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Sección: Bitblioteca
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Bueno, eso fue el día martes El Nacional, jueves 13 de junio de 2002 Ser integrante de la Comisión de Diálogo es un sufrimiento desde cualquier punto de vista. Sólo unos ilusos incorregibles como Tulio Hernández o Ignacio Ávalos entenderían la lógica de aceptar tal misión imposible: evitar el conflicto violento en un sitio que sigue el camino de Chechenia o Cachemira. No todo el mundo entiende la tarea de la Comisión de la misma manera; lo mío es dividir los problemas en partes más pequeñas para facilitar su solución mediante la negociación. Es inútil abarcar el fenómeno general de la conflictividad, pero es factible lograr soluciones parciales a dilemas específicos. Si se solucionan varios, a lo mejor el tumor se va reduciendo. Con esta terapia, algunos días serán mejores que otros (los domingos son especialmente duros) y a veces la cura luce peor que la enfermedad; pero el objetivo es encontrar una salida pacífica para el país. El diálogo no se reduce a una mesa o un grupo particular. Si fuera así, su fracaso estaría garantizado. Es un proceso que puede incluir a cualquiera en el sitio que sea. Es una conversación entre Felipe Pérez y Francisco Rodríguez. Es un contacto entre Carlos Ortega y Nicolás Maduro. Es un artículo de Boccanegra o una apreciación de Elías Santana. Es un encuentro entre Marcel Granier y el presidente Chávez. Cualquier esfuerzo para entablar discusiones civilizadas vale. La dura tarea de la Comisión es propiciar estos contactos para que no perdamos la cultura de la decencia, en medio de nuestras diferencias. Venezuela perdió algo precioso cuando los políticos de bandos opuestos dejaron de cultivar sus relaciones sociales. No se dirimen las diferencias con un micrófono en la mano ni en Triángulo (con todo respeto por Carlos Fernandes quien sí contribuye a posibilitar las presentaciones iniciales). El Presidente forma parte del problema, porque él establece sus relaciones principales en declaraciones públicas unidireccionales. Podríamos criticar la relación entre el presidente Caldera y «el caudillo» Alfaro, pero esta permitió un ajuste económico necesario y potencialmente conflictivo sin mayores sobresaltos. Caldera pudo subir la gasolina; Chávez no se atreve. La negociación no es debilidad, sino fuerza. Un buen ejemplo de cómo evitar una crisis mayor sería promover una conversación sensata sobre el rol de los medios en casos concretos. La conversación entre Chavez y los directivos del Canal 2 «eso fue el día martes», como lo contó el presidente Chávez en el programa Aló, Presidente obviamente fue solo un primer paso tentativo. Posteriormente, Chávez compartió sus reflexiones al respecto con el país entero, pero sin que la otra parte pudiera responder. El Presidente dijo (palabras más, palabras menos) que si los medios iban a publicitar o promover «proclamas terroristas» o marchas ilegales por parte de oficiales uniformados, les podría pasar lo mismo que ocurriría a un distribuidor de agua envenenada. Podemos suponer que el Presidente estaba dando aviso previo de una posible cesación de la concesión, sin excluir la posibilidad de consecuencias penales para los malhechores. ¿Amenaza o planteamiento justificado? En ningún país democrático se permite que los medios aúpen el delito. En Venezuela, sin embargo, no hemos sido capaces de establecer una línea clara entre el buen periodismo y el comportamiento indebido. Los medios deberían contribuir al debate. ¿Cuál es la diferencia entre promover el delito e informar sobre él? Chávez confunde la filmación lasciva de una violación con información sobre la ocurrencia del crimen, lo que no ayuda a hacer las definiciones necesarias. En este caso y en muchos otros el mismo Presidente no logra entablar un diálogo real. A la conversación de ese día martes, entonces, todavía le hace falta mucho diálogo. A lo mejor, ya es tarde. A lo mejor, como creen sus detractores, el Presidente busca excusas para provocar una crisis nueva y lo del diálogo es simplemente una diversión. Pero si el paciente nacional todavía respira... esta servidora seguirá buscando los remedios y exigiendo rectificaciones.
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