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La OMC y la globalización: ¿diablo o ángel?

Óscar Hernández
oscar_hernandez_ve@yahoo.com
Diplomático venezolano. Representante Alterno ante la OMC

Ginebra, junio de 2001
La globalización en La BitBlioteca

Sin que nos diéramos cuenta la «Globalización» y la OMC parecieron convertirse en una misma palabra. La matriz de opinión mundial aterrizó las frustraciones de la mudialización del planeta nada mas y nada menos que en la Organización Mundial del Comercio. Este organismo internacional está compuesto por 141 naciones que toman decisiones (derechos y obligaciones) sobre la base del consenso. Esto quiere decir que en la practica no es una «entidad», a espaldas de las naciones toda vez es una organización dirigida por los países miembros. No hay que hacer un gran esfuerzo para ver como las protestas contra el capitalismo y que se han dado particularmente a partir de Seattle, han ideologizado que los males de la globalización pasan obligatoriamente por la OMC. Esa visión no encuentra una contundente respuesta con la otra cara de la moneda la cual permitiría afirmar que posiblemente las soluciones al deterioro económico de algunos países esta en la sobre vivencia de organizaciones multilaterales que precisamente tienen las características y el mandato de la OMC.

Lo sorprendente es que a pesar de las protestas, diversos sectores de la «sociedad civil» encubiertos como «pro-terecermundo» y activistas insignes como José Bové, coinciden y concentran sus esfuerzos por acabar con la «mundialización» desde las capitales del mundo desarrollado con bien entrenados activistas que provienen de países con sistemas de educación de primera línea, salud garantizada y niveles de vida similares a los de cualquier ejecutivo medio en un país en desarrollo. Ninguno de estos personeros se preocupan de las dificultades de acceso a los mercados de los países en desarrollo a los países Europeos o apoyan la lucha legítima de los países productores de petróleo por precios justos. Ninguna manifestación se dio por ejemplo a favor de Venezuela cuando los Estados Unidos intentó un régimen proteccionista disfrazado de ambientalismo en el caso de la gasolina «reformulada» o cuando hay medidas antidumping desenfrenadas que perjudican exportaciones de países del tercer mundo. Los casos se han resuelto por la vía legal en la OMC

Por otra parte, mientras el Sr. Bové aspira a proteger las políticas comunitarias a favor de los agricultores franceses, los países del mundo desarrollado lo que claman es acceso a sus productos agrícolas en los mercados de Europa que permanecen cerrados gracias a la existencia de políticas precisamente proteccionistas que perjudican la exportaciones de muchas economías del mundo en desarrollo.

Por supuesto, muchos de los «lideres» antiglobalización también viajan en clase ejecutiva. Cuando se trata de salvar el mundo algunas debilidades se pueden tener al fin y al cabo se puede ayudar resolver los problemas de los más necesitados en el sur sin darle el mismo nivel a los principios que se pregona y a las convicciones éticas. Entre otras, por supuesto es no iniciar protestas hasta tener seguridad de que CNN este en primera fila. Como bien me comentara recientemente un amigo activista que protesta contra la globalización pero quien no lo puede hacer sin su «celular» o su Thinkpad de IBM. «Necesitamos que nuestras ideas lleguen al mayor número posible de personas». ¡Es elemental, mi amigo, para ello se te excusa usar algunos de los beneficios tecnológicos de la globalización! Al fin y al cabo lo que vendes es otro producto. ¿Cierto?

Aun recuerdo los activistas que rompían las vitrinas de exótica tienda Nike en Seattle. Mirar a sus pies era simplemente verificas que la mayoría usaba los mismos Nike que se producen por cierto en un país también del Tercer Mundo. Al fin y al cabo se defenderían diciendo son un símbolo de la Globalización aunque ellos sean buenos. Perdón, de lo que se trata es que ellos querían era protestar era por los bajos salarios que le pagan a los trabajadores esas transnacionales en Asia y el uso de niños en faenas laborales. Entendemos, pero lo que pasa es que los pases en desarrollo no requieren que ese tema se trate en la OMC para que después no tengan los países desarrollados proteccionistas otra excusa para no aceptar sus productos.

La ironías de todo es que gracias a la bien formulada campaña contra la globalización una buena matriz de opinión se ha creado contra ella. La globalización es mala y la OMC es uno de sus «diabólicos» instrumentos. Sin embargo, países en desarrollo y países como Rusia y China insisten en formar parte de esa organización. ¿No es ello contradictorio? Esta aparente contradicción no tiene otra razón de ser sino fuera porque efectivamente el mundo necesita un sistema multilateral del comercio, que sea justo y fuerte. La tendencia mundial es ir hacia una sociedad internacional basada en reglas y no en utopías. Alguna vez un académico indicó que el problema con el sistema internacional es que tenia «demasiadas cartas de Navidad».

Para los países miembros de la OMC la liberalización del comercio no es un fin en si mismo. Este no es sino un medio para garantizar mayor justicia entre naciones en sus relaciones comerciales, mayor participación hacia el logro de objetivos de bienestar humano a través de la generación y el intercambio tanto de bienes como servicios. ¿Hay algo de perverso en eso?

Muchos sectores de la sociedad civil y que tiene un papel importante de jugar han caído en la trampa de convertir a un mecanismo que puede a través de sus principios ayudar a los más débiles en visualizarlo como en una de las causas de los males de las naciones. Lo lamentable es comprobar como muchos de los que por décadas se han beneficiado de los beneficios del comercio internacional hoy comienzan a utilizar su supuesta preocupación por los problemas de los países mas pobres como una formula para esconder su profundo incapacidad de competir en un mundo globalizado que ya no solo les pertenece y que le puede dar oportunidad a los mas débiles y pequeños de demostrar su capacidad creativa y su capacidad de competir en sus mercados. Una cosa es aspirar a un rostro humano en la globalización y la otra es pensar que es irreversible.


Óscar Hernández en La BitBlioteca



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