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Vestida para agitar

Carolina Espada
espada@cantv.net

El Nacional, lunes 26 de julio de 1999

Estoy buenísima. Claro que sé que estoy buenísima. Tengo 22 años, no uso medias panty y no tengo ni un gramo de celulitis. Aquí están estos muslos: durísssimos... como todo lo demás.

Con esta minifalda no me puedo sentar y, si me agacho, es de ladito, pero es para que esas vean: cero grasita, señoras, cero manteca. Pura fibra, músculo y calidad. Y aquellos otros allá que se babean. Yo paso y ellos se babean.

Lástima que las botas sean de semicuero. De cuero serían bien chiquis. Cuero puro y hasta por encimita de la rodilla. Pero un día voy a tener bastante real y me voy a comprar unas en Italia de cuero-cuerito.

Botas de tacón, muslitos brillantes (porque para eso se inventaron las cremas, mi amor) y minifalda apretadita, y esos señores, que muy bien podrían ser mi papá, ahí, con esas caras de idiota y esas ganas. Como si yo estuviera papayita... Yo estaré buenísima, pero yo tengo mi broma y mi dignidad. ¿Qué fue?

Que estoy bien buena. Yo lo sé.

La blusita me queda forrada y los botoncitos están a punto saltarle en la cara al caballero del pantalón abultado. Pero es que desde que me compré este sostén push up estoy como a punta de estallido. Respiro hondo y es que se me salen. Esto es el invento del siglo: pasé de 34-B-corrientico a 34-C-guooopaaa a punta de par de plataformitas acolchonadas. Ahora tengo las que te conté como en bandeja y con encajitos y todo. Las mujercitas 34-A(plastadas) se mueren de la envidia y ellos me ven con cara de cosssita rica, mamita...

Paro el tráfico. También lo sé.

La chaqueta me queda súper. Como es cortica, no me tapa la cinturita. Y camino contoneado: suas... suas... Y a esos pobres caballoviejo y cuarentayveinte les va a dar algo si me les acerco otra vez. Ya a uno de ese estilo, hace tiempo, le dio un infarto. Yo no fui, aclaro. No hice nada, pero no tengo la culpa de ser así.

Me pinté reflejos, que es el primer paso para convertirme en catira. Dentro de unos meses me hago mechitas y luego me lanzo un dorado trigo completico. ¡Y entonces quién me aguanta con mi melena!

Ay, chico, deja la suspiradera. Y usted, doñita, no me vea con esa cara de morrocoy deshidratado.

¿Qué más?... Champú, enjuague, secador, cepillo redondo y el pelo me queda como... como para que ellos se lo imaginen sobre una almohada. Pero yo mi cabeza no la pongo en cualquier lado. Aclaro otra vez. Yo no nací el día de los mangos bajitos.

Perfume: no uso. Yo huelo rico. Prendas: no muchas, porque no soy quincalla. Tatuaje: uno, allá atrasito. Es una palomita de la paz volandito con su ramita. Yo creo en la paz y en la unión de los pueblos. También me preocupo por la infancia y por la vejez abandonada. Estaré buenísima, pero también tengo mis neuronas bien puestas y mi corazoncito. ¿¡Qué te pasa!?

Que estoy como me da la gana. Yesss.

Pintura de uñas: rojo pasión. Y esa de ahí que me ve con odio y sin uñas. No te las comas, mijita, que ellos nos quieren fieras, tigras, gatitas, miau.

Sí, okey, ya sé: no clasifiqué en cuadro de finalistas del Miss Venezuela. Ajá... ¿y qué? Yo tengo mi novio formal, mi familia y mis estudios, y me va de maravilla como aeromoza venezolana.


Secuela de este artículo: Feedb@ck
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