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Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR Presentación del diccionario matriz de la lengua castellana «El primer libro de una nación es el diccionario de su lengua.» (Volney.) «Un buen diccionario de la lengua escrita sería un buen diccionario etimológico.» (Nodier.) «Es trivial toda etimología que nos remite tan sólo a algún vocablo de otra lengua, ya sea igual, ya semejante; a no ser que el significado de dicho vocablo y la causa de su imposición aparezcan demostrados en esa referencia.» (Horne Took.) Si no el mero título de esta obra, el más ligero examen de la muestra que de ella adelantamos, como testimonio de su ejecución, bastará para dar, aun a las personas menos familiarizadas con los estudios filológicos, la idea de una empresa nueva entre nosotros (1), poco común entre naciones más adelantadas que la nuestra en el cultivo de la lingüística (2); extraordinaria por su magnitud e importancia (3), y por su contenido no sólo utilísima al común de las gentes, sino en muchos conceptos necesaria a los doctos e indispensable a la enseñanza pública, ya sea ésta elemental, ya secundaria (4); empresa que confusamente vislumbrada por algunos humanistas(5), desempeñada de un modo incompleto por los más célebres lexicrógafos que conocemos (6) y reputada por muchos imposible (7), consiste en dar al diccionario empírico de una lengua secundaria y bastarda (8) la forma lógica que hasta hoy tan sólo han tenido los vocabularios de las lenguas primitivas y sintéticas; y para ello, fundando en una rigurosa etimología comparada el ordenamiento de las partes constitutivas de la lengua castellana, y la filiación de los derivados y compuestos sucesivos de sus matrices, y analizar una a una las ramas, digamos de este árbol inmenso que en días más prósperos cubrió con su sombra dilatados imperios, que hoy mismo vive en muchos, varios y apartados climas, y que puede, andando el tiempo, reunir en derredor de su robusto tronco numerosísimas naciones. Y ya es fácil inferir de aquí que nuestro intento al escribir un diccionario fundado en la etimología como en la única racional y metódica base que cabe dar a los trabajos de esta especie (9) no ha debido, sin embargo, limitarse a indagar la progenie inmediata de las voces; pues rechazando como por errónea rechazamos la idea de que un diccionario por más copioso que se le suponga, puede ser tal como completo y perfecto si únicamente se ciñe a comprobar el origen más cercano del idioma vivo (10), nos proponemos hacer una matriz que, en lo posible, suba a las fuentes más remotas de la lengua y venga a ser al modo de un tumbo donde se reúnan y conserven los títulos de su nacimiento, los comprobantes de su historia, su genealogía y sus alianzas (11). Que semejante plan es en gran parte realizable: que no requiere extraordinarias condiciones para producir un resultado útil, siquiera sea incompleto, y que es el único capaz de satisfacer hasta cierto punto los que hoy tienen derecho a exigir de un diccionario de la lengua hablada y de la escrita el estado presente de la ciencia, y las necesidades de los buenos estudios; puntos son que esperamos dejar completamente demostrados en más oportuna coyuntura que la actual, así como con más espacio y respiro, allá cuando al empezar la publicación de nuestro trabajo expliquemos por menor y detenidamente cuanto concierne a su fondo y a sus formas. Baste por ahora dejar sentado, lo primero, que siendo nuestra lengua como todas las derivadas o de última formación compuesta a retazos y en modo fortuito de otras lenguas, por fuerza ha de ir a buscar los comprobantes de su alcurnia en la tradición o en los monumentos de las que, ora vivas, ora muertas, han tenido con ella comunicación, contacto o amalgama (12); lo segundo, que todas esas lenguas generalmente se dividen en determinado número de grupos o familias principales (13) cuyas raíces propias es indispensable averiguar y comprobar en la serie de transformaciones que las ha hecho experimentar el transcurso y vicisitudes de los tiempos al pasar a las lenguas secundarias, las cuales a su vez han legado a las de ellas nacidas voces por muchos y varios modos desfiguradas, que con ser en realidad del mismo origen aparentan tenerle diferente, produciendo esa maraña y taracea etimológica que, en ocasiones, ha hecho con razón que se compare la ciencia más exacta de cuantas dicen relación con la palabra al arte vano y ridículo de la cábala judaica; lo tercero, que el número de raíces de todo punto diferentes de que se compone el tesoro de las lenguas vivas europeas no es con mucho tan copioso como pudiera a primera vista imaginarse (14), y lo cuarto, finalmente, que ya adoptando el sistema de reunir en derredor de cada una de esas raíces la numerosa prole de sus derivados y compuestos, el examen histórico y comparativo de ellas viene a ser forzosamente consecuencia y necesidad imprescindible. Así que, en nuestro humilde sentir, un diccionario etimológico de matrices tiene precisamente y a la par que ser un diccionario crítico; éste, un vocabulario general de la lengua que se habla y se escribe en nuestro tiempo, no menos que de la lengua que se habló y se escribió en tiempos anteriores; y el todo una obra que comprenda los capítulos siguientes, si por ventura se desea aproximarla aunque de lejos a la perfección relativa que únicamente nos es dado alcanzar hoy en el estado, por desgracia harto indeterminado e hipotético, de la etnografía y la lingüística. Deberá, pues, decimos, contener la paleografía y la ortografía antigua y moderna (15); escribir las matrices con los caracteres alfabéticos de las lenguas de que proceden (16); seguir paso a paso la filiación y transformaciones sucesivas de esas raíces en las lenguas que las adopten, hasta llegar a la que directa e inmediatamente nos ha comunicado mayor o menor número de ellas por medio de la conquista, el comercio, las comunicaciones científicas y artísticas o cualquier otro (17); colocar los derivados y compuestos de toda raíz en grupos o familias separadas, sin perjuicio de un índice general que contenga todas las dicciones de la lengua castellana registradas por el orden común alfabético (18); descomponer analíticamente todos los vocablos, dando la etimología y la definición de cada una de sus partes integrantes (19); ordenar las definiciones de las voces a un plan histórico, empezando invariablemente por las acepciones primitivas (20); comprobar los orígenes por medio del examen comparativo de las más antiguas formas en los vocablos derivados (21); registrar escrupulosamente todos los que pertenecen a nuestro idioma desde la época de su formación (22); indicar, cuando más no sea, las raíces que han dado nacimiento a nombres propios y a nombres geográficos (23); examinar cuidadosa y detenidamente los vocablos a la luz de la etimología, para definirlos según ésta y de conformidad con sus formas gramaticales, donde quiera que el uso, a las veces caprichoso y siempre tirano, no ha producido un cambio completo y esencial en el valor de sus conceptos primitivos (24); y, en resolución, seguir par a par, y en cuando lo permitan los materiales que poseemos, la historia de las voces, indicando la época de su introducción, la manera como ésta se ha hecho, la extensión y duración de su uso y el estado actual de sus acepciones y estructuras (25). Pues con ser tan vasto y complicado como precioso y útil un diccionario construido bajo semejante plan, todavía no merece que se considere sino como un índice de etimologías razonadas; uno como inventario general de la lengua; especie de archivo popular donde quedarían recogidos y clasificados los materiales que deben algún día servir para formar el DICCIONARIO NACIONAL, es decir, el libro por excelencia donde se lea la historia del nacimiento, progresos, variaciones y estado coetáneo del ingenio y de la civilización española, al leer la historia del nacimiento, progresos, variaciones y estado coetáneo del lenguaje, que es el intérprete vivo del pensamiento y, como tal, la manifestación exterior orgánica de la vida del espíritu en individuos y en naciones. Como quiera, la rapidez con que de algún tiempo a esta parte se sucede en España unos a otros diccionarios, sin contar el que corre a cargo de la dignísima ACADEMIA DE LA LENGUA (26), es ya de por sí prueba evidente, tanto de que hace falta uno más completo que los que hasta ahora conocemos, como de que el idioma castellano experimenta una transformación profunda, hija sin duda de la ley de progreso invisible e invencible, que para mejorar descompone cuanto se halla sujeto a la actividad espontánea de la humana inteligencia. Pero ni creemos que nuestra obra se halla destinada a llenar el vacío que se nota, ni tenemos la pretensión de indicar siquiera las condiciones y circunstancias que deben concurrir en tamaña transformación para hacerla regulada y orgánica, a la par que completa y fecunda; ni nos cumple tampoco comparando lo ya hecho con lo que intentamos medir ni calificar lo que a ella pueden haber contribuido otros o podamos contribuir, nosotros mismos. La ley que rige los grandes movimientos simultáneos y entre sí correspondientes de la historia de la civilización y del lenguaje de los pueblos no está sujeta a reglas conocidas, ni sale de los libros, ni jamás podrá fijarse a priori; porque resulta de la acción libre cuanto necesaria y continua de la actividad intelectual, moral y física del hombre sobre los objetos que le cercan. Así que, si el trabajo incesante de composición y recomposición que experimentan las lenguas para reflejar siempre al vivo las modificaciones infinitas del espíritu toca de derecho al público la apreciación de las obras del ingenio, del arte o de la ciencia; y a la posteridad el juicio definitivo de ellas con más alto criterio y más imparcial justicia que la contemporánea; al honrado y fiel investigador tan sólo corresponde consultar prolijamente los trabajos de sus antecesores, si por ventura desea hacer uno que aspire a ser menos imperfecto. Este fin, por tales medios como los referidos alcanzando, si posible fuere, nos proponemos nosotros, dispuestos de buen grado a hacer cumplida justicia y honor a los que nos han precedido en la carrera y puesta únicamente la mira en el mayor provecho y gloria de la patria. Ardua es la empresa; nadie más ni mejor que nosotros reconoce cuanto es ella superior por su importancia suma, por su incalculable extensión y por sus dificultades infinitas a todo esfuerzo aislado, a toda laboriosidad individual y solitaria; pero resueltos, como lo estamos, a consagrarla con ilimitada abnegación y constancia todas las facultades de nuestro espíritu, bien así como las fuerzas todas de nuestra vida, contamos además con la protección y los auxilios de personas valiosas y con la cooperación científica de otras cuyos nombres, célebres ya en nuestra república literaria verá oportunamente el público autorizado el muy humilde nuestro, y mirará y tendrá con razón como promesa y prenda segura de esmerado y primoroso desempeño. Con lo que, y echando mano de los más eficaces recursos, tocando a todas las puertas en demanda de advertencias y consejos, no ahorrando fatigas, no excusando sacrificios, siquiera sean éstos de los que repugna el amor propio vulgar o que sólo pueden hacer llevaderos la fe más firme y la más incontrastable vocación; si aun así y todo, como es presumible y aun inevitable, saliese este trabajo imperfecto, culpa será, primero, de la materia, en sí vasta, y cuanto vasta inagotable, y luego, de lo que no está en manos n del hombre darse a sí mismo: y es la superior inteligencia que Dios concede tan sólo a algunos de sus escogidos, reservando para el vulgo de los ingenios la ímproba tarea de allanar a esos otros privilegiados el glorioso camino de los grandes triunfos coronados de merecido y eterno renombre (27) Notas11. Diccionarios, catálogos más o menos completos en que se aprecie con mayor o menor exactitud el significado de las voces; en una palabra, diccionarios, de acepciones poseemos algunos, aún sin contar con el de la Academia, que ha servido a todos de modelo; pero un diccionario histórico, sinóptico, elemental y completo de la lengua, en que además de la significación y varios usos de las palabras, se demuestra el origen, alteraciones y estado presente de éstas, no ha llegado a publicarse, ni creemos que nadie haya acometido jamás tan ímproba tarea. Acerca de la imperfección de ese mismo diccionario histórico, sinóptico, elemental y completo de ella, véase un discurso leído a dicho respetable cuerpo por el académico don Juan de Iriarte, el día 10 de marzo de 1750. Obras sueltas, tomo III, página 344 y siguientes. 12. Diccionarios matrices semejantes al que ofrecemos, sólo existen, que sepamos, los alemanes de Eichhoff y Mesnard, y el inglés de Robertson; todos ellos modernos y menos completos que el nuestro, como se puede ver comparándolos. Ni en francés, ni en italiano, ni en portugués, hay ninguno por el estilo; de modo que nuestra empresa es la primera de su clase que se intenta respecto de las lenguas derivadas inmediatamente de la latina. Excepto la románica, que Mr. Raynouard ha ilustrado con un léxico dispuesto y ordenado, según tenemos entendido, en forma análoga. Todavía no hemos podido haber a las manos este precioso libro; pero, de seguro, nos serviremos de él, en adelante, para perfeccionar, si a ello nos da motivo, nuestro método. Justo, sin embargo, es reconocer que aún antes que nosotros y por lo tocante al modo de proceder respecto de las etimologías, bien así como a la disposición y ordenamiento de las raíces, había conceptuado aplicable ese mismo método, o uno muy semejante, a la lengua castellana don Juan Peñalver, según parece deducirse de los pasajes siguientes: «No reduciremos este trabajo (el vocabulario etimológico que se proponía publicar, y que por desgracia no ha salido a la luz) y sería mucho, a las etimologías inmediatas latinas, griegas, y árabes. Subiremos más alto; hasta donde es posible subir («Panléxico, tomo I Introducción»). Y más adelante en el mismo lugar: «las voces estarán dispuestas en nuestro vocabulario etimológico, de manera que puedan ser halladas por raíces y por orden alfabético». 13. «En efecto, sépase el uso del corto número de terminaciones de una lengua, y conózcase también las raíces (no muy copiosas tampoco) de que se forman, y podremos decir que se posee la lengua toda; porque una vez al cabo del significado de la raíz, es fácil dar, por medio de la terminación, con el género de ideas accesorias que le corresponden, y en seguida lograr el conocimiento perfecto de la voz en su totalidad lexicológica. Creo que esta manera filosófica de aprender una lengua es la más breve y expedita de todas para un hombre cuya razón está formada, y que ha adquirido el hábito de combinar». De Brosses, Traitée sur la formation mecanique des langues, citado por Robertson; Dictionnaire des racines anglaises. Introduction. 14. Para comprobar este, el parecer, atrevido acierto, basta solo echar la vista por el cuadro de las matrices con sus desarrollos. Examínese este, y se conocerá que por nuestro método se han de ver obligados los que consulten el diccionario a recorrer todo el caudal de derivaciones y compuestos de la lengua, adquiriendo así de ella una copia de voces y noticias que es imposible lograr hoy con el auxilio de los diccionarios comunes, y que difícilmente se consigue al cabo de días, de afanes y docta porfía. No contribuirá muchos años de lectura varia, de penosos estudios al menos a despertar en los jóvenes la afición a los estudios de etnografía y de lingüística comparada, que tan descuidados se hallan al presente entre nosotros. 15. Prueba de esto es la opinión de De Brosses, referida en la nota 3; opinión que está muy lejos de contener la fórmula completa de un diccionario matriz. No la concibió más claramente el ingenioso y erudito Nodier, como puede verse en su introducción al diccionario de Boiste, novena edición. 16. «Nunca he elogiado ningún diccionario, porque todavía no he concebido la posibilidad de hacer uno bueno con los tres malos elementos de que se componen todos nuestros vocabularios; a saber: mal alfabeto, una mala ortografía y una mala lengua». Nodier lug. cit. 17. «En el diccionario de Boiste era preciso buscar, pues, una infinidad de voces que no se encontrarían en otra parte, más bien que una lexicografía completa, que es imposible, o una lexicografía racional y filosófica, que es muy difícil». Nodier, lug. cit. 18. No se necesita estar profundamente versado en filología para conocer que el orden alfabético aplicado al diccionario de cualesquiera lengua, arte o ciencia, es de todos el menos racional y científico, como que no permite ningún desarrollo sistemático ni metódico de la materia ni es más que un modo artificioso de indagación empírica determinado por la combinación arbitraria y fortuita de las voces. 19. «Los huesos, el esqueleto de una lengua de última formación es la etimología; y ésta la norma, la ratio scribendi, la ortografía de todas aquellas que carecen del blasón o de la vanagloria de primitivas. Lo que la ortografía debe conservar no es, cierto, esa pronunciación fugitiva que modifican tres grados de altura de polo, como decía Pascal; sino esa filiación de las voces, sin la cual ninguna de estas adquiere, ni puede tampoco alcanzar, significación definitiva. En nada cambia la pronunciación del valor íntimo del verbo del hombre; y la razón es que no a ella, sino a la etimología cumple y corresponde interpretarlo o definirlo. Así que, el habla sin conocer el valor primitivo de sus palabras (y Dios tenga piedad de los que se hallan en semejante caso), mucho será si saben la mitad de esas palabras; porque la etimología que es la que les da forma y vida; es para ellos como si no existiera». Nodier, Notions de linguistique, pág. 167 y 168. 20. «El verdadero diccionario, etimológico de una lengua será pues, el que averigüe y compruebe las etimologías inmediatas; no que yo pretenda que un diccionario radical fundado en los orígenes más lejanos y recónditos de las voces, no fuese uno de los dones más preciosos que la paciencia y el ingenio pudieran hacer a la inteligencia humana, sino que pura y simplemente dudo de la posibilidad de su ejecución». Nodier, lug. cit. pág. 187. De la dificultad de la empresa no hay duda; pero de esto a sostener que es imposible, va mucha diferencia. Lo primero, hemos de observar que, lejos de ser tan grande como lo pretende Nodier, la ignorancia en que estamos de la mayor parte de las lenguas de la tierra, auméntanse de cada vez más rápida y portentosamente, los materiales de la etnografía filológica; a tal punto que no tan solo sirven de comprobantes a las más ciertas nociones de la historia, sino que a las veces abren a esta senderos desconocidos, inaccesibles a los métodos comunes de indagación y criterio. Véase entre otros autores, a Wiseman, Sur 1'étude comparative des langues, primero y segundo discurso. Y lo segundo, hemos de tener en cuenta que los trabajos de esta especie no pueden aspirar a una perfección absoluta de que están hoy, y estarán probablemente siempre muy distantes, aún los mejores diccionarios hechos por el método vulgar alfabético, y por el incompleto etimológico que aconseja nuestro autor. No acertamos por lo demás, a conciliar cumplidamente las opiniones que éste ha emitido en su obra, ya citada, sobre la lingüística, y en su introducción a la novena edición del diccionario de Boiste; porque si basta la etimología inmediata para obtener la historia exacta de la filiación de una lengua, como dice en una parte ¿de qué manera se podrá construir el diccionario ontológico y racional de que nos habla en otra; diccionario cuya base necesaria es la parte radical o de matrices? En rigor, esta es cuestión de hechos, y como tal no se halla sujeta a la jurisdicción de la controversia. U perfección de todo diccionario bien así como la de toda parte, ciencia, teoría o método cualquiera de enseñanza, consisten en la simplificación de sus elementos; verdad inconclusa, o mejor dicho, axioma que hace el sistema de matrices el único sistema científico en materia de lexicografía, así como indudablemente es el único lógico: el único realmente sencillo en medio de su aparente complicación; en suma, el único fecundo. Examínense sino, en este prospecto, las raíces Abra, Alfil, Alhaxix, y otras y se verá que, a habernos contentado con la etimología inmediata, habríamos separado voces que deben estar juntas por pertenecer a una misma familia; lo cual tanto habría valido como incapacitarnos para hacer un diccionario matriz caminando invariablemente por la senda de los vocabularios comunes. 21. V. Nodier, Notions de Linguistique, página 178. 22. Nadie ignora que estas lenguas son: el vascuence, el celta, el fenicio, el griego, el cartaginés, el hebreo, el latín, el gótico en varios de sus dialectos, el árabe, el románico, el alemán, el toscano y el francés antiguo y moderno. 23. El griego, el persa, el latín, y sus derivados, las lenguas germánicas y sus dialectos, el celta y, según algunos, el vascuence, afín a este último, pertenecen a la familia llamada indo-europea, a cuyo tronco, hasta ahora, pertenece el sánscrito. El fenicio, el cartaginés, el hebreo y el árabe corresponden a la familia de las lenguas semíticas. V. Wiseman. obra y lug. cit. Eichhoff, Parallèle des langues de l'Europe et de l'Inde, pág. 12-13. Bopp, Comparative grammar of the Sanscrist, Zend, Greek, Latin, Lithuanic, Gothic, German, and Sclavonian languajes. Pricard, Origine oriental des nations celtiques. Acerca de la afinidad del vascuence con los dialectos conocidamente célticos, véase la opinión de Gatterer, en el Nouvean dictionaire universel des Synonymes de la langue francaise, por Guizot. Introduction XXXIV. El doctor Young, le compara al egipcio y Klaproth ha encontrado grandes y curiosas semejanzas entre él y las lenguas semíticas. V. Wiseman, ídem, pág. 62. Todavía ne hemos tenido ocasión de consultar el apreciabilísimo trabajo de W. Humboldt sobre dicha lengua: Prüfung der untersuchung die urbewohner hispaniens. 24. «Los diccionarios ingleses más completos contienen cuarenta y ocho mil voces sobre poco más o menos, al paso que el presente apenas registra ocho mil. Tengo, no obstante, la firme convicción de que puede ocupar el lugar de aquellos, y servir para la interpretación de todos los escritos nacionales, desde Spencer inclusive hasta los de nuestros días. »Los filólogos y los gramáticos comprenderán sin trabajo la razón de esta diferencia, y aún quizá se asombren de que no sea ella tan grande como puede y debe serlo, atento que el número de diccionarios verdaderamente radicales de la lengua inglesa no pasa de tres mil». Robertson, lug. cit. La misma observación puede hacerse consultando los diccionarios de raíces de la lengua alemana publicados por Eichhoff y Mesnard. Nuestro prospecto ofrece un desarrollo considerable de derivados y compuestos procedentes de solo treinta matrices; y debe advertirse que en el número de éstas son contadas las de origen latino, sin comparación más fecundas que las de otras cualesquiera procedencia. 25. Los caracteres del maravilloso arte de la escritura, que traslada a la pluma los oficios de la lengua, y conserva en toda su originalidad y su pureza los humanos pensamientos y conceptos al través de los siglos, bien merecen en nuestra obra el lugar preferente que les corresponde como primeros elementos gráficos del idioma; porque los signos, del mismo modo que los sonidos, tienen su etimología y hacen un papel importantísimo en el estudio comparativo de las lenguas. V. Parvey, Essai sur 1origine unique et hiéroglyfique des chifIres et des lettres de tous les peuples. Palomares, Paleografía: precioso MS que posee nuestro distinguido amigo don José Alvaro Zafra. Kraitsir, Significance of the alphabet. North-american Review, núm. CXLII. No nos ha sido posible dar muestras paleográficas en este prospecto, por carecer aún de los caracteres necesarios. Por lo tocante, a la ortografía, baste decir que es casi imposible dar paso seguro, en la investigación de los orígenes de nuestra lengua, sin estar muy al corriente de las transformaciones variaciones y cambios que han experimentado las letras de su alfabeto, no es menos importante este conocimiento para la correcta y gustosa lectura de nuestros antiguos poetas. V. Puigblanch, Opúsculos, Prólogos XCIV. 26. Esta es hoy la práctica universalmente seguida por los hombres versados en los estudios etnográficos y lingüísticos; práctica que el docto y juicioso Campomanes recomendaba con calor a los lexicógrafos españoles, V. el prólogo que puso al diccionario árabe-latino-castellano del Padre Cañes. 27. Antes de poseer un diccionario matriz comprobado y complemento de la lengua, sería prematuro y arriesgado todo cálculo acerca de la medida, proporción y manera en que han concurrido a formarla los idiomas extranjeros. Sólo así puede afirmarse, lo primero, que debe al latín el mejor y más copioso número de sus voces y locuciones bien así como la mayor parte de sus formas gramaticales, lo segundo, que sus desviaciones de las formas gramaticales latinas son: en parte góticas, en parte semíticas, y lo tercero, que con ser muy considerable el número de dicciones en que quedó heredada del árabe influyó poco, poquísimo, esta lengua en su estructura, por reducirse casi todas aquellas dicciones a nombres sustantivos, pocos verbos, y contadas locuciones. 28. Si este método pareciese a alguno complicado, le diremos de nuestro diccionario, lo que Boiste, Robertson y otros, decían de los suyos; es a saber: que son instrumentos que conviene estudiar y conocer antes de servirse de ellos; y que, atento a la inmensa cantidad de materiales que contienen, al plan que siguen y al objeto que se proponen, no pueden ser consultados como los diccionarios comunes sin perder mucho de las ventajas que les son peculiares. 29. V. la nota 3. Es obvio por demás que la exactísima observación de De Brosses respecto de las terminaciones, se aplica sin restricción alguna a las proporciones o particulares componentes prepositivas. 30. Como que son las más cercanas al origen, y en general coetáneas a la introducción de las respectivas raíces en nuestra lengua. 31. Cuanto valga y últimamente sirve en las investigaciones etimológicas tener en cuenta las más antiguas formas de los vocablos, puede verse en muchísimas dicciones tomadas del latín y de otras lenguas. Es tan importante como curioso, puesto que diminuto, lo que, a este propósito, y otros análogos, escriben, el sabio Capmany en su Teatro histórico-crítico de la elocuencia española. Observaciones críticas; y Marina en su Ensayo histórico-crítico sobre el origen y progreso de las lenguas. 32. Juzgando el erudito don Juan Iriarte el diccionario de la Academia Española ante la Academia misma, en el discurso suyo que ya hemos citado, decía: «todavía (¿quién lo creerá?), ni el vocabulario de Nebrija, ni el Tesoro de Covarrubias, se hallan plenamente evacuados; aún tienen voces y expresiones con que contribuir a la abundancia y riqueza de nuestro diccionario». Lo mismo decía del Vocabulista del Padre Alcalá y de otros libros. Y hablando del de la Crusca: «la célebre Crusca con su delicada escrupulosa diligencia en recoger sólo la flor del toscano, desechando como salvado todos los demás dialectos de Italia ¿qué ha adelantado, qué ha conseguido, sino privar a los eruditos del uso e inteligencia de infinitas voces aunque menos puras, muy propias y significativas, aunque poco usadas, sumamente curiosas, útiles y necesarias?». En punto a voces anticuadas, la necesidad y el deber de un buen diccionario de la lengua castellana son la misma necesidad que no satisfizo, y el mismo deber que no cumplió la Crusca respecto del diccionario general de la lengua italiana; porque detrás de lo que ellas hizo había, como detrás de lo que nosotros hemos hecho hay, una admirable literatura, tesoros olvidados, minas riquísimas ¿qué decimos? la lengua toda con su genuino espíritu, con su verdadera fisonomía: muy otra sí de lo que ha venido a ser en la boca y en la pluma de los bárbaros modernos; pero tan lozana, tan robusta y tan graciosa como se la vio al saludar su triunfo sobre los bárbaros antiguos. 33. «Entre todas las voces que sirven para el uso del hombre, ninguna hay más invariables en su ortografía que los nombres de personas y de lugares... Son los que más auténticamente justifican la ortografía legítima». Nodier: Notions de Linguistique XII. «Su utilidad (de las raíces o matrices de nombres geográficos) es grande en el análisis idiomalógico, por la sencilla razón de que el significado de la raíz sirve para descubrir los muchos nombres que de ella proceden como de otras tantas cabezas de familia». Caballero, Nomenclatura geográfica de España, página 18. En otra parte de la misma preciosa obrita (página 19) dice este sabio geógrafo español: «con menos de doscientas raíces de nombres de lugares de España se forman más de quince mil denominaciones de nuestra nomenclatura geográfica; dedúzcase de aquí, la inmensa utilidad que puede sacarse de los nombres cardinales, y cuanto nos interesará su conocimiento». 34. Véase la nota 9. «He buscado, pues, las diferencias de las voces sinónimas en su valor material o en sus elementos constitutivos; por el análisis; por la etimología; y por las relaciones sensibles, tanto de sonido como de sentido, que tienen con voces de diferentes lenguas». Roubaud: Synonymes. Introduction. «En la formación de una lengua se deben tener presente tres cosas: la etimología de las voces, su material composición y su significación». Capmany: lug. cit. 35. Solo así puede merecer un diccionario el juicio que del suyo hace Boiste. «Fácil es ver, dice, que esta obra queda ligada indisolublemente a la suerte y varia fortuna que toque a la lengua francesa, de la que viene a ser una especie de depósito o tesoro, cuyas riquezas ostenta en las cuatro edades suyas más notables». 36. Nosotros, y cuantos con nosotros estiman en algo la gloria de su patria, desearíamos que, pues, existe una corporación respetable encargada de velar por los fueros de la lengua, se acatasen en un todo su autoridad y decisiones; pero a fuer de imparciales debemos añadir que este tribunal, tan, autorizado y tan competente, se ha mostrado harto flojo y remiso en la defensa de. sus privilegios. Una gramática incompleta, una ortografía ingeniosa, un diccionario o más bien vocabulario de definiciones, tal cual edición de alguna obra de mérito, y la protección dispensada en varías épocas a trabajos recomendables son los diques que la Academia Española ha opuesto al furor de los innovadores y a la incesante corrupción del vulgo. Si bien es verdad que la intensidad y la concentración de fuerzas necesarias para ciertas obras rara vez pueden existir en cuerpos tan numerosos y suelen, estar reservadas a la constancia de los individuos. 37. Si bien se considera, algún derecho nos asiste a la indulgencia del público y al amparo de los doctos. Desde luego se echará de ver que hemos trazado el plan de una obra nueva, y, de tal manera original que, no asemejándose en nada a las producciones que de este género tenemos, no pudiese excitar los recelos ni lastimar la propiedad de nadie. Demás de que un trabajo que reúne, amalgama, y reduce a estrechos límites un cúmulo inmenso de materiales esparcidos y aún a las veces olvidados, en las bibliotecas; un trabajo que requiere la elección, crítica y colocación de esos mismos materiales, más porfía e ímproba fatiga, si cabe, que para reunirlos y consultarlos; un trabajo que exige prodigios de atención de cuidados, de perseverancia, de labor material, moral e intelectual; semejante trabajo, decirnos, cuando ni en gloria, ni en provecho realizase las modestas esperanzas de un autor, todavía podría conferirle títulos legítimos al aprecio de sus conciudadanos, y a la consideración y benevolencia de sus jueces naturales. Por lo demás, para las muchas personas doctas en los estudios filológicos, a quienes tiempo ha comunicamos nuestro pensamiento, y de quienes recibieron nuestras tareas aprobación y estímulo, está de más este prospecto; pero nos valemos de él como de un medio de consulta para con todos aquellos que, o por distancias o por retraídos, no nos han auxiliado aún con su saber ni con sus consejos. A estos principalmente dirigimos nuestras explicaciones; así como consagramos a todos cuantos por naturaleza o por afición poseen y estiman la nobilísima lengua castellana de este lado y del otro de los mares, el fruto de nuestras fatigas y desvelos.
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