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El mural de los lamentos

Otrova Gomás

El Nacional, miércoles 14 de abril de 1999

Por una de esas extrañas paradojas del destino, en la tarde del 10 de marzo de este año, cuando me disponía a disfrutar de una experiencia que imaginé que sería altamente placentera, tuve la desgracia de terminar sufriendo dos momentos bien desagradables.

Regresaba a los predios internos de la Universidad Central de Venezuela luego de una larga ausencia cercana a los diez años, para asistir a un foro sobre el mural de Pedro León Zapata a ser instalado en el muro frente a la autopista del Este, y cuál no sería mi sorpresa cuando al entrar caminando por la puerta que da hacia la Plaza Venezuela, me enfrenté a un lamentable espectáculo de abandono, de desidia y suciedad, y a unas construcciones recientes completamente absurdas y fuera del contexto arquitectónico original de tan importante obra. Para agravar el tamaño de los fantasmas de aquella pesadilla, por todos lados se veían muros pintados con garabatos y letreros deprimentes, haciendo juego con kioscos mal olientes, tarantines de segunda en una verdadera y descarada ofensa a la memoria del gran maestro Carlos Raúl Villanueva. Es difícil describir el choque que produce ese espectáculo inmisericorde de barbarie contra una obra del valor arquitectónico de la UCV, cuando se le ha conocido en los gloriosos días de su inauguración y se ha tenido el placer de haber vivido en sus aulas y disfrutado por muchos años de sus parques y jardines sin la presencia ofensiva y lamentable de las actuales rancherías, ventas de fritanga y muros sucios y llenos de grotescos mensajes publicitarios. Lo peor fue, que aun sin haberme repuesto de los dolorosos efectos de aquel paisaje deprimente, me encuentro que en el foro organizado por la Escuela de Arquitectura sobre el mural de Zapata, los miembros de la Comisión de Conservación de la Ciudad Universitaria manifiestan que han renunciado en pleno a sus cargos porque la instalación del mural rompe con la imagen arquitectónica de esa casa de estudio y porque se va a levantar sin habérseles consultado. Confieso que a pesar de que me vanaglorio de ser una persona extremadamente tranquila y dueño de mis actos, en aquel instante tuve que hacer un gran esfuerzo para controlarme y no ser preso de la ira.

Ya un poco más repuesto de los sinsabores de tan infortunada tarde, con los pies sobre la tierra y consciente de los inevitables desafueros que ha producido por todas partes la crisis que vivimos, hoy no me queda más que ratificar algo que dije durante el foro: me alegro enormemente de la renuncia de todos los miembros de la Comisión de Conservación de la Ciudad Universitaria, y los felicito, pero por la notable incapacidad que tuvieron para salvar lo que fuera un verdadero monumento de la belleza arquitectónica del país, por la manifiesta ineptitud para oponerse a los exabruptos cometidos en todos sus rincones, y por la torpeza de la cual son responsables por no haber sido capaces de organizar un gran movimiento universitario para conservar lo que en cierto momento pudo haber sido un patrimonio cultural de la humanidad. Lo que parece a todas luces lamentable, es que en lugar de haber renunciado cuando ocurrían los hechos de salvajismo que son visibles hasta para el más degradado de los arquitectos, lo hagan ahora usando como razón para ello la instalación de una obra de arte en un muro el cual nunca ha sido otra cosa que el receptor sin dolientes de las muestras más horripilante de nuestra degradación estética, y para colmo, que es realizado por uno de los artistas plásticos más importantes que haya tenido Venezuela.

En el transcurso de la historia se ha demostrado los desafueros de que son capaces algunos personajes siniestros cuando están ligados a alguna forma del poder y cómo sus opiniones algunas veces determinaron el curso de los acontecimientos en perjuicio de valores fundamentales, por desgracia si en el ámbito del arte es en donde han ocurrido algunos de los momentos más patéticos, con los murales los ejemplos han sido aterradores: como ocurrió en el antiguo Egipto cuando la dinastía reinante sustituyó a la figura de sus dioses y produjo cambios dramáticos en los murales del palacio de Knosos, o en la iglesia de La Hagia Sophia de Estambul, en donde las fuerzas del islamismo triunfante pretendieron tapar con arcilla las maravillosas pinturas de los muralistas bizantinos, o el de Miguel Ángel, con sus ofensivos desnudos, o las obras de Diego Rivera, aterrorizadas por todos lados, desde la del Hotel Reforma y el Dios no existe, hasta con Nelson Rockefeller queriéndole borrar la imagen de sus héroes del pensamiento. Afortunadamente los que se oponen a este mural por el hecho de que no les guste la pintura de Zapata no podrán lograr imponer su cometido, es una obra de proyecciones únicas que fue legítimamente autorizada por el Consejo Universitario en acuerdo con Fundarte, en un gesto loable y en la más pura interpretación de lo que habría sido la voluntad del maestro Villanueva, para darle un respiro a los miles de conductores que diariamente pasean sus amarguras y frustraciones frente a la universidad.

Después que tuve ocasión de ver parte del mural definitivo, no me quedó más que sentir un poco de pena por sus opositores, porque pasará el tiempo, sé que de no hacerse algo la universidad quedará completamente irreconocible, sumida en el deterioro y en el abandono, pero afuera siempre brillará el mural. Me lo imagino iluminado y apoteósico dándole vida a la oscuridad de la noche, mientras que muros adentro, sus detractores pasarán a la historia como los que se opusieron a la obra. Afortunadamente, con este mural la ciudad habrá ganado una importante batalla contra el poder casi omnipotente de sus eternos destructores.


Luis Britto-García, Breve historia de la pintura mural
Ábner Colmenares, Ciudad Universitaria de Caracas: patrrimonio en riesgo de destrucción
El Nacional, El mural de la discordia (editorial del 5/4/99)
Información de El Nacional sobre el mural de Pedro León Zapata
Roberto Hernández Montoya, Risas



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