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Dos crónicas anarquistas del Jubileo

Viernes 26 de mayo de 2000

I. ¡Métase con el Santo, pero no con la Limosna!

[Nota Previa: Los datos hagiográficos que se indican aquí, fueron tomados del artículo de Francesco Fricche «La Moltiplicazione dei Santi» aparecido en el semanario italiano UMANITÁ NOVA, 04/07/99, Año 79, N° 24. Si se prefiere una versión más vernácula del tema, recomendamos leer aquel legendario clásico ilustrado del humor irreverente venezolano llamado «Las Celestiales».]

Muchos usamos la expresión «hacer de abogado del diablo» para indicar a alguien que, en una discusión, sostiene una tesis contraria a la generalmente aceptada. Casi nadie sabe que el abogado del diablo existe verdaderamente y es la figura que, en el proceso de santificación, se opone a la santificación o beatificación de alguien.  Mejor dicho, existía puesto que, para acelerar las santificaciones, el actual Papa ha preferido abolirlo.

De hecho, aunque la iglesia católica venera más de 12.000 santos e innumerables beatos, casi todos fueron proclamados antes del Concilio de Trento en 1588, cuando se modificó el proceso de canonización (instaurando el abogado del diablo). De entonces a 1978 (primer año del papa Wojtyla) se habían proclamado apenas 302 santos y alrededor de 800 beatos, e incluso se llegó a bajar de los altares a algunos de dudosa certeza histórica como al ex-San Cristóbal. Pero la cosa cambio radicalmente con el Vicario polaco, que de 1978 a 1999 consagró 280 santos y más de 800 beatos, casi el mismo número de beatos y de santos que sus predecesores en los 390 años precedentes. Y como hemos visto recientemente, el Jubileo ha sido el pretexto ideal para que está producción en serie de Bienaventurados prosiga al ritmo más acelerado posible.

Alguno pudiera pensar que todas estas canonizaciones se han hecho por razones de política interna de la Iglesia, como el caso de José María Escrivá de Balaguer (fundador del Opus Dei) beatificado sólo 17 años después de su muerte (un récord) o por motivos de política internacional, como el caso de Alojzif Stepinac (uno de los jefes de la Ustasia, facistas croatas de las décadas de 1930 y 40); sin hablar de las masivas beatificaciones de falangistas ibéricos y cristeros mexicanos, ambas coincidentes con el respaldo eclesiástico al Partido Popular y al P.A.N., fuerzas políticas en alza en los respectivos países. Otros pensarán en el dinero (como siempre que se habla de la iglesia), obtenido con el mercadeo como para Francisco Forgione, o en lo que se obtiene para promover la causa de la canonización, como el caso de las Hermanas del Santísimo Sacramento para los Indios y los Negros a quienes la beatificación de su fundadora Karen Presel en 1980 les costó 333.250 dólares (de la época, porque al valor de hoy es mucho más) o para fructificar, en términos de ofertas vocacionales, los frecuentes viajes de propaganda al exterior por parte del pontífice romano.

Ninguno aprecia el verdadero problema de la proliferación de todos estos santos nuevos. Los santos, se sabe, nos protegen de las desgracias y algunos lo han hecho tan bien que han sido elegidos protectores de determinadas situaciones. Aumentando el número de santos protectores se corre el riesgo de generar confusión y terminar invocando al santo equivocado. Por ejemplo, si uno fuera estítico y se encomendara a San Armagilo, que cura la diarrea, podría hacerse más daño. No todos los santos son como San Vito que cura a la vez el insomnio y la somnolencia. Además se necesita saber escoger: contra la sequía se pueden recomendar 11 santos, pero si uno ruega, por ejemplo, a San Calimero, no podemos esperar que empiece a llover porque para hacer llover hay otros 16 santos y para eso vale invocar a San Elio o a San Gauderico, que funcionan tanto contra la sequía como para que venga la lluvia. En caso contrario, hay otros cuatro santos que nos protegen contra la lluvia. El mejor es San Benigno que puede invocarse tanto contra la lluvia como para hacerla venir. Ahora si el problema no es la lluvia sino los rayos, hay siete santos que lo scombaten y sin duda Santa Bárbara es la mejor, y hasta ha dado nombre al depósito de armas y pólvora en los barcos, que se llama santabárbara precisamente para evitar que explote.

En caso de confusión al invocar al santo contra la lluvia y ésta se transforma en un temporal, hay otros 6 santos que nos protegen, entre los que encontramos a Santa Flora, que es especialista en la materia ¿y si nos volvemos a equivocar y la situación empeora?. Ningún problema, por que hay otros 5 santos contra la tempestad. El mejor, para nosotros, es Santo Domingo de Sora. Pero atención, sin cometer errores, porque estos santos nos protegen sólo contra las tempestades terrestres. Para las marinas hay otros 4 santos entre los que debemos preferir a San Francisco Saveiro, que también nos protege (junto con otros 4) de los huracanes, si la situación no se soluciona. En todo caso es bueno conectarse también con San Nicolás de Mira (exitoso en todo lo relacionado con el agua) que, con un par de colegas, nos protege de los peligros del mar. Contra los naufragios hay otros tres santos. Pero si todo va mal y se naufraga, hay otros 5 santos para ayudar, entre los que sugerimos a Santa Liboria, que también es útil contra el granizo. No equivocarse, porque si naufragas en un río no hay otra alternativa que San Juan Nepomuceno, que también protege los puentes. En todo caso, sugerimos también una plegaria a San Adiutore de Vernon, protector de los nadadores, que en un naufragio siempre puede ser útil.

Si, temeroso de no resolver la situación, se desea una protección corporativa, hay 10 santos para los marineros a los que rogarles. A menos de no considerarse gente de mar y en este caso no hay otra alternativa que San Francisco de Paula. Pero se debe estar atento en qué nos hemos embarcado, porque en caso de ser un buque de la marina de guerra, entonces el santo protector es otro. Si no se sabe exactamente qué hacer, entonces encomiende el buque a Noé, que es el único que lo protege. También depende de lo que uno hace, porque si se es pescador se puede recurrir a otros tres santos, aunque no se debe rogar a San Maurilio de Anger si, además de pescar, se venden los peces. A los vendedores de pescado los protegen otros tres santos.

Como después de toda esta agua es lógico desear beber algo más estimulante, pero no se tiene dinero ni nada que dar en prenda (acción para la cual se invoca a San Bernardino de Feltre) en la Casa de Empeños (cuyo patrono es San José) ni garantía que ofrecer a los prestamistas (cuyo guardián es San Antonio María Claret), no hay problema, siempre que se esté atento dónde se va a beber. si es un bar recomendamos a San Armando de Maastricht (protector de los bares); si es una hostería o posada se debe recurrir a los favores de uno de los 8 santos que protegen la noble categoría de huésped. Cuidado de no confundirse con los otros 5 santos que amparan a los fabricantes de cerveza ni con los otro 4 que aseguran la felicidad de los que hacen botellas. Aprovecho para aclarar malentendidos de los bebedores nacionales: Santa Teresa no es todavía la protectora de los tragos de ron y las «cuba-libres», ni Santo Domingo del aguardiente de caña; pero ¡quien quita y el Vaticano da pronto alguna sorpresa!...

Por otra parte, si desea ir a comprar vino a los productores, invoque a San Gervasio de Tongres o a cualquiera de los 6 santos protectores de los vitivinicultores, que tienen un resguardo especial contra la plaga de la filoxera, garantizado por San Roque. Para el capital invertido en la vendimia debe dirigirse sólo a San Martín (protector de los vendimiarios), sin despreciar la posibilidad de intervención de San Vicente de Zaragoza, adalid de los productores de vinagre.

Si ha bebido mucho y le vienen ganas de llorar, debe pensar en San Biaggio de Sabeste. ¿Se siente completamente borracho?  Necesita a San Urbano de Langres. Obviamente cuando empiece a ver doble hay que remitirse a Santa Lucía (y otros 18 bienaventurados con competencia oftalmológica) y para proteger el hígado a San Liborio. A la mañana siguiente ¿se despertó enratonado? Una plegaria a San Acacio ( o a otro de los 8 santos eficaces contra la migraña) y pasa el problema. En resumen, para casi todo hay un santo bienhechor: para políticos y gobernantes (San Fernando III), para los reyes (San Luis IX), para los fabricantes de lápices (Santo Tomás de Aquino)...; ¡parece que los únicos que no quedamos a cubierto con tal diversidad de celestiales amparos somos los cronistas ligeramente irreverentes!...

II.- Reliquias: Lo que es del cura, va pa´ la iglesia...

[Aquí los datos fundamentales vienen de un texto de Francisco Barba Cañete, publicado en la revista madrileña LIBRE PENSAMIENTO, # 3, julio de 1989.]

En el catolicismo, como en otras religiones, las reliquias son objetos asociados a personas o sucesos sagrados, expuestos por el poder eclesiástico para su veneración y servir como incentivos a las creencias de la gente. En tiempos recientes, quizás la más famosa y polémica fue la Sábana de Turín (»el manto sagrado»), estudiada exhaustivamente por varios laboratorios, tras lo cual se hizo evidente que el tejido del cual fue confeccionada no tiene más de 1000 años, lo que echa por tierra la presunción de que el cuerpo de Cristo fuese envuelto en ella. La Iglesia ahora se defiende, diciendo que nunca afirmó tal cosa, sin embargo, durante siglos permitió que millones de fieles la veneraran como objeto sagrado. De la misma manera, cientos de reliquias de lo mas variopintas se reparten y glorifican por el orbe católico, sobre todo en catedrales de España, Francia e Italia.

Así, nos encontramos con restos humanos como en la iglesia de San Pantaleone en Roma, donde se venera el brazo, el hígado, el corazón y la lengua de Santa María Virgen. En Sangüesa (España) se reverencian dos pelos, uno de María Santísima y otro de María Magdalena. Más de 60 dedos de San Juan Bautista están depositados en diversas iglesias y conventos, aunque las Escrituras no hablan de anomalías congénitas en las manos de este santo. Tampoco habla el Evangelio de malformaciones físicas en Cristo, y sin embargo se honran al menos tres prepucios - que cubrían el glande del Pene Divino - en Amberes, Hildesheim y Santiago de Compostela. De la misma manera, existen varios cordones umbilicales del niño Jesús: en Santa María del Pópolo en Roma, en San Martino, y uno mas (actualmente desaparecido) en Chalons, Francia.

Una muestra de la sangre de Cristo está depositada en Venecia. Una oreja de San Pedro reposa en la Abadía de Cleirac, y otra de San Leonardo en Porto Mauricio, pero las fuentes no aclaran cuál es la izquierda y cuál la derecha, o si son del mismo lado. La mandíbula de San Mateo se custodia en el Santa Sanctorum de Roma. Famosa es la mano de Santa Teresa de Ávila que Franco tomó de un convento de Ronda durante la Guerra Civil Española, para que le trajese suerte en su campaña.

Otras reliquias se refieren a alimentos relacionados con el Hijo de Dios y tenemos: la leche de Santa María Virgen, en la catedral de Oviedo y en Santa María del Pópolo en Roma; lentejas y pan sobrantes de la Ultima Cena en el Santa Sanctorum de Roma. Se sabe que en la antigüedad se veneraron raspas de los peces multiplicados por Jesus.

Prestos a la adoración, están expuestos algunos objetos personales relacionados con la Santa Figura: en el Vaticano hay una sandalia de Jesucristo; en la catedral de Valencia, el cáliz de la Última Cena; una de las 30 monedas por las que Judas vendió al Maestro está fundida en la campana de la catedral de Velilla del Ebro. El cuchillo con el que Cristo fue circuncidado se encuentra en el Museo de Prehistoria Contemporánea en Roma. La toalla con la que Jesús enjuagó los pies de los Apóstoles puede visitarse en la catedral de Valencia. El mantel de la Última Cena está en la iglesia de Coria, España. Por cierto, en relacion con la Última Cena, existen al menos dos mesas, una en la archibasílica de Roma y otra en la catedral de Sevilla. Tanto la basílica valenciana como la iglesia Santa María de Arriaga en Valladolid son propietarias cada una de un manto de Jesus. Los pañales del Divino Niño están custodiados por los Servitas de San Marcelo en Roma.

Propiedad privada de los Reyes de España, y depositada en la iglesia romana de Santa María la Mayor, hay una hebra de paja del pesebre de Belén. Además de la Sabana de Turin ya mencionada, nos encontramos con otra en Sangüesa y una más en la catedral de Oviedo, aunque ésta cubrió sólo el rostro del crucificado. La catedral de Valencia, muy rica ella en reliquias, se muestra muy orgullosa de poder enseñar el vestido púrpura que, por lo visto, regaló Herodes a Cristo.

La Virgen María, sería muy virgen y muy humilde, pero según las reliquias que han llegado hasta nosotros, sentía una cierta debilidad por los velos, a tenor de los que pueden verse en San Pedro de Roma, en la catedral de Jaén y, como no, otro más en Sangüesa.

Para no cansar al lector con esta interminable lista, me referiré para terminar a las reliquias mas curiosas y que por si mismas no necesitan mayor comentario, son las que siguen: Los 28 escalones de la casa de Poncio Pilatos, que se encuentran en un palacio en Roma. Lágrimas de Santa María, veneradas en Vendome. La lanza que hirió el costado de Cristo, en San Pedro de Roma. Espinas de la corona, cinco en la catedral de Oviedo y cuatro en la de Sevilla. La cola del asno que llevó a Jesús, en el Museo de Prehistoria Contemporánea. En Liria, cerca de Valencia, hay nada menos que plumas de los arcángeles Gabriel y Miguel.

Quizás la reliquia mas extraordinaria sea el suspiro de San José, que se encuentra en una botella depositada por un ángel en una iglesia próxima a Blois, Francia, y conservada ahora en el Sancta Santorum del Vaticano. Aunque es posible que algunos consideren aún mas portentoso el estornudo del Espíritu Santo, que guardado también en una botella se glorificaba en la iglesia de San Frontino y que hoy está en el Santa Sanctorum. ¿Quién dijo que los espíritus no se resfriaban?


Nelson Méndez en La BitBlioteca

 

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