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 Caracas, Jueves, 09 de febrero de 2012
 

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Sobre el movimiento nacional Constituyente

Oswaldo Álvarez Paz

I

La apelación a la voluntad originaria y soberana del pueblo nunca podrá ser considerada como contraria a Derechos en una verdadera democracia. Si nuestras convicciones son ciertas y si todo cuanto aprendimos en la Facultad de Derecho en materia constitucional es verdadero, difícilmente podrá señalarse una vía mejor para impulsar cambios estructurales básicos en el sistema político. Muchos menos cuando esta apelación es por órganos o autoridades emanadas de esa misma voluntad primaria y soberana.

En consecuencia, rechazamos por mentiroso e interesado, el argumento que coloca la eventualidad de una consulta popular sobre la Constituyente y, en caso de ser positiva la consulta, su efectiva convocatoria, fuera del ordenamiento jurídico y hasta como contraria al mismo. La historia de Venezuela, la del mundo y más específicamente, el moderno constitucionalismo latinoamericano, es rico en experiencias sobre la materia.

Cierto es que la mayoría de las veces a una Constituyente se llega para fundar un Estado nuevo o para restituirlo cuando sus instituciones han colapsado. Puede ser consecuencia de un proceso de ruptura, violento o no, llámese golpe de estado, revolución o como se quiera, pero siempre con el objeto de reconstruir, de reordenar la vida en sociedad y ésta en sus relaciones con el Estado. Pero también puede ser consecuencia de un proceso deliberado y consciente impuesto por la realidad del desgaste institucional. Y, además, necesario, para evitar la tragedia de una confrontación a sangre y fuego, consecuencia de una ruptura violenta. En las condiciones actuales, Venezuela camina inexorablemente hacia ella. Para nosotros constituye un imperativo categórico, un verdadero deber para con las futuras generaciones, evitarlo.

Para ello tenemos que construir caminos ciertos que nos permitan impulsar los cambios sin renunciar a la democracia y sin exponer innecesariamente la vida en libertad. El camino constituyente sirve para estos propósitos. Estamos dispuestos a asumirlo integralmente, por encima de los miedos y temores , mas allá de los riesgos que indudablemente existen y de los peligros que lo pueden amenazar. Estamos preparados y nos preparamos cada vez mejor. Este pueblo merece un destino superior al actual. Cuando el siglo XX llega a su final en circunstancias tan parecidas a las existentes en el crepúsculo del siglo XIX, no podemos cruzarnos de brazos esperando la tragedia, ni huir cobardemente ante quienes amenazan desde diversas posiciones el orden constitucionales de la República.

Somos demócratas probados en mil batallas. Viejas y nuevas. Más que eso, somos fanáticos de la libertad como columna básica de toda la organización política, económica y social del país. Por supuesto que se trata de una libertad responsable ejercida siempre dentro del Estado de Derecho y ajustada al sagrado principio de la legalidad, por cierto, bastante desdibujado entre nosotros. No propiciamos la ruptura del orden constitucional sino su perfeccionamiento . Entre la guerra y la paz, estamos con la paz aunque para lograrla tengamos que enfrentar en cualquier terreno a los violentos. También nos preparamos para esa eventualidad , en caso de ser necesaria.

Pero ni el miedo, ni los temores de un liderazgo gastado e incompetente, ni los intereses creados, ni los privilegios, las cuotas de poder personal o de grupo, groseramente concentrados en manos de quienes administran el sistema, pueden llevarnos a la traición de aceptar como bueno y conveniente para el futuro de Venezuela, este estado de cosas que el pueblo rechaza con sobrada razón. Mucho menos podrán influirnos, la mezcla de la comodidad e ignorancia con no poca corrupción, que actualmente nos gobierna desde el poder ejecutivo, desde el Congreso o desde los órganos de administración de justicia.

Igualmente rechazamos la pretensión de quienes furiosamente se oponen al cambio, de presentar a la constituyente como sinónimo de dictadura o de caos y a lo actual como equivalente a democracia y legalidad. Ni este desastre es verdadera democracia ni las constituyentes se convocan para matar al Derecho, sino más bien para reconstituir la estructura fundamental de una nación cuando el sistema se derrumba o cuando las incomprensiones obligan a crear un nuevo escenario para cumplir civilizadamente con ese propósito. Es allí donde tendrá que realizarse el diferido debate que se está eludiendo desde hace varios años . Así, de la confrontación verdaderamente democrática entre las particulares visiones que cada cual tiene de la Venezuela que quiere, saldrán las aproximaciones necesarias para el nuevo proyecto Nacional. Lo otro es la violencia física y moral en las calles. En otras palabras, la guerra.

No hay nada nuevo ni original en todo esto. No hay, en ninguna parte del mundo, ni constituciones totalmente nuevas ni constituyentes originales. Para Venezuela se trata de un reto a la inteligencia, a la imaginación y al coraje del pueblo y de sus líderes.

II

Nos han llamado "tontos útiles" y nos acusan de hacerle el juego al candidato Chávez, quien ha tornado como propia la bandera constituyente. La involución de algunos de los más responsables es tan espantosa que piensan que si ese candidato hace o dice cualquier cosa, nosotros, o regla de juego, debemos hacer o decir todo lo contrario. Se olvidan que el sentimiento constituyente tiene una aceptación en el pueblo muy superior a la intención de voto existente por ese señor, de acuerdo a todos los estudios de opinión. Y, no entienden que Chávez quiere una Constituyente contra la Constitución, asumiéndola en tono amenazante y retador contra las instituciones, mientras que nosotros la planteamos para reconstruir, para reconstruir, para perfeccionar un orden jurídico y un sistema político incapaz de detener a la barbarie y a los"Sanchos" envilecidos de este tiempo y de propiciar cambios para avanzar, como está sobradamente probado.

Nosotros nos proponemos reformar las estructuras institucionales de la República para mantener vivas y con mejor funcionamiento esas instituciones.

Para destruirlas, para imponer la dictadura, un régimen totalitario o autocrático, para desconocer el Derecho como ente regulador de la vida en sociedad, para matar, robar, expropiar, para gobernar discrecional y arbitrariamente, no hace falta Constituyente alguna. Para esos fines, una Constituyente , como muy bien ha sido dicho por el doctor Allan Brewer Carías, más bien estorba y lo hace casi imposible. El mejor aliado que tienen los enemigos de la democracia y la libertad, es esta criatura tragicómica de país en que están convirtiendo a Venezuela. Vamos a impedirlo.

III

Es importante destacar que hay cosas fundamentales que ningún constituyente puede cambiar. Sea cual sea la composición de la próxima Asamblea Constituyente ,es indispensable alcanzar un consenso sobre los principios intocables del régimen venezolano. Aquellos que de ser destruidos podrían ser el detonante para una revolución violenta, o para una guerra o para la creación de otro Estado nacional. Esto es trascendente, ya que en la propia Constitución vigente no hay norma alguna que prohiba cambios con relación a las materias.

Logrado ese consenso inicial, tendríamos que determinar cuales son las modificaciones riesgosas e iniciar el debate sobre la reconstrucción del Estado y su reforma. Esto incluye las definiciones ideológicas contenidas en el Preámbulo y la lista de los llamados Derechos y Garantías. Temas como la representatividad y la participación en la democracia, el presidencialismo y la difusión del poder, el centralismo y la descentralización, la municipalización de la vida pública, la constitución económica y sus orientaciones maestras, el sistema electoral con su carga de opciones diferentes, son apenas algunos de los aspectos que reclaman intenso debate y un arduo proceso de elaboración.

Nuestro objetivo mayor es cambiar este sistema democrático, presidencialista , absolutamente centralizado y de partidos que mantienen el monopolio de una cada vez mas desconocida representividad, por otro que siendo igualmente democrático sea más participativo y descentralizado.

Centralismo y democracia son cada vez más excluyentes. Descentralización y participación serán las bases del nuevo sistema.

IV

Existen distintos caminos para llegar a la constituyente. El menos traumático y el que se acerca mas a nuestras convicciones , es el que se enmarca dentro de la constitución vigente. Como no esta prevista su convocatoria ni tampoco la posibilidad por medios ordinarios de reconstruir el sistema político y cambiar las bases institucionales de la nación, nos sumamos a las voces de quienes plantean la necesidad de hacer una Enmienda al texto de la misma para incluir la convocatoria a la Asamblea.

Pero como tal cosa viene siendo planteada desde hace muchos años estando incluida en el Proyecto de Reforma Constitucional presentando al Congreso por la Comisión Bicameral designada en 1989 para tal fin, presidida por Rafael Caldera, sin que se haya aprobado y sin que el citado Proyecto de Reforma se haya podido concretar; es necesario obligar al liderazgo actual apelando a la voluntad originaria y soberana del pueblo mediante un referéndum que se realizaría el mismo día de las elecciones . La consulta sería para que el pueblo se pronuncie sobre la necesidad o no de la Constituyente y de la Enmienda constitucional que la contemple.

Si el pueblo se pronuncia mayoritariamente a favor, el próximo Congreso tendría un mandato ineludible que cumplir como la primera de sus obligaciones.

El fundamento legal para esta consulta está en el artículo 4 de la Constitución vigente y en la actual Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política. La iniciativa la tiene solamente el Presidente de la República en Consejos de Ministros, las Cámaras Legislativas reunidas en sesión conjunta o el 10 % de los electores. Este mandato no podrá ser desatendido. Las consecuencias podrían ser gravísimas no se necesita reformar la Constitución ni ley vigente alguna para hacer esta consulta.

También hay modalidades de constituyentes y no es uniforme en la historia su integración ni los mecanismos para regularla, si fuera el caso.

Repetimos que ninguna constituyente puede arrasar con todo. Ni siquiera las revoluciones lo logran. La reconstitución tiene que hacerse cabalgando sobre las realidades culturales y hasta psicológica preexistentes. No van a desaparecer de la noche a la mañana por hechos políticos. Hay que construir sobre ellas. Este otro tema para el debate que se está iniciando en todo el país. Existen proyectos concretos de integración de la Asamblea, mecanismos de convocatoria, sistema de elección, incompatibilidades, mecanismo para el control de la legalidad de sus actuaciones procedimentales y definición de sus objetivos y alcances. Uno de ellos, lo compartimos plenamente, fue planteado en 1992 y retomado ahora de nuevo, por el Dr. Allan Brewer Carías. Invitamos a todos los sectores nacionales, identificados o no con la idea constituyente, a discutir sobre estos y otros aspectos que hagan posible el mayor consenso posible sobre las reglas básicas que deben regir este delicado proceso. No hay ni habrá " salto en el vacío". Lo que si hay es una insobornable voluntad para impulsar los cambios.

V

En consecuencia de todo lo expuesto y de cuanto hemos dicho y hecho en el tiempo sobre la necesidad de impulsar este mecanismo democrático para reconstruir a Venezuela sobre bases distintas y mejoras distintas y mejores que las que actualmente le sirven de fundamento, invitamos a cerrar filas en un gran movimiento nacional constituyente, cuya formación estamos promoviendo. La constituyente no puede ni debe ser bandera de un candidato a la Presidencia, ni de un partido, ni alimentarse con intereses subalternos ni inmediatos. Nuestra lucha es por unos objetivos y propósitos que trascienden tanto el hecho electoral de noviembre como el diciembre. Está planteada en el momento coyuntural más dramático de nuestra historia contemporánea. Los caminos del sistema han sido bloqueados por lo que nuestra acción es inaplazable.

Este movimiento cumpliría con la función pedagógica de informar y formar al pueblo sobre la necesidad, la naturaleza, los alcances y los objetivos finales del proceso constituyente. Por otra parte serviría para estructurar sólidamente el mayoritario pero disperso sentimiento humanista, democrático y libertario que debe servir de base para la construcción de la Venezuela del mañana. Debemos prepararnos para la Constituyente y utilizar todas las tribunas, todos los escenarios y todos los medios posibles para exponer nuestras ideas y para calificar nuevos y viejos actores que no se resignan a que su voluntad de cambio sea confiscada por el poder constituido. En esos esquemas no se siente representado el pueblo. Esa voluntad tampoco será atropellada por la incultura, la improvisación, el odio o los resentimientos que pueden llevarnos a una confrontación violenta.


Ver Referéndum de Venezuela Analítica sobre la Constituyente

Otros documentos sobre la Constituyente y las elecciones de 1998


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