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Monólogo del reenganchado desconocido

Milagros Socorro
msocorro@facilnet.com

Caracas, 28 de enero de 2000

Por fin estoy de nuevo en estos gloriosos parajes do mi fervor revolucionario germinó y floreció como capullo de rebelión. Heme aquí, cual titán que regresa triunfante a recobrar lo que fue suyo y arrebatado le fuera en vil zarpazo del puntofijismo muriente. He vuelto. Hemos vuelto. Una vez más nuestra planta libertaria hollará las dependencias castrenses, amados paisajes que sustraídos nos fueran por quienes confiscaron la democracia y la convirtieron en una romería adeca. Pero no contaban con que la tortilla volteárase y el comandante Chávez nos devolviera a la institución, guapos, como somos (que no está la hora para falsas modestias) y apoyados, porque eso sí te tenemos nosotros: estamos apoyados desde el empíreo, que llaman.

Hemos vuelto y no será en balde. Todo a la Patria le entregamos y ahora ella debe premiar nuestro sacrificio. No es mucho lo que pedimos. Son sólo minucias si lo comparamos con todo lo que hemos dado. En este papelito está contenido el pliego de peticiones de los 250 alzados que ahora regresan como hijos pródigos a la gran madre castrense. Y dice:

Nosotros los oficiales, suboficiales y tropa profesional, insurgentes que participamos en las batallas del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992, hemos sido ungidos por la Asamblea Nacional Constituyente para ser reincorporados a la Fuerza Armada Nacional. Y así se hará. Estas son nuestras exigencias.

  1. Queremos que nos cancelen todos los salarios caídos desde que nos botaron hasta el día que nos reengancharon. (Del fondo se oyen murmullos y logra distinguirse una voz que dice: "¿no te pide más nada el cuerpo, papi?"). Hey, qué pasa, qué pasa. Nos van a pagar toditos los salarios que dejamos de percibir, incluidos los bonos vacacionales, los aguinaldos y los pagos de fideicomiso. Y den gracias que en las dos ocasiones fracasamos porque si hubiéramos triunfado exigiríamos todo pero por partida doble. ¿Okey?
  2. Como mínimo, todos coroneles. Chist. Eso, los que no van directo a general, claro está.
  3. Los generales nos saludarán con el respeto que se le debe a los héroes de la Patria. Faltaba más.
  4. Ni que se les ocurra venirnos a enseñar a pararnos firmes otra vez; o a refrescarnos los reglamentos. Que no sometan nuestros cuerpos egregios a jornadas de educación física. Ni mucho menos obligarnos a tomar cursos de nivelación o actualización. Para dictar cátedra estamos nosotros, que sí supimos escuchar la voz profunda de la Patria, sus retortijones de dolor ante el gran fraude que la mantenía esclavizada. ¿En qué andaban ustedes que no estaban conspirando como Dios manda?
  5. 5) Vive Dios que ninguno de nosotros aceptará cargos poco cónsonos con nuestra trayectoria. Es decir, no pensamos ir a la frontera, ni para el monte, ni para la selva, ni para los Teatros de Operaciones, ni para el puesto de Luepa. De hecho, sólo aceptaremos dos opciones claramente expresadas en el presente pliego: nos sacrificaremos en Casa Militar, siempre junto a nuestro Jefe, en Miraflores; o entregaremos vida, honra y lo que nos queda de juventud en alguna agregaduría militar, siempre que sea, claro está, en la ruta Dior (París, Londres, Washington. Roma o Madrid).
  6. Aceptaremos acudir a los comedores militares siempre y cuando no nos sirvan salchichas con papas. A nosotros no.

Cualquier incumplimiento de estas humildes peticiones será del conocimiento de mi comandante Arias Cárdenas, Francisco.

Y avisao: somos corridos en dos plazas. Si no nos gusta la cosa... a la tercera va la vencida.


Milagros Socorro en La BitBlioteca



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