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Conmemoración del sesquicentenario de la muerte del ilustre prócer coronel Fernando Figueredo Discurso de orden San Carlos, 26 de abril de 1991 El 26 de abril de 1841, en una cama de la vieja casa de hacienda de don Ignacio Sosa, en Nutrias, en esas costas barinenses del río Apure, yace el guerrero Fernando Figueredo buscando el reposo que tanto ha tardado, El calor húmedo de la entrada de lluvias es insoportable para el cuerpo deshidratado por la disentería, Las circunstancias lo han mantenido apartado en esta región llanera que tanto vivió sus glorias de combatiente. Su mente lúcida recuerda con orgullo el escrito que hace apenas un año firmó den defensa del honor de su familia y como abogado, en Valencia, en contestación a su cuñado Juan José Herrera : " supone el Dr. Herrera, en el folleto que estoy contestando, que el patriotismo de los Figueredos es al revés; esta idea es la más clara que puede darnos este abogado de marras de su malignidad y torpeza. ¡Los Figueredos patriotas al revés o godos que quiere decir lo mismo! Imputación es ésta que no excita sino la risa del desprecio! ¿No sabe Venezuela que la familia de los Figueredos ha dado a la patria veintidós oficiales desde alférez hasta generales; que declararon libres muchos esclavos desde el principio de la revolución para que defendiesen esa misma patria; que costearon un cuerpo de caballería de sesenta hombres montados, armados y equipados de todo punto, sostenido por su peculio y expensas y con el cual pelearon personalmente para destruir los enemigos de la independencia? ¿No sabe Venezuela que de los oficiales Figueredos murieron doce con las armas en la mano en los campos de batalla, y los cuales fueron los comandantes José María y José de Jesús, el teniente coronel José Manuel, los capitanes Faustino, Francisco, Juan Florencio y Juan Ignacio, los tenientes Lorenzo, Nicolás y Alejandro y los Alfereces Evangelista y Tomás Antonio?" (1). A orillas del río Apure, la muerte llega por fin a eternizar el reposo de este guerrero desilusionado ante el mal rumbo tomado por la República, amargado, si se quiere, por la mala voluntad que le tiene Páez, quien nunca olvidó la orden de arresto del oficial superior ante un subalterno insubordinado, ni tampoco la defensa de Bolívar en 1826. Había preferido el retiro a la insistencia de Páez y la Cosiata de ir en contra del Libertador, cuando el General llanero separatista le dice: "si no resuelve prestar sus servicios a esa empresa [del nuevo gobierno de Venezuela], se me presenta para darle el pasaporte al país que más le convenga elegir". ¿Quién era este Coronel Fernando Figueredo Mena, muerto en Nutria de Barinas a la edad de 51 años? Había nacido en San Carlos de Austria, hijo de don José Ignacio Figueredo Gegundes y de doña Ana Josefa de Mena y Figueredo. Era descendiente de Francisco Figueredo, llegado a Venezuela desde Canarias, a comienzos de siglo XVII. Se le había bautizado con el nombre de Pedro José Fernando, en honor a su tío Pedro José Figueredo, con quien estuvo preso en Puerto Cabello en 1812, Se especula que por un disgusto con el tío, prefirió llamarse Fernando. Tuvo cuatro hermanas y dos hermanos; estos últimos serían sus compañeros de armas. Su padre, don Ignacio, al igual que su tío José Teodoro, Alcalde Provincial y Coronel del Ejército Libertador, gozaban del más alto aprecio de la sociedad de San Carlos de Austria, Don Ignacio fue durante muchos años amigo de un asturiano residenciado en San Carlos, cuyo nombre llegó a convertirse en el más grande terror de la República. El recién fallecido médico e historiador Francisco Herrera Luque, en su obra "Boves el Urogallo" relata que Boves propuso capitanear la caballería que había de enfrentar a Monteverde y que su propuesta fue apoyada por don Ignacio Figueredo. Sin embargo, un capitán, de nombre Carpóforo Medina, sembró dudas ante la Asamblea al sugerir que Boves podía cometer la misma traición que Juan Montalvo en la batalla de San José. Luego intervino, en la misma Asamblea, el Coronel Diego Jalón, presentando una supuesta carta de Reyes Vargas en la que conminaba a Boves a cumplir su promesa de levantar a san Carlos en contra de los patriotas, Esto pudo costarle la vida a Boves de no haber sido por la defensa de Ignacio Figueredo, quien afirmó la inocencia de su amigo y probó la falsedad de la carta, Sin embargo, la República perdió la posibilidad de contar con Boves entre sus filas, Cabe preguntarse cuál hubiera sido el destino de la Primera República de haberse atendido los consejos de Ignacio Figueredo. Fernando abrazó la carrera de las armas en 1810, con el grado de Capitán, en las Milicias de Blancos de Caracas. Se inició en combate en la Campaña de Occidente, en la primera época de la República, bajo las órdenes del Coronel Francisco Palacios, Cayó prisionero de los realistas en la batalla de Araure, en 1812. Se le condujo detenido a Coro y luego a Puerto Cabello, donde sufrió cárcel por siete meses, junto con su tío, el Coronel Pedro José Figueredo Gegundes. Al recobrar la libertad, se dedicó con vehemencia a apoyar la conjura de los vecinos de san Carlos, a fines de 1812 y principios de 1813. En estos tiempos, a pesar de que era considerado mantuano, los realistas le achacaron a Fernando que formaba parte de quienes querían acabar con la gente blanca y rica de San Carlos y Valencia. Toma las armas de nuevo con el Ejército Libertador de Bolívar. El año de 1814 lo encuentra combatiendo en los sitios de San Carlos y Valencia. Cumple la Campaña de Casanare bajo las órdenes de Francisco Olmedilla, a quien reemplazó brevemente como comandante en 1815, cuando el oficial barinés se marchó a Pore, la capital de Casanare. Ya en esta época se habían hecho manifiestas las desavenencias entre Páez, por un lado, y Olmedilla y Figueredo por el otro. Páez, en su autobiografía, en los capítulos correspondientes a 1814 y 1815, deja muestras de la rivalidad con nuestro prócer. Bajo plena vigencia del Decreto de Guerra a Muerte dictado por el Libertador, la vida de los prisioneros, de uno u otro bando, tenía poco valor para los captores. A la crueldad de Monteverde, Bolívar había respondido con la crueldad de los patriotas. Las necesidades de la guerra a muerte nos muestran episodios difíciles de entender para quienes estamos acostumbrados a ver las cosas con lentes de paz, A Fernando Figueredo, como oficial disciplinado, le correspondió ejecutar una orden de muerte a unos prisioneros , en 1814. Páez narra el episodio en su autobiografía, seguramente con sesgo por la antipatía que sentía frente al mantuano capitán y su superior Olmedilla. Dice Páez que Olmedilla ordenó a sus tropas que entraran en la plaza de Guasdualito, conduciendo allí a los prisioneros y dispuso que su segundo, Fernando Figueredo, hiciese cortar la cabeza a todos ellos. Según Páez sólo fueron ejecutados cinco realistas porque él se puso a la crueldad de la matanza, No se conoce un recuento histórico objetivo de este incidente, lo que parece ser cierto es que Figueredo ejecutaba una orden emitida con arreglo a lo dispuesto en el cruel Decreto de Guerra a Muerte, por autoridad superior. La rivalidad entre el ilustre caudillo llanero y el prócer que hoy recordamos continuó a tal punto que en Cuiloto, Figueredo ordenó el arresto de Páez por insubordinación. Esta situación incómoda entre dos oficiales patriotas no impidió que, más tarde, Figueredo sirviera ejemplarmente en el ejército de Páez, ni que éste firmara, en 1822, un escrito de su puño y letra que dice lo siguiente: "Certifico que el señor coronel Fernando Figueredo se incorporó al Ejército de Apure en 1816 con el empleo efectivo de Teniente Coronel de Caballería; que me siguió en todas las campañas desde aquel año hasta el del diez y nueve en que se marchó con S.E. El Libertador Presidente de Nueva Granada; que antes había servido en todas las campañas de Venezuela desde el año de 1810; y que en todo el tiempo de su carrera se ha comportado con todo el honor y virtudes propias de un guerrero valiente y de un oficial honrado " (2). Hay una anécdota según la cual, siendo Páez Presidente, en valencia, en una recepción le reprochó a Figueredo su crueldad con el enemigo; el Coronel le replicó que era cierto que tal vez él había sido cruel pero que nunca había lanceado a soldados desnudos e indefensos, recordando la supuesta matanza de unos españoles que se bañaban en un río, llevada a cabo por el propio Páez y sus llaneros. Las armas de Fernando Figueredo se lucieron igualmente combatiendo en Oriente, con Piar y Cedeño, particularmente en el triunfo de Caicara del Orinoco. Estuvo entre los sitiadores de Angostura, en la invasión de Guayana en 1817m en los combates realizados a orillas del Caura. En 1818, lo vemos luchando contra Pablo Morillo en Calabozo. Tuvo a sus órdenes al Escuadrón Llano Arriba, creado a instancias del Libertador, En Cabrutica y San Fernando, su hermano, el Capitán Faustino Figueredo, es su segundo. Desgraciadamente, este hermano muere en la batalla de la Laguna de los Patos. Este Capitán Faustino es el mismo que cita Herrera Luque en Boves el Urogallo: como subteniente fue apresado por Boves quien, al saber que era hijo de Ignacio Figueredo le dijo que ,en San Carlos, su padre le había salvado la vida. Faustino le contestó que tanto su padre como él lamentaban ese hecho. Después de azotarlo, Boves le perdonó la vida al joven oficial, haciéndole regresar a caballo hacia las líneas patriotas. Héroe de las Queseras del medio, recibe de Bolívar la Cruz de los Libertadores. Junto con sus parientes el Teniente Manuel Figueredo y el Cabo Ramón Figueredo y los otros 147 combatientes de la gloriosa batalla tan épicamente narrada por Eduardo Blanco en Venezuela Heroica. En una de las mayores proezas bélicas del Libertador, la Batalla del Pantano de Vargas que, según expertos militares constituye un ejemplo de la forma que tuvo Bolívar, como los grandes comandantes, de elevarse y crecer más al corregir sus errores, vemos a Figueredo junto a los Llaneros y la Legión Británica, esperando pacientemente en la reserva hasta el momento en que Barreiro compromete todas sus fuerzas bajo el grito de "¡Viva España! Ni siquiera Dios puede quitarme la victoria", cuando el Libertador decide lanzar furiosamente sus reservas contra los españoles; sigue Fernando el ejemplo del glorioso Rondón, de O'Leary, de James Rooke, e; legionario y de todos los soldados patriotas que convirtieron en aplastante victoria lo que iba a ser una derrota, Estas fueron las palabras del propio Bolívar al día siguiente de la batalla: " en ninguno de los momentos difíciles de mi vida me he sentido tan lleno de miedo como ayer. Pensaba en las terribles consecuencias de una eventual derrota, No había posibilidad de escapar. No me quedaba sino un partido: el de suicidarme" (3). Al triunfo de Pantano de Vargas siguió el de Boyacá, otra gloria de Bolívar, compartida por un Figueredo entristecido por la muerte de su otro hermano, el Teniente José María Figueredo. En Boyacá, Fernando Figueredo fue ascendido a coronel efectivo.. Año de 1921, vísperas de la batalla de Carabobo, estas son las palabras de Fernando Herrera La Riva: "En la Blanquera, Páez, Cedeño, Plaza, Mariño, Manrique, Salom, Figueredo, Aramendi, Sánchez, Farriar y algunos otros oficiales de rango, reunidos con el Libertador, ultiman detalles, procesan informes y partes llegados y prosiguen la configuración de la batalla de las batallas" (4). Luchó en la Sabana Carabobo formando parte de la tercera División al mando de Ambrosio Plaza, junto con otro coronel cojedeño, Manuel Manrique. Formó parte del cuerpo que tomó a Puerto Cabello, último bastión de España en Venezuela. Finalizada la guerra, ejerció la Comandancia Militar de San Carlos y luego de Carabobo. En 1826, en total desacuerdo con las componendas de la Cosiata en contra de la autoridad del Libertador, optó por retirarse temporalmente del servicio. Para esa fecha recibe una carta de Bolívar, desde Maracaibo, con las palabras siguientes: "Mi querido Coronel, siempre he contado con los servicios de Ud. para todo cuanto depende de los servicios de su patria y la libertad; del ejército están pendientes los destinos de Venezuela, y de la guerra civil van a nacer todos los males. No quedará un viviente quizá si los pocos buenos que quedamos nos dividimos por dar gusto a cuatro pícaros ambiciosos. Yo no pretendo nada para mí, pero mi deber me obliga a poner al pueblo en libertad de obrar conforme a su conciencia " (5). Fernando Figueredo contrajo matrimonio, en 1828, con María Natividad Guardiana Ramona de la Trinidad de Herrera y Valdez, con quien tuvo los siguientes hijos: la primera, Agueda Figueredo Herrera, fallecida soltera; en segundo lugar, Pedro Fernando Antonio Figueredo Herrera, nacido en San Carlos el 29 de abril de 1831, el mismo día que su padre; llegó a ser Presidente de la Corte Suprema y asesor del Presidente Crespo; entre sus descendientes viven, entre otros, José Pantin Herrera y Luis José Pantin Herrera, los Gimón Herrera, los Herrera Hernández, los Delgado Figueredo, los Marturet Machado; en tercer lugar, Eduvigis Trinidad Figueredo Herrera, fallecida soltera; vino luego Faustino Figueredo Herrera, nacido en 1836, casado con Celia Boggio, parienta del célebre pintor; fue doctor en medicina. Presidente del Estado Carabobo. Presidente del Concejo Municipal de Valencia y Rector de la Universidad de Valencia; sus descendientes: Emilio Figueredo Boggio, los médicos Nicolás, Carlos Faustino y Fernando Figueredo Boggio, María Teresa Figueredo Boggio de Wolfe y Celia Josefina Figueredo Boggio y hoy se encuentran con nosotros Alecia Figueredo Agreda de Sosa, Ana Teresa Figueredo Agreda de Degwitz, Cristina Figueredo Agreda de Branger, Carmen Teresa Figueredo Mirabal de Araujo, Josefina Figueredo Mirabal de Hidalgo y Billy Wolfe Figueredo; la última hija del Coronel, Eliana, fue afamada pianista. Cojedes se siente orgullosos de su prócer, hoy recordado. El se sentiría igualmente orgullosos ante este acto que es testimonio de la nobleza de los cojedeños. San Carlos y los pueblos de Cojedes dieron su aporte fundamental en la lucha por la independencia de Venezuela, El sacrificio de los Figueredos no fue sino una parte pequeña frente al gran sacrificio de San Carlos, que vio reducida sustancialmente su población al culminar la guerra, por la pérdida de sus hijos en los combates, la destrucción de sus propiedades y el abandono de sus tierras. Sentiría igual orgullo Fernando Figueredo al comprobar que lo afirmado por él en su escrito de Contestación podría aplicarse igualmente a los Figueredos que lo han seguido a través de los años; ellos siempre han estado del lado de la libertad, la justicia y las causas nobles. La enemistad con tiranías le negó un busto a Fernando Figueredo al inaugurarse el Monumento de Carabobo y mantuvo sus restos alejados del Panteón Nacional hasta 1937 menos mal que tuvieron reposo honroso en el Templo de San Carlos. La oposición a la dictadura gomecista fue causa de destierros y cárceles de los Figueredos, quienes siempre han mantenido, como el Prócer, la frente alta. Este acto de hoy, en San Carlos, debe ser uno de tantos más merecidos para recordar a los venezolanos lo que ha significado Cojedes en su historia, para que no se olvide esta tierra de Arminio Borjas, Fidel Rotondaro, Ramón Azpúrua, Manuel Avila Blanco, Elías Acuña, Francisco Betancourt Figueredo, Laureano Villanueva y muchos más venezolanos ilustres. Que este acto sirva para tener presente que Cojedes ha dado mucho, poco ha pedido y ha sido escaso lo que ha recibido. ¡Es hora de que esto se corrija! Notas(1) Figueredo, Fernando, "Contestación al Doctor Juan José Herrera de su folleto titulado "Mi amigo y pariente del Coronel Figueredo disfrazado con el nombre de un Republicano", Valencia 14 de febrero de 1840. (2) Original en poder de la familia Figueredo Mirabal. (3) En "Simón Bolívar, Le libertador", de Gillette Saurat, Editions Grasset, París, 1990. [Traducción del francés de Carlos Armando Figueredo]. (4) Herrera La Riva, Fernando: "Cojedes, Crisol de Carabobo", San Carlos, 1987. (5) Original en poder de la familia Figueredo Mirabal.
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