//2 level Horizontal Tab Menu- by JavaScript Kit (www.javascriptkit.com), This notice must stay intact for usage, Visit JavaScript Kit at http://www.javascriptkit.com/ for full source code
|
|
|
|
|
Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR
La ciencia sin dios
Terminadas que fueron las querellas por probar su existencia con este o aquel irrebatible argumento, a la prudente Iglesia, multinacional del producto en cuestión, le tocó enfrentar la torva amenaza de la pujante ciencia occidental. Fue la terrible época de aquellos gritos destemplados de cuanto descreído y ateo atravesaba por las aulas de anatomía. «He hundido mi escalpelo en cientos de cuerpos y no he visto jamás alma alguna» llegó a exclamar, en el colmo de la irreverencia y la provocación, un galeno cualquiera, ensoberbecido por el aura científica. Y cuando el astuto Emperador, dispuesto a restaurar todo cuanto la Revolución había derrocado desde la toma de la Bastilla, le preguntó a Laplace por el puesto que ocupaba Dios en su bien aceitado y predecible universo, no vaciló el sabio en responder desdeñoso a Napoleón que para nada necesitaba de semejante hipótesis. Cambian los tiempos. Herr Einstein en tesitura semejante se limitó a observar que no podía aceptar que Dios hubiera concebido el mundo cual juego de azar, con lo que, en passant, legitima al Creador desde la cumbre de la relatividad. Y para que no les quedaran dudas a todos esos ateos descarados que aún siguen citando a Feuerbach o a Stendhal, este Papa polaco acaba de poner a la ciencia en su sitio. La existencia de Dios no es para ser probada por los obtusos huelebichos, pues Dios, son sus palabras, sobrepasa con mucho al mundo científico. Así el Papa le pone limites a la ciencia como un Kant cualquiera, vestido con la armadura de Pizarro: por aquí, al laboratorio, a ser pobres en teología; por ese otro lado, a Dios a ser ricos en todo. Dios queda entre brumas, más allá de la ciencia, dirigiendo el escenario como siempre entre bastidores. Y claro, sólo el Papa lo sabe y tiene la clave para comunicarse y asegurarnos que escapa a nuestro pobre entendimiento. Es el viejo truco de la puerta cerrada: tras ella, todo puede existir. El problema no está en que siempre esté cerrada, sino en que, puestos a hurgar, con malévolas dudas racionales, se haga la más inocente pregunta: ¿cuál puerta? ¿Qué significa «existencia»? Porque si decimos que «existen» los números, «existió» Bolívar y «existe» este periódico, también podemos decir que «existe» Dios. Y la bicicleta y el molino de viento y la silla de ruedas y el sistema monetario. A quien piense que es una imperdonable irreverencia, por no decir blasfemia, comparar a Dios con un billete de banco, que recuerde lo que le pasó a aquel pobre maestro cuando enseñaba la numeración de los billetes: hay de diez, de veinte, de cincuenta, dijo sin detenerse, de cien y, aquí le tembló la voz, dicen que de quinientos, mientras elevaba los ojos al techo de la miserable escuela.
Ver La desintegración del imperio soviético
|
Buscador Bitblioteca
|
|
| ||||||||||||||||||||
|
Copyright © 1996 - 2011 por
Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado
de fuentes externas. |