Caracas, Domingo, 20 de abril de 2014

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Ministerio_de_Educacion Conac

Palabras en la Universidad Central de Venezuela

Superar el discurso culturalista

Manuel Espinoza
Viceministro de Cultura y Presidente del Consejo Nacional de la Cultura de Venezuela (Conac)

Caracas, lunes 28 de mayo de 2001
El debate cultural venezolano en La BitBlioteca 

Queridas amigas, queridos amigos:

Quiero comenzar celebrando la valiosa iniciativa de la Universidad Central de Venezuela de propiciar esta reflexión en torno de los temas fundamentales que estructuran el proyecto de Ley Orgánica de la Cultura, elevados a consulta pública conjuntamente con la .

La máxima Casa de Estudios del país no podía quedar al margen de este urgente compromiso y responsabilidad, precisamente en un momento en el cual el cuerpo social, político, económico, cultural y educativo del país comienza a moverse desde sus cimientos más profundos buscando salidas y nuevos cauces a sus atascamientos históricos. Las fuerzas ineludibles de la transformación desafían nuestra conciencia, nuestras capacidades de interpretación de los procesos complejos que caracterizan esta hora actual, obligándonos a definir posiciones y precisar solidaridades y filiaciones, a responder interrogantes cruciales sobre la comunidad donde podamos construir la convivencia con equidad y sin exclusiones. La Universidad Central de Venezuela tiene la palabra, el espacio y los recursos que le corresponden para contribuir con la construcción del edificio social posible en estos momentos de complejidades, antagonismos y conflictos, pero también de extraordinarias potencialidades.

El asunto está en la posición, el propósito y el concepto adecuados que nos llevan a la caracterización del mundo donde vivimos. La fuerza dinámica dominante en esta época es la globalización de la economía, sostenida por la ideología del pensamiento único, que pretende demostrar y decretar que sólo la política del neoliberalismo y del mercado, esto es productivismo, competitividad, libre cambio, rentabilidad, mercantilización de la vida, permiten a la comunidad sobrevivir en un planeta convertido en un inmenso mercado donde todo, absolutamente todo, se compra y se vende. Alrededor de este núcleo ideológico se tejen nuevas mitologías elaboradas día a día por los medios de masa para consolidar el nuevo Estado.

La cultura, el cuerpo, el espíritu, la palabra, las cosas, las imágenes, la naturaleza, todo convertido en mercancía y todo girando en torno de la violencia como el corazón del nuevo instrumento ideológico de sometimiento de conciencias. La explosión de las nuevas tecnologías de la comunicación, cada día más concentradas en monopolios, da mayor fuerza de manipulación al espectáculo de violencia y a sus efectos miméticos, a las nuevas formas de intimidación, debilitamiento de la razón y bloqueo del espíritu.

Ante este gigantesco aparato único de dominación por la cultura está surgiendo un poderoso movimiento, plural aunque disperso, de cuestionamiento, de crítica, de impugnación, constituido por numerosas y variadas vertientes, pero que pueden y están uniéndose de hecho sobre la base de un nuevo conjunto de derechos colectivos, como el derecho a la paz, la convivencia democrática, a la participación protagónica, a una concepción biocéntrica y a una relación armoniosa con una naturaleza preservada, el derecho a la ciudad, al pleno desenvolvimiento de las potencialidades creativas individuales y colectivas, el derecho a la espiritualidad y a la trascendencia, el derecho a la infancia, a la información, a la vida, a la vejez asegurada, el derecho a modelar una sociedad civil enriquecida con nuevas formas de asociación y corresponsabilidades, determinadas desde abajo, que puedan participar en las grandes negociaciones internacionales donde se traten y discutan problemas vinculados con el ambiente, la salud, los sistemas financieros, el desarrollo global equilibrado, la solidaridad humanitaria, la diversidad cultural, las manipulaciones genéticas, las nuevas posibilidades de desarrollo del pensamiento integral complejo.

Estas fuerzas críticas y de impugnación que se mueven en el mundo, los temas y problemas que se debaten, las posibilidades y nuevas vertientes que surgen, configuran las tareas de una nueva cultura, una cultura y un pensamiento organizado y organizador que contribuirán a unificar las voluntades en sus autonomías y diversidad para fundar una nueva economía, un nuevo sistema solidario construido sobre principios de crecimiento, de producción, distribución y consumo, cuya matriz generativa no sea el capital sino el trabajo creador y el conocimiento, y que coloque al ser humano en el núcleo central de sus propósitos, en su razón de ser.

En nuestro país se abrieron las compuertas de la transformación, se están moviendo las fuerzas de la revolución social, de la innovación, de la renovación colectiva. Ésta es la oportunidad histórica de Venezuela para colocarse a la vanguardia de los pueblos que están construyendo modelos y sistemas sociales sobre principios distintos de producción y consumo, sobre principios distintos de organización y participación comunal protagónica.

Esta posibilidad, este espacio abierto es de todos. No es tarea de una sola persona, no es responsabilidad de un partido, no será producto de la voluntad de un grupo, sino el resultado de una acción mancomunada de todos los venezolanos que deseamos vivir en un mundo distinto, en otra sociedad, en un sistema justo, sin exclusiones, donde todos compartamos responsabilidades y en donde todos podamos disfrutar del bienestar y desarrollar plenamente nuestras posibilidades de vida.

Las transformaciones que se adelantan para la edificación del nuevo Estado, un nuevo Estado que corresponda a la nueva República, son las bases del naciente sistema socioeconómico y político expresado, por voluntad soberana de nuestro pueblo, en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

En el sector del Estado que me corresponde representar estamos trabajando intensamente en temas de vital importancia para cumplir con nuestras responsabilidades:

  • La legislación cultural
  • La reestructuración de la institucionalidad cultural pública
  • La descentralización y autonomía de la administración cultural
  • La organización sociocultural comunitaria
  • El patrimonio cultural
  • Las industrias culturales
  • Las artesanías
  • Las manifestaciones comunitarias y tradicionales de la cultura
  • La diversidad cultural
  • Las infraestructuras y edificaciones culturales
  • El fomento a la creación y la producción
  • El financiamiento y distribución de recursos para la cultura
  • La seguridad social del trabajador cultural, los artistas, artesanos e intelectuales.

Temas todos de alcance nacional y permanente que estructuran la acción cultural del Estado y alrededor de los cuales estamos convocando a las comunidades organizadas, al empresariado privado, a las universidades, a las corporaciones regionales de desarrollo, para articular una verdadera gestión sinérgica de reorganización, creación de nuevas estructuras y de reorientación de las políticas y planes acordes con los requerimientos propios de esta fase de transición.

Necesitamos primero conocer los problemas y estructuras que heredamos, la situación sociocultural sobre la cual actuamos, cuál es la concepción de cultura y educación que manejamos, y si es la apropiada en cuanto a su connotación política para los nuevos propósitos; así como las características del aparato administrativo que debemos crear y las implicaciones legales, teóricas y metodológicas que debemos enfrentar. A ello se suman los problemas relativos a la claridad y voluntad política, comprensión, compromiso y apoyo necesarios para la solidez y continuidad de la acción institucional.

En este contexto de tareas y de trabajo asumimos la enorme importancia política de la Ley Orgánica de la Cultura que, junto a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, constituye la herramienta fundamental para la defensa y consolidación del poder, de la fuerza de la cultura como factor base de todo desarrollo, como plataforma de emancipación social, crecimiento económico, bienestar y fortalecimiento político de nuestra presencia en el concierto internacional.

Las tareas de la cultura como factor de cambio no pueden ser entendidas aisladamente sino como parte indisoluble, elemento orgánico dinamizador y calificador de un proyecto social, económico, político completo, un sistema integral.

En tal sentido y en esta etapa de transición, se nos plantea un compromiso delicado y crucial: ¿cómo lograr, mediante un proceso metabólico, que la complejidad de la acción cultural se inserte en la complejidad del sistema político-económico para transitar de una sociedad donde prevalece la lógica y dinámica del capital a otra donde sea la lógica del trabajo y del conocimiento la que tenga esa supremacía? Esa nueva lógica y dinámica del trabajo y del conocimiento puede llegar a constituirse en el núcleo estructural de un nuevo modo de producción y consumo, cuando se defina y se establezca una alternativa dominante que contribuya a la erradicación del predominio del capital en el proceso social. El trabajo y el conocimiento deben apropiarse de las funciones vitales de relación e intercambio con la naturaleza y de las formas de asociación que se dan entre los miembros de la sociedad mediante la acción corresponsable en el ejercicio de la toma de decisiones.

A nuestro entender aquí está el núcleo central de reflexión a partir del cual podemos superar el discurso culturalista autista que se justifica a sí mismo, y elaborar un verdadero discurso cultural revolucionario, transformador. La fuerza creativa del pueblo objetivada en el hacer, en el conocimiento y el trabajo, generadores de riqueza: «la riqueza real es el poder productivo desarrollado de todos los individuos», en un nuevo sistema de relaciones de producción, en un nuevo sistema de relaciones sociales y en un nuevo sistema simbólico más vital, más orgánico. Estamos hablando de una autopoiesis colectiva, más genuina y plenamente humana.

Se trata de propiciar un cambio estructural de producción y consumo, por ejemplo, una cultura del consumo crítico frente a la cultura del consumo de prestigio, dentro del sistema socioeconómico para alcanzar otro sistema socioeconómico donde la acción cultural esté asociada al tránsito de un modo de ser a otro modo de ser. Se trata pues de provocar cambios funcionales, cambios de valores y comportamientos que se manifiesten como experiencias de autodescubrimiento, experiencias de desenvolvimiento pleno de las potenciales individuales y comunitarias que permitan configurar sociedades altamente productivas conformadas por ciudadanos solidarios y responsables, con plena conciencia de sus derechos y deberes y con posibilidades de canalizar y alcanzar sus más altas aspiraciones de plenitud humana.

Para la organización y la acción cultural, a nuestro entender y siguiendo algunos lineamientos establecidos por el Ministerio de Planificación y Desarrollo, deben considerarse tres elementos, partiendo, por supuesto, de una nueva concepción de cultura desde una perspectiva revolucionaria:

El primero es el cambio político y las modificaciones relativas al Estado que se están adelantando, el tipo de estructura productiva y el rol que seguirá teniendo el petróleo, las condiciones de la soberanía e independencia nacionales, en el marco de las continuidades y discontinuidades propias de la transición.

El segundo elemento es la situación actual de desarticulación, de desintegración del tejido social, la fragmentación y dispersión en el campo de las fuerzas que luchan por la transformación, y la necesidad de alcanzar un estado de conciencia colectiva, una masa crítica que impulse las bases de un nuevo modelo.

El tercero se refiere a las posibilidades de lograr una genuina autodeterminación de los individuos y comunidades organizadas, una autonomía y descentralización de los poderes en la toma de decisiones, en contraste con la concentración y centralización ligada a las formas burocráticas del Estado.

El cambio de la utopía a la realidad, el camino de los propósitos a la realización concreta de una nueva sociedad y la construcción de un nuevo dispositivo de acción se nos plantea «como un reto a la voluntad y tenacidad de todos los que estamos comprometidos a trabajar en un espacio específico para la transformación profunda de la sociedad», para hacer real, victoriosa y continua la Revolución Cultural Bolivariana, creativa, constructiva y liberadora, y no una simple ilusión, un delirio reivindicativo o una retórica vacía, propios de un voluntarismo demagógico y palabrero.

Para finalizar mi intervención saludo y felicito nuevamente al Rector y a las demás autoridades universitarias, a los profesores ponentes en esta jornada por su valiosa e inestimable contribución al enriquecimiento del anteproyecto de Ley Orgánica de Cultura que será sancionado por la Asamblea Nacional, según el mandato constitucional y expresión de la voluntad de nuestro pueblo.


El debate cultural venezolano en La BitBlioteca
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