Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela
Home
Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca Buscador
Roberto Hernández Montoya, Director 
Autores
Con imágenes
Sin imágenes
Categorías
Servicios
Argentina
Buscadores
Caracas
Colombia
Políticos
¿Qué es
La BitBlioteca?
Radios en español
Venezuela





Palabras para Fernando Vallejo

Freddy Castillo Castellanos
Secretario del Directorio del
Consejo Nacional de la Cultura (Conac), Venezuela

Caracas, 2 de agosto de 2003

Palabras de Fernando Vallejo
Palabras
de Roberto Hernández Montoya, presidente del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg)


Francisco Sesto, viceministro de Cultura,
y Fernando Vallejo en la entrega del Premio

Seré breve. Intervengo, solo para expresar, en nombre del Viceministerio y del Consejo Nacional de la Cultura, el orgullo que sentimos los venezolanos por conferir una vez más el Premio de Novela Rómulo Gallegos a un formidable escritor.

Hace 36 años, el autor de La casa verde, primer libro premiado con este galardón, hizo el elogio de la literatura «como una forma de insurrección permanente». Convocó el nombre de un olvidado poeta peruano para ilustrar el modelo de una vocación literaria, asumida como «una diaria y furiosa inmolación». En efecto, Carlos Oquendo de Amat encarnaba al genuino aguafiestas que Vargas Llosa deseaba celebrar ese día, frente a nuestro entrañable y adusto Rómulo Gallegos, el insuperable (o por lo menos, insuperado) novelista caraqueño.

Creo que hoy podemos reeditar esas palabras para celebrar a Fernando Vallejo:

La vocación literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias, vacíos y escorias a su alrededor [...]. Todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada, díscola, fracasarán [...]. Es preciso que todos comprendan de una vez: mientras más duros sean los escritos de un autor contra su país, más intensa será la pasión que lo una a él. Porque en el dominio de la literatura la violencia es una prueba de amor.

Cuando le preguntaron a Fernando Vallejo acerca de la asociación que muchos hacen de sus dicterios contra Colombia con los que el austríaco Thomas Bernhard le dedicó a su patria, Vallejo respondió: «No he leído a Bernhard pero sé que él insultaba a Austria, su patria, porque la odiaba; yo en cambio insulto a Colombia, la mía, porque la quiero...».

También deseo decir algo como simple lector: El desbarrancadero es una dura maravilla. Un título del mexicano Xavier Villaurrutia podría servirnos para aproximarnos a una de sus aristas más elocuentes: Nostalgia de la Muerte, que en el caso de la estupenda novela de Fernando Vallejo, es también, la nostalgia que sufre un muerto, un muerto que recuerda, por ejemplo, «¡qué fresquecito que era mi Medellín en mi infancia!». Todos podemos suscribir ese lamento, casi universal, porque El desbarrancadero también es la poesía de un lugar, de algún paisaje ahora invisible. Contaba hace poco Héctor Abad Faciolince un diálogo telefónico con Fernando Vallejo, que me pareció hermosísimo:

El otro día, cuando lo llamé a México desde su ciudad para felicitarlo por el premio Rómulo Gallegos (el galardón literario más importante de Hispanoamérica), me preguntó: «¿Qué estás viendo por la ventana de tu casa?». «Las montañas, Fernando, las montañas», le contesté. Y él: “Yo también las estoy viendo en este momento, a través de tus ojos”. Era la frase de un desterrado que, sin decirla, menciona su nostalgia...

El criterio acertado y experto de un jurado de primera apuntó hacia una cumbre: la de las palabras que no se llevará el viento. Lo dijo Hölderlin: «Lo que queda, lo fundan los poetas».

«¡Cuánto hace que el Cauca y el Magdalena se secaron, se murieron, los mataron con la tala de árboles y los borraron del mapa, como piensan que me van a borrarme a mí pero se equivocan, porque si los ríos pasan la palabra queda!».

Fernando Vallejo, gracias.



Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.