|
|
|
|
![]() Biblioteca electrónica. Caracas, Venezuela Home Contáctenos Comentarios a La BitBlioteca
Buscador
|
|
Domésticas 03/04/2000 Todo padre debe tener una buena biblioteca nada más que para responder las preguntas que hacen los carricitos de hoy. En estos días, una de las Villeguitas le preguntó a su papá si la señora Clodia era una doméstica o una señora de servicio. «¿Quién es Clodia?», preguntó él. «¡Papá! La señora que trabajaba en la casa de mi tía Valentina, la que cargaba todo el tiempo a Carlos Augusto el día de mi cumpleaños?». «¿Y qué pasó, ya no trabaja ahí?», insistió sorprendido. Respondiendo con preguntas, Villegas se daba tiempo para encontrar la diferencia entre una doméstica y una señora de servicio. Esa noche consultó en su biblioteca las notas del libro inédito Secretos y obscenidades de la intimidad nacional que le había dejado su amigo Dagoberto Planz. Allí encontró un capítulo entero dedicado a cuchicheos sobre el tema y revisó un largo glosario de marbetes que establecían el significado y los orígenes de los diversos nombres: empleada, señora de servicio, doméstica, ama de llaves, sirvienta, criada y una docena de expresiones despectivas que no juzgó conveniente compartir con su pequeña. Al día siguiente intentó resumir la explicación que había leído en el texto de su amigo, siempre un tanto heterodoxo, demasiado «brasileño» para su gusto, y seguidor de las corrientes francesas inauguradas por Philippe Ariès y Georges Duby que contrastan el «hombre cívico» con el «hombre interior», la historia de lo público con la historia de los privado. En el caso de Secretos y obscenidades la mezcla le pareció especulativa pero interesante. En resumen, y según el estudio, a una señora de servicio le salen canas durante la vida que comparte con los dueños de la casa. Estos, a su vez, le bautizan a los hijos y asisten a sus inicios en el colegio y a su graduación universitaria. Ellas implantan tradiciones culinaria , tararean una que otra lullaby para arrullar a los niños, resisten las inquietudes iniciáticas de los púberes y asisten a los velorios de toda la familia. Es en general una especie en extinción. La domésticas, en cambio, suelen tener problemas de papeles y pasaportes. Salen todos los fines de semana y llegan el lunes por la tarde. Les inquietan las telenovelas del mediodía tanto como las de la noche. Cambian los muebles de lugar y duran muy poco. Esto opina, ¡ojo!, el autor del estudio explicó Villegas a sus hijas. La nueva generación La conversación familiar regresó al caso de la señora Clodia, que acababa de dejar la casa de la tía Valentina. «¿Por que se fue?», preguntó el padre. La madre explicó que un día la tía Valentina extravió su libro del I Ching. No lo encontraba por ninguna parte. Y de pronto lo localizó sobre el televisor de Clodia. Ella le explicó que le gustaba leer y que lo había tomado prestado por unos días. Más tarde, cuando la tía Valentina no podía encontrar los libros de Raymond Carver entró de nuevo al cuarto de Clodia y los encontró junto a El exilio del tiempo de Ana Teresa Torres, El camino de la alteridad de López Ortega y El cuarteto de la infancia de Adolfo Couve. Clodia le explicó que estas lecturas le ayudarían para terminar un texto que deseaba enviar al Concurso de Cuentos de El Nacional. Valentina la botó. Cuando Villegas le contó este episodio al antropólogo Dagoberto Planz, este le adelantó que tenía listo un apéndice sobre la nueva generación de servicio doméstico, y le contó que hace unos días la administradora de un restaurante del Este de la ciudad puso un aviso en el periódico solicitando una muchacha para cuidar a los niños y realizar algunas tareas del hogar mientras ella asistía a su trabajo. Después de entrevistar a unas veinte muchachas se presentó una atractiva jóven venezolana de unos treinta y tantos años, que resultó ser egresada universitaria, con cuatro idiomas y mucha desesperación por el trabajo. Le explicó que acababa de regresar de Miami y Chicago después de vivir allá tres años en compañía de su hermano menor porque no habían obtenido los papeles necesarios para quedarse. Que necesitaba el trabajo y que aceptaba el sueldo que la señora tenía contemplado. El hermano de esta joven también fue contratado días más tarde en el restaurante del cuento, donde se presentó con disposición a realizar cualquier oficio: «Puedo ser acomodador, lavar los carros, atender a los comensales, atender la barra, limpiar los baños, lo que sea». Dos semanas más tarde se reveló como un excelente chef de cocina, con formación en una escuela de cocina, experiencia en numerosos platos y en coctelería. Hoy se ha convertido en la mano derecha del chef oficial y del dueño del restaurante. Si estos episodios de la nueva Venezuela constituyen una tendencia, todo parece indicar que la tía Valentina se equivocó cuando salió de Clodia.
|
|||||||||||||||||||||||||
|
||
|
Copyright © 2000 - 2005 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas. |
|
|