.

Últimamente he observado que a la Real Academia Española se atribuyen los más insólitos dislates: que si autorizó el uso de «hubieron»; que si prohibió el empleo de la etcétera; que si esto, que si aquello...

No es función de la Real Academia, ni de nadie, crear o suprimir letras, si entendemos este concepto como algo más que el signo gráfico que representa un sonido determinado. Los sonidos de un idioma —llamados también signos fonéticos o fonemas— son muy anteriores a las academias, de modo que mal podrían ser inventados por éstas. Es más, esos sonidos son naturales, propios de la fisiología de algunos animales, entre ellos el ser humano. Aunque, de hecho, pueden experimentar un desarrollo, que implica cambios de diversos tipos de origen cultural, mediante el aprendizaje.

Los fonemas o sonidos articulados son el elemento más primitivo de un idioma que están en la base misma de éste. Es después de un largo tiempo y dentro de un prolongado proceso de desarrollo de esos sonidos que se les da nombres y se les proporciona un signo gráfico, que puede inventarlos una corporación académica, pero también una persona cualquiera, individualmente. Este es el caso, por ejemplo, del alfabeto cirílico de algunos de los idioma eslavos, como el ruso, el búlgaro, el yugoslavo, etc., y que fue ideado por los hermanos Cirilo y Metodio, monjes búlgaros tenidos por santos, del primero de los cuales salió su nombre.

La letra «ch», no ha sido eliminada de nuestro idioma. La prueba de ello es que seguimos pronunciándola, y al escribirla lo hacemos con el dígrafo formado por la «c» y la «h»; «choza», «cachaza», «chuzo», «chicharra», «cachete»... ¿Cómo podríamos pronunciar y escribir esas palabras si se hubiese eliminado la «che»? El hecho de que la Real Academia Española emplee el término «dígrafo» para referirse al signo gráfico que representa al sonido «ch» —al que se define fonéticamente como «fonema africado palatal»— no significa que la «ch» haya sido eliminada, sino más bien comprueba su subsistencia. También se emplea dicho término para referirse a los signos gráficos correspondientes a la «ll» («fonema lateral palatal») y a la «rr» («fonema vibrante múltiple»).

La letra «ch», o más exactamente el dígrafo formado por la «c» y la «h», no se usaba en latín como representación gráfica del llamado «fonema africado palatal». En latín el signo «ch» representaba un sonido equivalente o parecido al de la «k» o la «c» delante de vocal abierta: «chaos» (caos), «character» (carácter), «chimera» (quimera), «chorda» (cuerda), «chorus» (coro), «christianus» (cristiano). Es a partir más o menos del siglo XI cuando se adopta en el castellano antiguo, tomándola del francés, la grafía «ch» para representar el fonema africado palatal que se da en palabras como «chácara», «choza», «chusma», «pichel» o «chisme».

Lo que hizo la Real Academia fue reubicar esa letra en el orden alfabético, de modo que las palabras que empiecen por «ch» no tengan una sección aparte, sino que se coloquen bajo la letra «c», entre las palabras que empiezan por «ce» y las que empiezan por «ci»: «ceviche», «chabacanada», «chabacano», «chabola»..., «che», «checa», «checar»..., «chibalete», «chibcha», «chic»..., «chocante», «chocar», «chocarrería», «chubasco», «chubasquero», «chibesqui»..., «cianhídrico».

Lo mismo ocurre con la letra «ll», que tampoco ha sido eliminada, como se ve por su presencia en la pronunciación y escritura de palabras como «llama», «callado», «cuello», «chillido», «cuchillo», las cuales hoy no podríamos pronunciar ni escribir si se hubiese eliminado la «ll». Lo que hizo la Real Academia Española fue reubicar en el orden alfabético las palabras que empiezan por el dígrafo «ll» dentro de la sección correspondiente a la «l», entre las que empiezan por «li» y las que empiezan por «lo»: «liza», «llaga», «llagar», «llama»..., «llegada», «llegar», «llenado»..., «llorar», «llorera», «llorifa»..., «lluvia», «lluvioso», «lo».

Este reordenamiento no fue caprichoso ni arbitrario como a veces se dice, sino que se hizo con el propósito de unificar el orden alfabético castellano con el de los demás idiomas modernos, que lo han empleado siempre. Unificación que era necesaria, porque nuestro idioma está forzosamente en relación con los otros, en un mundo en el que cada día hay una mayor interrelación. Además, con ello se volvió a la tradición española, pues ese orden fue el que se empleó en los primeros diccionarios de la Real Academia y su uso se mantuvo durante mucho tiempo, de modo que haberle dado a la «ch» y la «ll» secciones aparte dentro del orden alfabético fue artificioso e injustificado.

Bien harían quienes se empeñan en decir que estas letras fueron eliminadas del alfabeto guardándose su dislate, para no confundir a tanta gente que, de manera ingenua e irracional, cree en todo lo que dicen los demás.

Carmelo Flores Cazorla

Agradezco a Carmelo Flores Cazorla los comentarios que suele hacer cada semana sobre esta columna, en su cátedra de Derecho Penal II, Facultad de Derecho, de la Universidad de Carabobo. Por tratarse de un distinguido jurista y profesional de la docencia que goza de merecida fama por su sapiencia y su honestidad profesional, sus elogios de estos artículos resultan muy honrosos y estimulantes.

Promoción de profesores Martín J. Sanabria Los profesores graduados en el Instituto Pedagógico en 1950, Promoción Martín J. Sanabria, de nuevo nos reuniremos para tratar sobre la celebración de nuestro 50° aniversario, en el Salón de Jubilados Enrique Vásquez Fermín, del Instituto Pedagógico (edificio nuevo), el martes 13, a las 10:00 am. Todos están invitados.


Alexis Márquez en La BitBlioteca

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