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El equilibrio entre comercio libre y desarrollo sostenible
Mike Moore Ginebra, 30 de abril de 2001 El debate sobre la necesidad de proteger el medio ambiente es uno de los más cruciales de nuestro tiempo. Cada día es más evidente la necesidad de unir esfuerzos a nivel nacional e internacional para evitar que nuestro frágil planeta, que en definitiva es nuestra morada y la que debemos dejar como legado a las generaciones futuras, siga sufriendo los envites como los que ha padecido en el último siglo. Uno de los mayores desafíos de la Humanidad, al empezar el siglo XXI, es cómo dar cabida al aumento de población y al deseo de un mejor bienestar material tanto en los países en vías de desarrollo como en los industrializados, sin poner en peligro el equilibrio ecológico y la calidad del medio ambiente. En la Organización Mundial del Comercio no somos ajenos a esta preocupación al revés de lo que muchos de nuestros críticos aseguran. En el preámbulo del Acuerdo de Marrakech , de Abril de 1994, por el que se estableció la OMC, ya se hace referencia a la importancia de trabajar a favor de un desarrollo sostenible. En él se dice que los Miembros de la OMC reconocen que sus relaciones comerciales y económicas deben tender a elevar el nivel de vida de la población, con el aumento del empleo, los ingresos y el bienestar material, permitiendo al mismo tiempo la utilización óptima de los recursos mundiales de conformidad con el objetivo de un desarrollo sostenible y procurando proteger y preservar el medio ambiente. Esta premisa es considerada tan importante por esta Organización y por los 140 miembros que la componen que figura de forma destacada y prioritaria en todos los acuerdos técnicos que constituyen la base legal por la que se rigen los intercambios comerciales internacionales. En todos estos textos se destaca que la protección de la vida y la salud de las personas, de los animales, de las plantas y del medio ambiente constituyen un objetivo legítimo para los países y por tanto es un objetivo amparado por la OMC. Pero la OMC no es un organismo específicamente dedicado a la protección del medio ambiente. Nuestro mandato consiste en promover un sistema comercial más abierto, equitativo y sin discriminaciones que favorezca los intercambios, el crecimiento y la distribución de la riqueza. En realidad, siempre he pensado que el peor enemigo del medio ambiente es la pobreza. Cuando un país tiene un nivel de vida mínimo el incentivo para preocuparse de la naturaleza es realmente muy bajo. Y es un hecho probado que hay una relación directa entre ingresos nacionales y los fondos destinados a la protección medioambiental. Para evitar que el objetivo del crecimiento y el desarrollo económico y comercial entre en contradicción con la necesidad de preservar el medio ambiente, disponemos de un Comité del Medio Ambiente que estudia el impacto de las normas del comercio internacional. Ello supone que el debate es constante en esta Organización. ¿Cuáles son los parámetros de este debate? Mientras que los países desarrollados están sometidos a presiones crecientes de los grupos medioambientales para superar lo que ellos califican de ´incompatibilidadesª entre las políticas comerciales y las ambientales, los países en desarrollo temen que las preocupaciones ambientales se aborden a expensas del comercio internacional. En particular temen que se imponga una nueva condicionalidad ´verdeª vinculada a las oportunidades de acceso a los mercados. Ya que la no discriminación es la piedra angular del sistema multilateral del comercio, uno de los objetivos básicos de la OMC es vigilar que cuando se adopten políticas nacionales de protección del medio ambiente (cada país es libre de establecer las que quiera) no se discrimine entre productos importados y productos similares producidos en el propio país, y que no se instituya una especie de ´proteccionismo verdeª en detrimento de las aspiraciones de desarrollo de los países menos avanzados. ¿Qué puede hacer la OMC en favor del desarrollo sostenible? Creo que podría concentrar sus esfuerzos en la eliminación de restricciones y distorsiones al comercio que tienen consecuencias negativas para el medio ambiente. En las actuales negociaciones agrícolas se ha puesto de manifiesto el problema medioambiental que suponen las subvenciones. En la actualidad, los países gastan cientos de millones de dólares en subsidios a sectores como la pesca, la madera y la agricultura. Las naciones más ricas del mundo gastan más de 300.000 millones de dólares al año en subsidios agrícolas y 54.000 millones de dólares en pesca. Gran parte de este apoyo no solo distorsiona el comercio sino que daña el medio ambiente. Es por ello que muchos países en desarrollo reaccionan de forma sospechosa cuando los ricos les piden que presten más atención al medio ambiente. El debate seguirá y sin duda se intensificará porque la OMC, como foro de negociación universal, es algo más que un organismo que promueve la apertura de mercados. También se esfuerza en conseguir un equilibrio, es decir, el desarrollo sostenible, para el que todos deben contribuir, tanto las naciones desarrolladas como las menos avanzadas. |
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