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Sección: Bitblioteca
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La apuesta por el diálogo en el espacio tecnológico El Nacional, domingo 15 de mayo de 1999 El pensamiento y la opinión se construyen de manera dialógica. ¿Qué quiere decir esta frase tan grandilocuente expresada con un calificativo de origen dudosamente castellano? Que la formación del pensamiento y la opinión, incluso las más personales e íntimas, se produce mediante el concurso de muchos discursos distintos y la participación de muchas voces. Empezando por la plantilla de nuestro lenguaje materno, especie de jerga múltiple que vamos adquiriendo en la familia, la escuela, a través de la televisión y la prensa, las lecturas y el cine, el desarrollo profesional, los amigos, amores y colegas. Terminando, quizá con la adquisición de un lenguaje artificial especializado como la matemática o los lenguajes de computación, suertes de códigos en expansión, o una segunda lengua, lo cual significa otra manera de pensar y percibir el mundo. Este proceso de construcción colectiva del pensamiento y las opiniones ha sido puesto en evidencia por las teorías filosóficas y sociológicas que en las últimas tres décadas dan cuenta de los avatares cognitivos del hombre contemporáneo. Que el pensamiento es un diálogo nos parece hoy una verdad de perogrullo, pero no era así en el siglo pasado, que estimaba la actividad del pensar como el trabajo solitario y paciente de individuos talentosos que reflexionaban conducidos por su propia y única voz. El conjunto de creencias, opiniones y saberes que constituyen el patrimonio cultural personal lo vamos forjando en esa conversación inmensa y diaria que tenemos con todo el mundo. Esto es cierto aunque nuestro mundo se reduzca a la calle de nuestro barrio, el carrito por puesto, un único diario de circulación regional o nacional y dos o tres únicos canales de televisión. Pero es evidentemente cierto cuando la expresión encuentra eco, gracias al artificio tecnológico, en muchos amigos, colegas y extraños, en lugares remotos y extraordinariamente distantes del lugar donde vivimos y trabajamos. Todos los días me sorprende cuánto se enriquecen mis opiniones cada vez que converso con mis estudiantes y colegas, pero más me sorprende la versatilidad y diversidad del diálogo que es posible sostener a través de Internet con personas que no conozco y que quizá nunca conoceré, muchas de las cuales no comparten conmigo ni siquiera la lengua materna, pero sí el espacio de encuentro que nos procura el medio tecnológico. La combinación de prensa escrita y ciberespacio, lejos de producir la muerte del primero potencia y multiplica las posibilidades de ambos medios. Sobre este papel como soporte físico, que me constriñe al espacio de 600 palabras, reconstruyo y reformulo, a consecuencia del diálogo en la red, una primera opinión emitida bajo el título de Automóviles, flujo vial y Constituyente (El Nacional, 2-5-99). La democracia no es, a diferencia de la creencia común y generalizada, esa cosa tan vaga y desvanecida por manida que definen como el poder o gobierno del pueblo. Es más bien una manera en que la sociedad organiza y distingue los intereses públicos y los privados, mediante una lógica que va de abajo hacia arriba, de la sociedad civil al sistema político y al Estado, y que separa estas tres instancias con fronteras tensas y a veces difíciles de trazar. Sin embargo, los procesos sociales siguen corrientes que atraviesan sin distinción alguna todas las instancias, y este es el caso de las dinámicas de cambio que involucran la vida cotidiana y el modo de relación de un determinado grupo social. Así como no podemos distinguir al ciudadano llamado común del político o líder «constituyente» que infringe la ley de tránsito y obstaculiza los flujos viales, porque ambos se conducen de la misma manera; tampoco podemos diferenciar a los nuevos y viejos políticos que, a no ser por la retórica remozada, han sustituido el viejo clientelismo de partidos por un clientelismo que aún no sabemos cómo denominar.
María Eugenia Esté: abogado graduada en la Universidad Central de Venezuela, candidata a doctor en el postgrado de FACES, UCV con un trabajo de tesis en torno al tema de la construcción de subjetividad y la tecnología. Es profesora de «Sociología de la Técnica y la Tecnología» en la Escuela de Sociología de la UCV e imparte un seminario en el postgrado de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello, titulado «Dispositivos Tecnológicos».
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