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La tercera vez Carolina Espada Viernes, 16 de febrero de 2001
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Como la primera vez siempre es un desastre y segundas partes nunca son memorables, Edwin Gabriel decidió empezar por la tercera vez. «Cero rollo: este va a ser mi tercer sobre-pantaleta», se mentalizó. Consciente del riesgo que corría (pues nada más peligroso que enfrentarse a gente que no tiene el menor sentido del humor), resolvió adquirir la prenda íntima en una tienda de mujer. Comprársela a un buhonero hubiera sido demasiado temerario. Entró a Cositas Bellas Para Ti sobrado, como quien ha comprado pantaletas toda su vida, pero pensó que el leve temblor en los tres pelos (que él llamaba «bigote») lo delataría. «Mira, dame una de esas rosadas». «¿Small, medium o large?»
El bigote le temblaba mucho más. Él sólo quería una pantaleta rosada. ¿Quéseso de ejmolmidiumolarch? ¡Más fácil era comprar un preservativo!
«Esteee... mira... no sé... es para mi hermana... que, bueno... que la acaban de operar...»
«Ah, no, las postoperatorias son éstas que tienen un refuerzo, como una fajita, full support». «Sí... pero es que a mi hermana le gustan rosadas... con encajitos y ese lacito acá adelante...»
«¿De verdad que son para tu hermana?... ¿No será más bien para esto que está de moda... esto de mandárselas a un general?»
Kñ, no podía ser que él, tan subversivo, tan clandestino y tan contrarrevolucionario, fuera tan obvio. La culpa era del bigote. Esa noche se lo afeitaba, njda. «¡Ayyy... otro que va a mandar pantaletas a un cuartel!»
Edwin Gabriel sacó voz de donde no la tenía, también esponjó el pecho haciendo un esfuerzo por lucir musculoso y se pasó la mano por el bigote. «¡Meeera, checa, que esas pantaletas son para méh!»
La muchacha parpadeó, le miró la protuberancia y le dijo: «Llévate unas small». Edwin Gabriel salió de allí gallardamente avergonzado (¡todo sea por la causa!) dispuesto a arrostrar el próximo obstáculo: el correo. Pero, para futuros envíos tenía una esperanza: no hay quinto malo y el siete es el número de la suerte.
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