Caracas, Miércoles, 16 de abril de 2014

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En torno a la película Manuela Sáenz. La libertadora del Libertador

Manuela Sáenz: una biografía confiscada

Inés Quintero
Instituto de Estudios Hispanoamericanos, Universidad Central de Venezuela

Sábado 25 de noviembre de 2000
Julia Márquez,
Diego Rísquez al rescate de nuestra historia real y nuestra historia mística [entrevista]
Manuela Sáenz en La BitBlioteca

La película Manuela Sáenz. La libertadora del Libertador, pese a anunciarse como un ejercicio de desmitificación de Manuela, se conforma con ofrecernos a Manuela como apéndice del grande hombre de América y no como lo que fue: una mujer para quien la pasión por la política constituyó el motivo fundamental de su existencia, antes y después del Libertador.

Las biografías de Manuela Sáenz tienen en común un aspecto absolutamente singular: no obedecen a la cronología particular del personaje sino que transcurren entre dos fechas, ambas determinadas por su relación con el Libertador.

Desde esa perspectiva, los momentos fundamentales de la vida de Manuela son el día que conoce a Bolívar en 1822, episodio que marca el comienzo de la historia, y diciembre de 1830, cuando fallece Bolívar y concluye también el periplo «historiable» de Manuela, veintiséis años antes de su muerte.

Los títulos de las biografías subrayan lo dicho: La libertadora del Libertador (Rumazo); La mujer providencia de Bolívar (Humberto Mata); La caballeresa del sol, el gran amor de Bolívar (Demetrio Aguilera); Manuela Sáenz, el último amor de Bolívar (Mercedes Ballesteros) y La amante inmortal (Von Hagen).

De donde resulta que Manuela Sáenz, quien nació en 1797 y murió en 1856, tiene relevancia histórica por un episodio que duró solamente ocho años de su existencia: los de su relación con el Libertador.

Exclusiones y ocultamientos

El fenómeno tiene su explicación.

En un comienzo Manuela, como muchas otras mujeres, no ingresó al elenco de la historia. Los testimonios sobre la época de la emancipación, al igual que muchas de las obras generales que se refieren a la Independencia, no hacían mención de la presencia de Manuela. Ni la vida íntima de los personajes ni la actuación pública de las mujeres eran materia de atención. Importaba, exclusivamente, dar cuenta de las batallas y de las acciones heroicas de los protagonistas de la gesta libertadora. Las mujeres eran dignas de atención, solamente, cuando eran víctimas de los realistas, mártires de la guerra, o cuando por la calidad de sus acciones podían ingresar al inventario de los sucesos en la condición de heroínas. El ejemplo emblemático entre nosotros sería el de Luisa Cáceres de Arismendi o el de Josefa Camejo.

Sin embargo, en el caso particular de Manuela, esta actitud historiográfica se vio intervenida por una restricción «estilística» adicional: ocultar intencionalmente su actuación, básicamente porque no resultaba ejemplarizante ni acorde con la visión impoluta de los héroes que Bolívar, la máxima figura de la Independencia, se hubiese liado con una mujer de comportamiento irregular y censurable.

Condenada a las llamas

En 1883, en ocasión del primer centenario del nacimiento de Bolívar, se imprimieron en Venezuela las Memorias de Daniel Florencio O’Leary, por mandato del Ilustre Americano. La monumental edición de más de treinta tomos se llevaba a cabo sin contratiempos hasta que llegó el momento de publicar el volumen en el que, inevitablemente, aparecían las cartas de Bolívar y su amada. La decisión de Guzmán fue impedir su publicación y ordenar que se quemasen los originales del irlandés. «La ropa sucia se lava en casa y jamás consentiré que una publicación que se hace por cuenta de Venezuela amengüe al Libertador» fueron las palabras de Guzmán y así se hizo. En 1914 aparecieron los pliegos que se salvaron de la candela y, finalmente, salieron a la luz pública.

Sin embargo, en 1949, nuevamente se condenaba a las llamas la memoria de Manuela. En este caso el censor piromaníaco era Augusto Mijares, para ese entonces Ministro de Educación. La obra arrojada al fuego era una traducción de las Memorias de Boussingault. Se oponía Mijares a que, con el sello editorial del ministerio, se dieran a conocer las «necedades y calumnias» que el francés había escrito contra Bolívar y las mujeres de América. Los cuentos de Boussingault no pasaban la censura de Mijares, biógrafo del Libertador. Y así se hizo. El fragmento del francés referido a la Sáenz lo publicó, treinta años después, Jose Agustín Catalá.

De la censura a la conciliación heroica

Ni en el siglo XIX ni en el XX resultaba digerible asociar la figura de Bolívar a la de Manuela. Había sido una relación afectiva condenada en su momento y de complicada y difícil resolución para el registro de la historia. ¿Cómo resolver entonces, de manera aceptable, el ingreso de Manuela, la amante adúltera, en la vida de Bolívar y en los fastos de la independencia? Había una sola salida: otorgarle categoría de heroína.

En este acto de conciliación heroica se idealizó su condición de mujer excepcional por salvarle la vida al Libertador y se convirtió su existencia en apéndice de la de Bolívar. En el mismo acto se despojó de contenidos propios a la vida de Manuela y se la redujo a los ocho años durante los cuales estuvo al lado de Bolívar, el héroe máximo, inmune a la censura, resistente a las críticas, impermeable a la condena y carente de vicios.

La película Manuela Sáenz. La libertadora del Libertador, pese a anunciarse como un ejercicio de desmitificación de Manuela, no hace sino reproducir esta visión en la cual la protagonista ocupa tal lugar por haber sido la amante del Libertador.

La pasión por la política

La película se abstiene de presentarnos a Manuela Sáenz como lo que fue: una activista política mucho antes de conocer a Bolívar y mucho después de su muerte.

Cuando viajó a Lima como esposa del Dr. Thorne se involucró con los rebeldes limeños, asistía a reuniones clandestinas, servía de correo y conspiraba contra el gobierno español. Su actividad le mereció la condecoración de Caballeresa del Sol, otorgada por San Martín. Luego, cuando se encontraba en Quito, militaba en la causa independentista, participaba en los entrenamientos militares y auxiliaba logísticamente a las tropas, era espía y correo de los insurgentes. Fue en esa condición que conoció al Libertador.

Al regresar a Perú estuvo, por petición de Bolívar, en el Estado Mayor General, pero continuó su entrenamiento militar y estuvo en la campaña de Junín y en la batalla de Ayacucho. Fue hecha prisionera en Perú y luego viajó a Bogotá en donde participó activamente en el partido bolivariano. No como amante del Libertador sino como alguien que se encontraba comprometida con un proyecto en el cual creía y el cual estaba dispuesta a defender.

Cuando Bolívar se retiró a Santa Marta ella se mantuvo en Bogotá y participó con Urdaneta en las acciones que irrumpieron contra el gobierno de Mosquera. Tres años después de la muerte de Bolívar todavía se encontraba en Bogotá, fue expulsada del país y cuando intentó regresar a Ecuador se le prohibió la entrada a su ciudad natal porque constituía una referencia política que perturbaba los intereses del partido gobernante.

Rocafuerte, el presidente del Ecuador, exponía su determinación en los términos siguientes:

    ….por el carácter, talentos, vicios, ambición y prostitución de Manuela Sáenz, debe hacérsele salir del territorio ecuatoriano, para evitar que reanime la llama revolucionaria.

Desde su exilio en Paita se mantuvo al tanto de los sucesos ecuatorianos, informaba de los movimientos de los exilados, se carteaba y era consejera del venezolano Juan José Flores.

La vida de Manuela no concluye con la muerte de Bolívar. Al contrario, el interés por los acontecimientos de su tiempo fue lo que la puso en contacto con el Libertador y esta misma motivación la acompañó hasta su muerte.

Insistir una vez más en ofrecernos a Manuela como apéndice del grande hombre de América, como se postula en esta película, no hace sino revelar que en el siglo XXI todavía sigue teniendo fortaleza inconmovible la conciliación heroica.

La oferta de Diego Rísquez, al igual que la de tantos otros, confisca una vez más la biografía de Manuela y la reduce a su condición de amante de Bolívar y no a lo que fue la vida de esta mujer para quien la pasión por la política fue el motivo fundamental de su existencia, antes y después del Libertador.


Inés Quintero en La BitBlioteca

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