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Calificación de quiebra y cesasión de pagos El Nacional, sábado 18 de setiembre de 1999 1. El miércoles pasado en la noche hacía yo antesala en el palacio presidencial en compañía de un destacado periodista de un grupo editorial estadounidense. Estábamos a solas en el salón «Pantano de Vargas» y por matar el tiempo me puse a mirar una exposición de fotografías que allí han dispuesto, pertenecientes todas a la colección del Archivo Histórico de Miraflores. Una de las fotos me resultó perturbadora en grado sumo: se trata de un retrato de grupo, un retrato para el cual, por cierto, el grupo hubo de posar contra su voluntad: es una foto policial captada por algún funcionario de la proterva Seguridad Nacional perezjimenista para servir fines de prensa de la dictadura. No está fechada, pero la foto congela un día cualquiera de los tempranos años cincuenta. Un grupo de jóvenes venezolanos ha sido capturado por la policía política de la dictadura, junto con un impresionante arsenal. Acción Democrática, el partido en el que militan, tiene para el momento en que fue captada esa foto poco más de diez años. Lucen físicamente zarandeados por la captura, las noches sin sueño del cautiverio, la mala fortuna de su empresa clandestina. Pero la expresión de sus rostros no traiciona abatimiento moral alguno. Pese a la calculada mala catadura con que la foto policial quiere mostrarlos, alineados detrás de un tremebundo equipo hecho de transmisores de radio, docena y media de fusiles «Garand», toda clase de implementos explosivos, de multígrafos y abundante literatura subversiva, esos jóvenes ojerosos, con la ropa ajada, barba de varios días y sin corbata, muestran una gallardía desafiante: son ni más ni menos que la carne y el hueso del desprendimiento republicano. En la virtualidad de esa imagen faltan todavía muchos años para la madrugada del 23 de enero del 58, el ronroneo de motores del «Dakota C-47» en que huía el dictador y los afiches rubricados con el «¡pueblo, conócelos!», muchos más años para la promulgación de la Ley de Reforma Agraria, la creación de la OPEP, la fundación de Ciudad Guayana, el atentado de Los Próceres, la Conferencia de Cancilleres de San José, las matanzas de Puerto Cabello y los desembarcos por Machurucuto, para el «así construye la democracia», «la violencia es el arma de los que no tienen razón» y la Comisión Investigadora contra el Enriquecimiento Ilícito, para la escisión del MIR, Erasto Fernández, el edificio «Las Brisas» y el asesinato del profesor Lovera, para las primarias que perdió Prieto Figueroa, el asesinato de Iribarren Borges y el sepelio multitudinario de Rómulo Gallegos, para la Nacionalización Petrolera, la condonación de la deuda agraria, el Plan «Gran Mariscal de Ayacucho», la liquidación de la Corporación Venezolana de Fomento y el edificio de Corpoindustria en Maracay, ¡ay! Para la administración de la riqueza con criterio de escasez, para Sutiss y la Corporación Venezolana de Guayana, para la intervención del Banco de los Trabajadores, el caso «Sierra Nevada» y los doce apóstoles, para la semana agónica y neoyorquina de Rómulo Betancort en el 81, para el título de abogado de Blanca Ibáñez y el «a mí no me jodes tú», para el «Gran Viraje» y los mil muertos del Caracazo, para el «no me perdonan» del charlatán megalómano que dizque hubiera preferido otra muerte. Nada de eso ha ocurrido en la foto, nada puede anticiparse a partir de ese retrato. Pero mirando a esos muchachos de la resistencia, y quizá por estar mirándolos precisamente allí, en el locus geometricus del poder en Venezuela, en el palacio que en distintas épocas, a lo largo de cuatro décadas, llegaron a ocupar siete presidentes salidos de su organización, y del cual alcanzó a escapar con vida el último de ellos una noche de tanquetas y de rabia, recordé aquel extraordinario relato de Luis Britto García «La foto» que recupera el futuro de los jóvenes insumisos de 1928 sin nombrarlos, apenas sumarizando sus carreras individuales para construir con ellas un currículum generacional. De igual forma, en un prontuario regido por la fórmula convencional de las leyendas a pie de ilustración, podría decirse parafrasando a Britto García, que «el segundo combatiente, primera fila de izquierda a derecha, colaborador frecuente de Cuadernos Americanos, alcanzó a hacerse célebre por un caso de manejo doloso de una partida secreta» o que «el cuarto miliciano de la última fila, de derecha a izquierda, contribuyó andando el tiempo a la hazaña colectiva de descapitalizar un hospital público» o que «el último a la extrema derecha de la primera fila llegó a ser un acaudalado agrarista muy diestro en la gestión de exenciones y créditos a agricultores fantasmas y un diligente revendedor de parcelas del IAN». 2. La noticia que El Nacional juzgó digna de primera plana el día aniversario de Acción Democrática forzó al colega Ricardo Escalante a adoptar el tono de una crónica de economía y negocios o de la sección de movimiento de tribunales mercantiles. En efecto, allí pudo leerse que el partido del pueblo es hoy por hoy «inauditable», que adecos muy caracterizados recomiendan solicitar la calificación de quiebra y «liquidar activos». No soy hombre diestro en finanzas, apenas logro conciliar mi chequera con los estados de cuentas, pero entiendo que no es sana política eso de liquidar activos para pagar gastos fijos. Eso es cosa de desesperados. Porque es en esos términos desesperados, en términos de gastos fijos incosteables como se mide la crisis terminal de la poderosa maquinaria que sesudos politólogos y analistas políticos dominicales describían hasta ayer como invencible: están que venden la nevera y el carro para pagar el alquiler, la luz y el teléfono. Lo cual no puede sino desafiar la imaginación contable del 80% de los venezolanos en situación de pobreza crítica. Hablo de esos venezolanos que, en rigor, son la raison dêtre del partido presidido por el denodado Carlos Canache Mata. ¿Cómo se puede estar en mora con la CANTV, con el casero y con los Zuloaga cuando te entran casi nueve millardos en un ejercicio fiscal? ¡Cuánto talento para la dilapidación, cuánta fe ciega en las posibilidades de autoperpetuación de un sistema político perverso hay que tener para llevar a la quiebra a una de las más exitosas empresas comerciales que en América Latina se hayan dedicado a la privatización de bienes públicos a través de los más diversos canales! A un consorcio cuyas fuentes de financiamiento iban desde las formas clásicas del gravamen a contratistas y proveedores hasta la extorsión de contratos colectivos a favor de sindicatos únicos por rama industrial. El partido de los arrojados muchachos de la resistencia terminó convertido en una corporación subsidiada durante décadas, no solo por el ejercicio ventajista del poder, sino por toda clase de obsecuencias que explican, entre otros prodigios, cómo a un partido político pueda llegar a adeudarle a CANTV 1,6 millardos de bolívares sin que nadie se anime a aplicarles el inapiadable alicate que la telefónica reserva al resto de los mortales. Citando fuentes habitualmente enteradas de las finanzas del partido, Escalante nos habla de alrededor de 5 millardos de bolívares aportados por particulares y de 4, 5 millardos provenientes del sector público ¿aportes del CNE?, nada más en el pasado ejercicio fiscal. ¿No hubo entre los adecos de la última hora un previsivo que recomendase guardar para cuando no hubiese empresas básicas de Guayana ni hipódromos nacionales que saquear? Si alguien todavía contemplase la posibilidad de que se trate de un pasajero mal rato, quizá debería atender a un indicativo inequívoco, al único que desde que el mundo es cruel, nos habla de una empresa muerta: ¡los trabajadores de las sedes del partido se han declarado en estado de alerta y exigen prioridad en la lista de acreedores! Ha sido un largo camino desde la pulpería de Raúl Leoni en Barranquilla y desde el mitin en que Rómulo Betancourt anunciara al mundo que Acción Democrática había nacido para hacer historia. Pero todo tiene su final, decía Héctor Lavoe. Pan American también tuvo su día esplendoroso y ya ven. La facción ensoberbecida y jacobina del MVR podría sacar provecho de esta fábula de revolucionarios y ladrones. |
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