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Sección: Bitblioteca
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Comunicado Caracas, setiembre de 2003 Textos en rojo sic Respuesta de Néstor Francia, Gente de Petrocultura [domingo 14 de setiembre de 2003] GENTE DE LA CULTURA, presente en el país como una asociación civil integrada por artistas, intelectuales y trabajadores del área, manifestamos nuestra profunda indignación frente a lo que puede considerarse el capítulo más oscuro de su historia reciente. Nos encontramos en un momento de parálisis sin precedentes en el que el proyecto cultural venezolano ha sido suplantado por estériles contiendas por el poder dentro del oficialismo y por la manipulación política de los presupuestos asignados a las instituciones gubernamentales y de los subsidios a los grupos e instituciones culturales de carácter privado e independiente. En estos últimos años hemos visto la mutilación de los proyectos culturales que se iniciaron y consolidaron a lo largo de todo el siglo XX en el ámbito de la música, las artes visuales, las artes escénicas, el cine, la literatura, el patrimonio artístico, arquitectónico, urbano y las tradiciones populares. A falta de mejores proyectos se ha apelado a la exclusión y a la censura como parte de la diatriba política, induciendo el deterioro y abandono de las ciudades y la depredación de los paisajes, a partir del desafortunado enfrentamiento entre ruralidad y modernidad. Los actuales responsables públicos del área de la cultura no han querido comprender las fatales consecuencias de la descentralización y de la atención a la provincia sin tener estrategias y alternativas que ofrecer a cambio, menos aun cuando todo el poder lo detenta un Viceministerio sin proyecto. En este tiempo no han sido capaces de crear la red que vincule a las ciudades y a las regiones para dar cuerpo a un proyecto de cultura plural, múltiple, contemporánea, e histórica que exprese, sin fragmentarla, el alma de la nación. La ausencia de un proyecto de cultura nacional, insistimos, ha deteriorado la belleza que guarda la provincia en el sentido más noble del término. La exaltación de la miseria y la premisa de la carencia, ha pervertido el proyecto cultural que nacía de la austeridad de las tradiciones para terminar caricaturizando la pobreza tenida ahora como un signo de la nacionalidad. En desmedro de la contemporaneidad, se ha acudido a la nefasta manipulación de las referencias indígenas y populares dando paso a las distorsiones de lo indígena por lo indigenista, la provincia por lo provinciano, cultura popular por populismo. En el ámbito internacional, a falta de la instrumentación de un proyecto y políticas culturales coherentes, se ha apelado a la censura y a la exclusión, sentando precedentes cuando la obra de un artista venezolano ha sido objeto de un acto de brutal censura a la libertad de expresión y creación, al cancelar su envío a la Bienal de Venecia. El silencio de las instituciones culturales y sus actuales conductores resulta inexplicable frente a la vandalización de las obras de maestros venezolanos como Jesús Soto, Alejandro Otero, Carlos Cruz Diez, Pedro León Zapata, Francisco Narváez y la desaparición de los inventarios de obras de arte en Instituciones y sedes oficiales, incluyendo la colección de arte de las distintas sedes de PDVSA, la cual representaba un indudable y valioso patrimonio cultural de todos los venezolanos. Este sombrío proceder solamente se comprende como expresión de autocensura y complicidad que permite actuar al descuido, la desidia, y la ignorancia. Pero también puede interpretarse como la intimidación de los entes responsables ante lo que ocurre y por lo que no tienen respuesta. La pérdida de los cascos históricos, el secuestro, saqueo y desmantelamiento del espacio público es también censura ya que nos ha sido arrebatado el derecho al disfrute y al libre tránsito de la ciudad, espacio comunitario dónde se gesta la ciudadanía, se libera la tolerancia y se materializa el ejercicio de la democracia. La reciente invasión del edificio Los Andes como si fuera un botín de guerra, significa la oficialización de la cultura del miedo y de la violencia en Venezuela. De ello hacemos responsables también al Ministro de Educación, Cultura y Deportes, al Viceministro de Cultura y al Alcalde del Municipio Libertador como observadores silentes de este saqueo callejero sin precedentes en la cultura urbana. La pérdida de los símbolos que identifican el espacio urbano, encuentra su paralelo en la pérdida de la jerarquía de las instituciones rectoras de los proyectos culturales. Las consecuencias de la falta de un Plan Cultural Nacional afectan a todas las instituciones que dependen del Estado ocasionando su depresión cuando no su cierre, y provocando una serie crisis en un sector que presencia una estéril contienda cuando los grandes perdedores somos los venezolanos. Caracas, septiembre de 2003
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