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Intervención del viceministro de Cultura de Venezuela en la II Mesa Redonda de ministros de cultura
París, Unesco, 11 de diciembre de 2000
La delegación venezolana quiere comenzar su intervención ratificando que comparte las preocupaciones internacionales que han surgido en torno a la defensa de la diversidad y la pluralidad culturales como principios básicos que deben regir las relaciones entre los pueblos, las etnias y las naciones del presente. Entendemos que dicha diversidad debe preservarse y defenderse tanto dentro del marco de cada Estado-Nación como en el contexto de las relaciones internacionales y en el seno de los nuevos bloques de integración económica y geopolítica y, en general, en los nuevos flujos y redes que se generan en un mundo en proceso de globalización. En este sentido, compartimos la preocupación de diversos gobiernos, así como de estudiosos y agrupaciones de la sociedad civil, y de reuniones previas de la Unesco, quienes coinciden en entender que en el presente dados los inmensos cambios que trae consigo el proceso de globalización en los modos dominantes de producir, hacer circular y consumir cultura, la acción cultural tradicional de los gobiernos nacionales es insuficiente para garantizar esa diversidad y que, por tanto, es indispensable:
En tal sentido, participamos de las preocupaciones de quienes sostienen que en un mundo en permanente liberación de mercados y barreras económicas nacionales, los bienes y productos culturales no pueden ser tratados de la misma manera que cualquier otra mercancía, puesto que, por el hecho mismo de ser un factor clave de expresión y de conformación de las diversidades culturales y de la especificidad de cada pueblo o nación, su circulación, conservación, consumo y su misma existencia no deben estar sometidos exclusivamente a los dictámenes y vaivenes del mercado global que cada vez favorecen más a un sólo país que hoy ejerce una hegemonía prácticamente sin competencia. El principio de la «excepción cultural» en los tratados de libre comercio internacional, propuesto por algunas naciones europeas, y con un antecedente preciso en la nación francesa, debe contar con el apoyo máximo de esta Asamblea, sometido por supuesto a los estudios y reflexiones que exige un tema tan delicado como este. La excepción cultural involucra solo aquellas naciones que forman parte de tratados de libre comercio. Existen otras dimensiones de acción internacional que es necesario promover con urgencia, pues una cosa es proponerse hacer contrapeso al poder del mercado globalizado y otra muy distinta olvidar su inmenso y decisivo poder en la cultura del presente. En este sentido, queremos insistir en dos estrategias que son indispensables especialmente para las regiones menos desarrolladas: uno, el de la de la promoción de mercados regionales y, dos, el de la lucha contra las viejas e históricas asimetrías y exclusiones que sufre una parte de los habitantes del globo en relación con su acceso a los bienes de las culturas nacionales y la cultura universal, incluyendo en ellas el acceso a las nueva tecnologías de la información (NTI). En relación con la creación de mercados regionales, y tomando en cuenta las experiencias fallidas o simplemente no realizadas, es indispensable que las acciones internacionales se produzcan a través de un nuevo tipo de relación entre Estado, empresa y organismos independientes, como respuesta inteligente y efectiva a los nuevos desafíos que plantean tanto las poderosas redes de la globalización como las nuevas formas de construcción de las identidades en un mundo que oscila entre la multiculturalidad y la tentación homogeneizadora. En relación con la lucha contra las viejas y nuevas exclusiones y estratificaciones entre «info-ricos» e «info-pobres», o entre «cult-ricos» y «cult-pobres», sería oportuno iniciar estudios y desarrollar programas imaginativos que traten de hacer un uso de las NTI como instrumentos que contribuyan a salvar las fisuras culturales ya enunciadas y que, a su vez, se logren incorporar como aliados y no como oponentes en las nuevas maneras de articulación entre las culturales locales y étnicas con el universo global y transnacional. Para nadie es un secreto que los nuevos medios electrónicos han generado la más libre circulación de contenidos hasta hoy conocida, que en el presente los costos de transporte y transacción por vía electrónica se han reducido notablemente y que eso podría significar la aparición de un nuevo modelo de relaciones entre creadores y usuarios en una esquema que se diferencia del presente de las industrias culturales donde había dominado el mediador. La exclusión material y simbólica que se ha extremado y sistematizado en las últimas décadas, ha sido fuente ininterrumpida de inestabilidad no solo en los países del llamado Tercer Mundo sino en el seno mismo de las metrópolis. El caso de Venezuela ha sido paradigmático: desde la aplicación de políticas temerarias de mercado hemos tenido una sucesión de crisis más o menos violentas que solo ha detenido en parte el actual proceso político. La combinación de exclusión, penuria y codicia solo puede conducir a diversos modos de explosión social de los cuales el mundo conoce actualmente ejemplos numerosos y dolorosos. Señoras y señores, miembros todos de esta Asamblea: Hablamos desde un país, Venezuela, y un territorio, Latinoamérica y el Caribe, cuyas elites y gobiernos durante mucho tiempo no dieron un suficientemente reconocimiento a las profundas diferencias culturales internas sobre las que se edificaron. Después de 500 años, y en estos temas nunca es tarde, la nueva Constitución de Venezuela legitima el carácter multicultural de nuestra nación y, por primera vez, incluye la palabra indígena y sus derechos en un texto constitucional. Desde esa perspectiva hacemos esta intervención, recalcando la idea de que solo reconociendo la diversidad cultural del mundo y de las naciones y generando una cultura de la tolerancia y de respeto por el Otro, podemos, si no poner fin, al menos aminorar el choque violento entre culturas y diversas manifestaciones que van desde el racismo contra los inmigrantes y los nativos indígenas, hasta las guerras étnicas y religiosas de exterminio que hoy afectan a la humanidad. América se ha ido percatando dolorosamente de la futilidad de este propósito y hoy podríamos decir que puede ofrecerse al mundo como muestra de que la convivencia es posible en estas regiones. Europa enseñó a la humanidad a ser como Europa, podríamos decir que en el nuevo milenio la América Latina puede enseñar a la humanidad a ser como toda la humanidad. Y esto antes de que nos domine un modelo único como imposición universal.
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