//2 level Horizontal Tab Menu- by JavaScript Kit (www.javascriptkit.com), This notice must stay intact for usage, Visit JavaScript Kit at http://www.javascriptkit.com/ for full source code
|
|
|
|
|
Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR La «Cosa Nostra» de la lengua española Enero de 2000 Anda de un tiempo a esta parte la Real Academia de la Lengua Española intentando cambiar su imagen. Quizá sea por eso de que llega el 2000, y está feo que en tan emblemática fecha la docta casa dé la sensación de vivir todavía en pleno siglo XIX, o XVIII, o XVII, o incluso más atrás hay opiniones para todos los gustos. Lo cierto es que como primera medida la Academia ha emprendido la tarea de incrementar su presencia en los medios de comunicación. Y a fe que lo está consiguiendo porque la cara de su director, don Víctor García de la Concha, empieza ya a ser tan conocida como la del Papa, figura con la que además le une la pasión por los viajes sobre todo a América y la manera sosegada de impartir dogmas. Vende mejor una sonrisa que una cara adusta, y eso lo saben tanto los asesores de Juan Pablo II como los del señor García de la Concha. O tempora, o mores! La diferencia entre la Iglesia y la Academia es que la religión precisa tan sólo de la fe, mientras que la ciencia ha menester justamente de lo contrario: de discusión y razonamientos, algo que parece que la Real olvida demasiado a menudo. Y, sin embargo, me cae bien este señor García de la Concha. Hace unas semanas lo vi en una entrevista televisiva mientras presentaba la nueva Ortografía académica y se le veía feliz e ilusionado he estado a punto de escribir «como un niño con zapatos nuevos», pero me ha dado no sé qué la comparación: lo de los zapatos pase, pero llamar nueva a esta «nueva ortografía» es todo lo que ustedes quieran menos comparar. Bromas aparte, lo hizo muy bien en la entrevista el director de la Academia Española. Explicó la nueva filosofía de la institución, basada según dijo en el consenso con las academias americanas y en el acercamiento a la calle. Incluso explicó muy llanamente lo que era un diptongo, ante una aviesa pregunta del entrevistador. ¡Ah!, y por supuesto volvió a insistir en que guión se escribe sin tilde, ya que es un monosílabo... aunque puede no serlo. ¡Qué narices! Si la Iglesia tiene el dogma de la Trinidad, ¿por qué no puede la Academia tener los suyos? Pero bueno, a lo que iba. Quiere hacerse popular la Academia, y para ello su director aparece en la televisión un día sí y otro también. Que en realidad no haya noticia no importa. Lo importante es que lo parezca. Y en eso está la Real, en dejarse ver, en hacerse notar, en dar una imagen más actual y menos caduca. Por eso ha caído como una bomba el último e inesperado numerito que han protagonizado los académicos españoles: se votaba la elección del novelista, ensayista y poeta jerezano Manuel Caballero Bonald como nuevo miembro en sustitución del fallecido Torrente Ballester. No había ningún otro candidato y todos daban por segura su designación. Pero hete aquí que los 26 académicos presentes en el momento de la votación por cierto, ¿dónde estaban los demás? no se pusieron de acuerdo y, por trece votos a favor y trece en blanco, el querido Caballero Bonald se quedó con la miel en los labios. Es la primera vez que sucede esto. Nunca antes un candidato único a ocupar un sillón había sido rechazado. Los tres académicos que habían propuesto a Bonald no acababan de creérselo: Francisco Ayala, Carlos Bousoño y Alonso Zamora Vicente manifestaron que era la Academia la que perdía. Pero yo no me lo creo: quien ha perdido ha sido Caballero Bonald que pasará a la historia como el primer candidato único rechazado. No le ha bastado con ser uno de los autores más vendidos, leídos y estimados en España. Ni siquiera ha sido suficiente que, utilizando terminología flamenca, haya tocado todos los palos de la literatura y todos de manera maestra. La Real lo ha dejado claro: Caballero no vale para académico. Pero lo que no se esperaba la Academia, acostumbrada como está a hacer su real gana, es el estruendo que ha levantado su decisión. Porque ante una ocasión como esta algunos pesos pesados de las Letras Españolas han aprovechado para destapar la caja de los truenos. «Haraganes del lenguaje, saurios, fósiles, cojos mentales...» son algunos de los calificativos que hemos podido leer en la prensa referidos a los académicos. Y, sin lugar a dudas, el que más a gusto se ha despachado ha sido el escritor gaditano Felipe Benítez Reyes que entre otras lindezas ha declarado que «la Real Academia es la Cosa Nostra de la lengua española» (sic, aunque más de uno habrá pensado que glup). Cree Benítez Reyes que la Real es una «institución con miembros de mentalidad mafiosa (nuevamente sic, nuevamente glup) que seguramente ya tenían un candidato en la cantera que les interesaba más por motivos ideológicos». Declaraciones como esta no han debido de sentarle muy bien a García de la Concha: tantas entrevistas dando impresión de modernidad y ahora van sus colegas y muestran su talante más decimonónico, dictatorial e injusto. Y lo más grave es que los académicos ni siquiera han creído necesario dar explicaciones: «La Academia ha hablado. No tengo nada más que decir», declaró Fernando Lázaro Carreter. O sea, que lo que hay es lo que hay y punto. La Real no admite discrepancias entre sus miembros. Ni siquiera García de la Concha tuvo capacidad de reacción y se limitó a decir que todo se había debido a un «desafortunado accidente». No sé qué es más incomprensible, si la decisión de la Real o las excusas de su director. Quizás lo que ocurre es que la Academia está recibiendo una dosis de su propia medicina. Toda la inquina vertida en el prólogo de la Nueva Ortografía le está siendo devuelta ahora con creces. Incluso se discute ya el mismo método de elección de los miembros de la Real, su misma esencia. Algunos han llegado a declarar que hay una verdadera guerra entre filólogos y novelistas. Una guerra en la que los primeros no quieren que los escritores sean académicos. Y puede que lleven razón. No olvidemos que la Academia es la encargada de establecer las normas con respecto a la semántica (Diccionario), la morfosintaxis (Gramática) y la grafía (Ortografía), y estas son tareas que tienen que llevar a cabo los lingüistas. Pero, aun así, yo creo que todo puede deberse a una simple cuestión de telegenia y márquetin. Ya me llamó la atención una de las últimas elecciones académicas. Se presentaban para dos sillones cuatro candidatos: Juan Luis Cebrián, periodista y consejero delegado del grupo Prisa editor del diario El País; Luis María Ansón, también periodista y director a su vez del diario ABC; Salustiano del Campo, sociólogo; y, por último, el lingüista Antonio Quilis. Los rechazados fueron, cómo no, Quilis y del Campo. El caso de Quilis fue especialmente llamativo. Es uno de los mejores conocedores de la versificación y métrica en español, experto en fonética y fonología, y ha realizado numerosos trabajos de campo en España y América. Sin embargo, y a ojos de la Academia, Cebrián y Ansón merecían más el sillón. ¿Por qué? Seguramente porque ambos pertenecían a dos de los más influyentes periódicos españoles. Por eso Quilis se quedó fuera. No por falta de merecimientos, sino por falta de influencia. Algo tan malo hoy en día para la Academia como la disidencia. Y en el caso de Caballero Bonald ha debido de ocurrir algo similar. Es un hombre adusto y serio y eso no vende en esta nueva era del «academicus mediaticus». Como digo, está la Academia en el ojo del huracán y esto no es bueno para el negocio. Por eso, cuando el señor García de la Concha apareció ante los medios de comunicación para dar a conocer que Caballero había sido rechazado lo hizo sin su habitual sonrisa. No es extraño. La «fumata nera» de su concilio o conciliábulo aún flotaba en el ambiente. Seguramente fueron necesarias varias sesiones de maquillaje para que no se le notara en la cara todo el hollín que sus cardenales habían levantado. Un hollín caduco, ponzoñoso y mezquino. Un hollín con el que se pretendió manchar la figura y el prestigio de un gran escritor como Manuel Caballero Bonald, pero que a quien ha ennegrecido en realidad ha sido a la misma Real Academia.
La Real Academia Española en La BitBlioteca
|
Buscador Bitblioteca
|
|
| ||||||||||||||||||||
|
Copyright © 1996 - 2011 por
Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado
de fuentes externas. |