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Diabólico Aunque nos cueste creerlo, el mundo no siempre fue así. Las oficinas y las redacciones de los periódicos por ejemplo eran más ruidosas. Estaban invadidas por una suerte de stacatto sinfónico, notas que brotaban del golpeteo incesante de los dedos sobre las teclas y de las letras sobre el rodillo de la máquina de escribir. Letras moldeadas en estilizadas varillas de metal rebotando rítmicamente sobre un rodillo de linóleo o de caucho muy comprimido. Había que colocar el papel limpio en el rodillo y darle vuelta, luego se tomaban sus cuatro puntas y se hacían coincidir para que el texto se mantuviera horizontal, paralelo al borde superior del folio. Periódicamente había que lidiar con kilómetros de una cinta entintada, a veces de rojo y negro, empeñada en zafarse en los momentos más inoportunos de las minúsculas orejuelas que intentaban mantenerla tensa frente a la hoja de papel. Las copias se hacían con papel carbón y los errores se corregían con Tipex. Estos rituales podían repetirse también, aumentados, en el hogar, a donde muchos solían llevar trabajo extra y otros escribieron inolvidables páginas durante más de un siglo de traqueteo. Recordar estos episodios de ingenua dificultad puede producir escalofríos en quienes han accedido al mundo de la computadora personal y del procesador de palabras. Los oídos del operador de hoy se entregan más bien a una suerte de scherzo que se entretiene en un pentagrama monótono, discreto, de notas educadas por la onomatopeya del interruptor eléctrico. Este chasquido cibernético se ha convertido en un inconfundible emblema sonoro de esta época. Muchos profesionales que han de lidiar diariamente con las palabras, con los números o las imágenes encontraron en las computadoras personales un alivio al stress" de la mecánica, y fueron seducidos por un ayudante eficiente para las tareas conexas: borrar, repetir, copiar, archivar, reescribir, editar Los procesadores de palabras, las bases de datos y las aplicaciones gráficas se perfeccionaron, se tornaron amigables y ahora exigen muy poco o casi nada del usuario. Durante casi dos décadas las computadoras han estado penetrando las casas, las oficinas y otros lugares de trabajo para hacernos más felices y eficientes. Sorry, host not found Todo era cómodo, todo iba bien mientras las máquinas se usaban para escribir textos, para jugar ajedrez y solitario, o incluso para disfrutar las enciclopedias y los juegos electrónicos en soportes de CD-ROM. Pero ahora, con el ruidoso advenimiento de las comunicaciones, de Internet, faxes y teléfonos, el aparato se tornó desafiante y exigente. De la noche a la mañana, como suelen moverse las tumultuosas corrientes del nuevo mundo informático, al mercado de computadoras advino el módem y, con él, los programas de comunicaciones adheridos a decenas de servicios de acceso a la red global de data, básicamente correo electrónico y el babélico universo de Internet. Y aquí terminó la paz de los usuarios no especialistas, de quienes usaban la computadora con la misma frecuencia e ingenuidad con la que abrían la nevera o usaban el teléfono diariamente. Las nuevas máquinas vinieron armadas de programas y accesorios complejos que implican horas de estudio y descomunales acertijos. Los nuevos equipos traen dispositivos de comunicaciones inextricables para el usuario corriente, acostumbrado a la comodidad del procesador de palabras. Su sistema operativo y la estructuración del Window 95, suelen traer instalados protocolos y aplicaciones de Microsoft e IBM para conectarse a la red global que complican las operaciones con otros servidores. Las famosas bandejas de entradas y salidas, los dial up, y las configuraciones predeterminadas complican la relación con servidores como Compuserve. No todos los browsers (Netscape o Explorer) funcionan eficientemente con las aplicaciones de los servidores. El Compuserve 3.0.1 no funciona en todas las máquinas. Para instalar correctamente las aplicaciones de comunicaciones, las empresas servidoras tienen que enviar a sus técnicos para configurar las máquinas. Los técnicos son jóvenes medio conocedores que terminan «cargándose» archivos y programas vitales de otras aplicaciones. Hoy no se pueden combinar los programas sin saber cuales son los DNS, los gateway , hay que saber reconfigurar los PPP y los NTS, y de todas maneras la pantalla dirá con aburrida frecuencia que hubo un error del winsock, que el host was not found, o que el dial-up no está funcionando adecuadamente. Obviamente no era esto lo que el público quería, la mayoría no quiere convertirse en un especialista de comunicaciones, sino seguir siendo un usuario feliz y desprevenido. Si usted está teniendo problemas, no se culpe. Tenemos información amplia y confiable de que los navegantes que más disfrutan los toboganes topológicos de Internet suelen reiniciar el equipo varias veces durante una sesión para restaurar las configuraciones preestablecidas, reconfiguran su disco duro o cargan el sistema operativo ¡hasta dos veces semanales!, y para ello han comenzado a dotarse de unidades externas para hacer y almacenar backups de sus documentos y direcciones, que suelen perderse cada vez que se reinstalan los sistemas originales. La historia de la máquina de escribir ya había pasado de la era mecánica a la eléctrica, de la varilla a la bolita, del carrete al cartucho, cuando se apagó la luz de su evolución y fuimos transportados a este diabólico pasado, a esta prehistoria de las comunicaciones vía módem. Estamos impacientes, esperando el próximo paso.
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