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Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR Borges e Internet Paula Maciel de Balbinder Jorge Luis Borges en La BitBlioteca ¿Qué hubiera pensado Borges de Internet, considerada como una biblioteca infinita, él que amó tanto las bibliotecas? Nadie rebaje a lágrima o reproche De una ciudad de libros hizo dueños las albas a su afán. En vano el día De hambre y de sed, (narra una historia griega), Borges describe el inmenso placer de acompañar a su padre a la biblioteca y, como era demasiado tímido para pedir un libro, entretenerse con las enciclopedias. «Iba con mi padre, de noche. Mi padre, que era profesor de psicología, pedía algún libro de Bergson o de William James, que eran sus autores preferidos, o de Gustav Spiller. Yo, demasiado tímido para pedir un libro, buscaba algún volumen de la Enciclopaedia Brtannica o de las enciclopedias alemanas de Bockhaus o de Mayer. Tomaba un volumen al azar, lo sacaba de los anaqueles laterales y leía. Siempre supo que quedaría ciego: «El mundo del ciego no es la noche que la gente supone. En todo caso, estoy hablando en mi nombre y en el nombre mi padre y de mi abuela, que murieron ciegos. Ciegos, sonrientes y valerosos, como yo también espero morir. Se heredan muchas cosas (la ceguera, por ejemplo) pero no se hereda el valor. Sé que fueron valientes». Efectivamente, la pérdida de visión fue paulatina: «Es dramático el caso de aquellos que pierden bruscamente la vista: se trata de una fulminación, de un eclipse, pero en el caso mío, ese lento crepúsculo empezó (esa lenta pérdida de la vista) cuando empecé a ver. Se ha extendido desde 1899 sin momentos dramáticos». Tampoco su ceguera era total: «Hay un color que no me ha sido infiel, el color amarillo». Para Borges, su vista significaba la posibilidad de leer y escribir, lo cual perdió en 1955, cuando fue nombrado director de la Biblioteca Nacional. «Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el paraíso bajo la especie de una biblioteca. Otras personas piensan en un jardín, otras pueden pensar en un palacio. Ahí estaba yo. Era, de algún modo el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos». Borges no adquirió un nuevo sistema de escritura al quedarse ciego. Memorizaba los textos y luego los dictaba. Por ello, a partir de esa época, prefería el verso a la prosa, ya que éste era más «portátil» o sea, memorizable. No podemos saber si Borges profetizó Internet al escribir sobre el aleph o la biblioteca infinita. Pero se puede imaginar que Borges haría con la web lo que muchas personas en condiciones visuales similares hacen. El uso de la red como biblioteca es descrito así por un usuario ciego: A medida que fui avanzando en mis estudios y necesité acceder a información más especializada, o simplemente quise ampliar el abanico de mis libros de lectura, descubrí que cada vez eran menos los libros escritos en Braille y cada vez más los que estaban grabados en cinta cassette. Aparentemente tenían sus ventajas: la lectura era más cómoda y más rápida; los libros ocupaban menos espacio y era más fácil transportarlos; al mismo tiempo que se leía podía hacerse alguna otra cosa con las manos; el proceso de grabación era más sencillo que el de transcripción, y podía disponerse del libro en menos tiempo... Y empezó mi proceso de desbraillización sin saberlo. Era tan lento, tan sin darme cuenta, que nunca llegué a ser consciente de que lo iba perdiendo. Notaba, eso sí, que cada vez me daba más pereza pasar los dedos por los renglones; que cada vez iba leyendo más lento. Después, me fui convenciendo de que apenas había cosas escritas en Braille que mereciesen la pena el esfuerzo. Con el tiempo sustituí casi por completo la lectura usando el tacto por la otra, la auditiva, que era más práctica y, después de todo, no era más que cambiar el uso de un sentido por el uso de otro. Y empezó el declive. Un día dudé si una palabra difícil se pondría con be o con uve; otro día, la palabra era más fácil y la duda muy evidente. Fui perdiendo seguridad en la ortografía de las palabras más sencillas. Los signos de acentuación empezaron a vacilar entre las sílabas. Las palabras que me salían por primera vez al encuentro, empezaban a presentarse sin imagen gráfica, algo parecido a un sonido que significaba algo pero no tenía su correspondencia en la escritura. Pero no por eso dejé de ser una persona culta. Mi afición a la lectura siguió aumentando sin descanso, aunque fuese exclusivamente lectura de libros en audio. Además, escuchaba la radio y la televisión, y estaba al día en cuestiones de política nacional e internacional, en deportes, en música y en los últimos avances de la ciencia». Y otro le contesta: «Pero el acto de leer, de leer por uno mismo, de saber exacta, rápida y claramente cómo se escribe tal o cual palabra, cómo se deletrea el nombre del presidente de la India o de ese nuevo producto que ha salido al mercado, poder escribir CD-ROM en vez de sederrón, el poseer lo que se lee, el leer con mayúsculas, sólo lo podemos hacer desde 1809, como tú bien apuntas; o al menos desde el día en que Louis inventó el sistema y lo puso en marcha. Yo también leí muchos años el libro de la vida de Braille y tuve que hacer muchos ejercicios de redacción alabándolo a él y a su invento, sin darme demasiada cuenta entonces de la importancia del mismo. Luego, en la adolescencia y algo más adelante, cuando ya mi rumbo apuntaba a la investigación y a todo lo relacionado con la hoy llamada tiflotecnología, empecé a interesarme en lo verdaderamente curioso del invento; en que una persona puede contar muy bien hasta 6 elementos si los ve o los toca de un plumazo pero, a partir de siete la cosa se complica. Supe de los sistemas anteriores a Braille, sistemas basados en puntos y rayas o en letras de molde toscamente cinceladas o marcadas en papel, estudié la evolución de las imprentas, de las pautas, de las máquinas de escribir Braille. Luego empezó la electrónica y tuve que estudiar, y lo hice con gusto, cómo la electricidad y las nuevas tecnologías estaban consiguiendo levantar pequeños vástagos de nylon en grupos de seis u ocho a fin de reproducir ese código hermoso de representación de la información. Asistí a la aparición del punto siete y del ocho, que facilitan mucho la comunicación con los ordenadores. Pero sólo al pasar de los años, con la reflexión que da la edad, uno comienza a apreciar más profundamente lo aprendido y a atrapar más hacia el interior lo que realmente posee. Y uno de los tesoros más grandes que un hombre puede poseer, es su cultura, que en una gran medida entra por los ojos y para nosotros por los dedos, gracias a ese maravilloso alfabeto. Es cierto que 192 años después del nacimiento de Braille, su sistema está en algunos sitios en decadencia. Pero tiendo a pensar que es un periodo transitorio, motivado por lo caro que le resulta aún a la nueva tecnología el hecho tan simple de reproducir un punto y volverlo a esconder. Es este un reto que tenemos muchos y que, como todos los retos humanos, se conseguirá dominar; se logrará que el Braille sea aún más fácil de producir y de incorporar a ordenadores y otros equipos». El uso de las comunidades virtuales como espacios de pertenencia se ve ejemplificado en estos testimonios: Estas son las primeras fiestas que paso incorporado a las listas y siendo ciego, ambas condiciones simultáneamente y a este sector es al último que estoy conociendo en este año puesto que recién ahora estoy aprendiendo Braille, sin embargo me acerqué a ustedes con la confianza que infunden casi todas las listas que componen los ciegos, los disminuidos visuales y sus allegados, por ello, porque me siento casi en mi casa y con mi familia, les digo de todo corazón, que Dios los bendiga a todos y a vuestros familiares. Me vais a perdonar que sin conoceros me halla permitido consideraos mis amigos; pero hace apenas 3 días que me subscrito a la lista y ya he recibido unos cuantos correos vuestros, a través de ellos puedo captar que sois como una gran familia que supera con creces las distancias y supera con mucho la frialdad que supone relacionarse a través de una maquina; la verdad es que estoy deseoso de ser uno mas entre vosotros. Personas con problemas degenerativos de retina, que como Borges, van en lento declive hasta la ceguera, y que temen confesar su situación por miedo a ser discriminados, encuentran en listas temáticas sobre baja visión un lugar donde distenderse y donde su identidad no es vergonzante: De hecho mucha gente que me conoce no sabe que yo veo poco... Jamás lo comentaba a mis amigos. pasé mucho trabajo por eso (entre disimular, tropezones en la oscuridad, hacerme el borracho en las fiestas, etc. evitar salir de noche etc.). Ahora no se lo cuento a todo el mundo pero la gente mas cercana a mi lo sabe, así que cuando tengo alguna dificultad me ayudan. Así, tal como lo relata otro miembro de una lista: El nuevo espacio público que se constituye a través de la red, permite que diferentes grupos se unan en la concreción de fines que satisfagan sus necesidades. En este marco, se conforman las comunidades virtuales entre personas ciegas que intentamos la construcción de una identidad mediante los distintos intercambios que logramos dentro de las comunidades. Comunicarse con pares es el objetivo principal: Indudablemente, la necesidad de comunicación que aparece como objetivo esencial en estas iniciativas, está presente en toda relación que se establece en cualquier área de la actividad humana. En nuestro caso, resulta importante llegar a conocer la manera en que «otros», que provienen de culturas diferentes y cuentan con recursos y saberes específicos, logran afrontar situaciones relacionadas con necesidades especiales. Por esta razón, resulta fundamental nuestra participación en los mundos virtuales porque es a partir del contacto con «otros» como logramos transformar nuestro pensamiento y conocimientos. Podremos crear entonces vehículos de integración que hasta el momento fue dificultoso encontrar en otros espacios. Esto quiere decir que a mi entender, la posibilidad de crear instancias virtuales de comunicación podría impulsar nuevos modos de accionar en las instituciones «públicas» dedicadas a la problemática de la discapacidad visual en los países Latinoamericanos. Habría que comenzar por replantearse un cambio profundo de concepciones en relación con las habilidades de las personas diferentes que permita una verdadera inserción social. Por ello, nos resulta definitivamente real el contacto virtual. No se pueden dejar de mencionar las iniciativas dedicadas a garantizar que la Red sea accesible para todos: ¿Qué significa TODOS? Pues significa personas con deficiencias sensoriales (de la vista o el oído), deficiencias físicas (problemas de movilidad, tetraplejia, Parkinson, etc.), personas con dispositivos antiguos (módems u ordenadores antiguos) y personas con dispositivos muy nuevos. Es decir, para personas mayores, personas con discapacidad y personas con conexiones lentas u ordenadores anticuados o muy modernos. ¿Qué diría, entonces, Borges, si pudiera navegar por la web? Quizá, «que debe ser un instrumento más entre los muchos, tan extraños, que el destino o el azar nos deparan».
Tulio Hernández, Borges virtual
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