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Propósitos de año nuevo

Milagros Socorro
msocorro@facilnet.com

Caracas, 7 de enero de 2000

Me abstendré enérgicamente de proponerme una merma en las tallas y un aumento en la cifra promedio de mis cuentas bancarias. Ya me convencí: nunca tendré plata y jamás seré confundida con un muchacho al ser observada de espaldas. Qué se hace. Además, no está el futuro para escatimar en caderas ni mucho menos para soñar con solvencias que, dada la humildad de mis artes, cada vez me resultan más elusivas. Son dos viejas metas que por lo pronto no figurarán en mi lista de objetivos de año nuevo.

Desistiré asimismo de imponerme la lectura de mamotretos de arduo consumo: durante el año 2000 sólo leeré novelas entretenidas, ensayos apasionados, reportajes bien hechos y relatos sucios. Las lecturas piadosas —aquéllas que se acometen por obligación, por haber amistad con los autores, por abordar temas que urgen para una buena formación- ésa las dejaré para otros años, para otras gentes y para las tardes en la cárcel, si es cierto que allí iremos a parar todos los que nos reímos de las maneras y salidas del ministro Arcaya, por mencionar sólo una de las muchas causas de hilaridad del presente gobierno.

Mantendré una copia de la nueva Constitución en la cartera para estudiarla en el metro, en la peluquería, en la antesala de los médicos, en la cola para renovar algún documento, ante la olla donde se ablanda el muslo de un gallo marote... en fin, en cada hora muerta. De esa manera tendré más pericia en asuntos constitucionales que los funcionarios encargados de hacerla cumplir y así me convertiré en su azote, en su pesadilla, en su recordatorio y en su carcajada de desprecio. No volveré a horrorizarme por la gran cursilería de ciertos pasajes; no aullaré mi escándalo al repasar el preámbulo (porque es de toda mi intención de año nuevo jamás reincidir en su frecuentación); no me jalaré las greñas de incomprensión ante ciertas prosas; no me preguntaré cómo pensará esta gente financiar tanto despropósito. Simplemente me aprenderé el documento de marras e ingresaré en las crecientes filas de la resistencia venezolana, ésa que no se adormece tras las farras celebratorias (porque nada tenemos que festejar desde que la tragedia nos ha mostrado la sombra de sus alas).

Y, por último, no volveré a votar. Jamás me allegaré a un centro de votaciones donde vuelva a oficiarse la farsa de la libertad de escogencia. Eso en Venezuela se acabó. Y se acabó cuando el propio presidente de la República refrendó un expediente tan barato y perverso como el de las papeletas de candidatos congregados según la fórmula "del Kino" (hasta vergüenza me da escribir esa vaina). El día que aceptamos votar en unas elecciones signadas por el tal kino, ese día legitimamos una práctica nauseabunda que nos habían jurado erradicar del panorama político de Venezuela. Chávez se saca de la manga un Kino y ahí vamos corriendo a votar por la opción contraria, a ver si con eso reducimos un poquito la ignominia, a ver si de esa manera elevamos un tantico el debate y lo ponemos a tres centímetros del 5 y 6. No ha sido así. Ocurrió más bien lo contrario. Al acudir a las mesas de sufragio cada vez que el presidente vocifera su Kino, su quincalla política y su recua de acólitos, estamos haciéndole el juego y otorgándole un discurso de legitimidad a lo que no es sino una de las formas de la dictadura. La que soy yo, no voto más.


Milagros Socorro en La BitBlioteca



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