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Evitar los extremos

Massimo Desiato

El Nacional, domingo 3 de junio de 2001
Ver Massimo Desiato,
Las tres «lógicas» de Chávez

En tiempos de intensa polarización política, mantenerse en una posición intermedia requiere, contrariamente a lo que podría parecer, mucha fuerza, pues cada polo ejerce una marcada atracción y el centro no reposa en sí mismo. De hecho, por «intermedio» no hay que entender aquí una neutralidad, por lo demás imposible en predios políticos, sino la capacidad de analizar las razones de los extremos, tratando de comprender qué cosa se encuentra realmente en juego.

Preguntémonos entonces, en primer lugar, qué malestar encarna, expresa y constituye la razón de ser del chavismo, para luego inquirir en los motivos de su oposición. A mí me parece que los éxitos electorales de Chávez se sostienen, en cierta medida, en un conjunto de reivindicaciones sociales. Las profundas desigualdades de nuestro país —tan acentuadas que nos han conducido a una auténtica desintegración social y a un clima de violencia cada vez más agudo que en nada beneficia a Venezuela— tienen causas estructurales. Una de ellas está relacionada con el mal funcionamiento del Estado, como, por lo demás, muestra un interesante y muy reciente estudio realizado por Elis Freitez y Damelys Yégüez, titulado de manera muy elocuente De la «integración» a la desintegración social. Ensayo sobre el Estado venezolano.

Chávez representa el deseo de unas mayorías, otrora silenciosas porque silenciadas, por aparecer en la escena pública y convertirse en sujetos de un proceso social que hasta el momento se les escurrió sistemáticamente de las manos. Oponerse a este fenómeno no solo me parece injusto, sino que también me parece destinado al fracaso. Estas mayorías, que conforman una parte importante del pueblo venezolano, han de ser incorporadas a la arena pública. El verdadero problema consiste en cómo hacerlo de una manera pacífica o, si se quiere, menos violenta, de lo que hasta ahora se ha hecho. Una oposición razonable debe pensar en esta dirección, debe reconocer este deseo y debe concebir unos fines y unos medios adecuados para dar cabida a aspiraciones sociales legítimas.

No es un asunto sencillo debido a la gran diferencia de capitales conceptuales con la que los distintos sectores de la sociedad venezolana acuden a la confrontación. Cuando la asimetría de herramientas conceptuales es tan marcada, se corre el riesgo de que el perseguido diálogo se transforme en una pelea a grito limpio. No es gritando como se arriba a soluciones duraderas. El problema educativo del país es uno de los nudos de nuestro problema social.

Es cierto, Chávez «grita». Pero, ¿por qué lo hace? Puede pensarse que es un asunto de personalidad. Sin embargo, esta interpretación, por más correcta que pueda revelarse, es estéril. Podemos reemplazarla por otra más fecunda. Tal vez su «grito» se deba, en parte, a que él percibe que no se le escucha. No se le escucha, porque ¿no se quiere?, o porque ¿no se le comprende? Porque, ¿el lenguaje en que traduce las reivindicaciones no se corresponde al de su oposición? Quizás, por todas estas razones. Además, como apuntaba antes, el Estado venezolano no proporciona los canales comunicativos adecuados. La discusión no encuentra un foro institucional oportuno. El chavismo se ha apoderado del Estado, pero ahora descubre que la herramienta que tiene entre sus manos no resuelve los problemas. Por ello, «grita» más que nunca.

Protestar porque Chávez «grita», es igualmente legítimo por parte de la oposición que sostiene, a su vez, no ser escuchada. Empero, ¿no sería más conveniente para ambos polos conceder algún punto al rival para constituir una plataforma común desde la que comenzar a solucionar los desacuerdos?

No debemos ver en Chávez «lo absolutamente otro», sino un interlocutor nacional que plantea con fuerza la cuestión social. Partamos de este punto, para luego hacer comprender los motivos de oposición, a saber, que la forma y los medios de la transformación no se agotan en el modelo cubano o chino, que el espacio «alternativo» a la globalización puede ser generado desde valores más cercanos a los nuestros, valores de la socialdemocracia y del socialcristianismo. Propiciar un debate enmarcado dentro de estas corrientes contribuiría a establecer un clima de confianza en el que la nuestra economía pudiese prosperar.


Massimo Desiato en La BitBlioteca
Ver Massimo Desiato, Las tres «lógicas” de Chávez



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