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Estilacho

Pablo Antillano
pabloa@viptel.com

El Nacional, 24 de febrero de 1999

El hombre tiene su estilo. Es tan notorio, tan avasallante, que la nación entera discute hoy sobre problemas de estilo. Las expresiones políticas de este estilo han logrado exasperar, irritar, crispar a una buena parte de quienes se ocupan de seguir los asuntos públicos y políticos. Otros, en cambio, con más sentido del humor, como Omar Estacio y buena parte del formidable staff de articulistas con los que cuenta el Zeitgeist venezolano, se dedican a cazar las infracciones retóricas, o más bien los escándalos semánticos, que habitan el lenguaje del Presidente.

En una reciente tertulia, amenizada con chistorras y vino español, un par de eruditos delirantes nos mostraron sus anotaciones sobre la red de metasememas que pueblan los discursos que vienen de la cúspide. Los entendidos llaman metasememas, vaya, en términos gruesos, a las figuras que sustituyen una palabra por otra. Las metáforas, por ejemplo, son formas de esta sustitución. Cuando en el lenguaje figurado alguien usa la palabra vela para referirse a un barco se produce esta sustitución del nombre propio por un elemento relativamente «anormal».

Nuestros expertos en retórica nos explican que estas sustituciones se hacen a través de mecanismos de adjunción o de reducción, por la suma de significados o por la reducción de ellos. A veces el cambio de la palabra puede conducir a un cambio también del sentido, y entonces el que escucha no logra validar la identidad de la imagen que intenta provocar el que habla. Un desastre.

Entre las desviaciones más frecuentes del sentido, está lo que se ha venido llamando la polisemia, que es cuando una figura retórica se presta a muchas interpretaciones como ocurrió el día que dijo, palabras más , palabras menos, «si el fallo de la corte me es adverso, sacaré el pueblo a la calle». Pero también pueden producir oscuridad otras desviaciones provenientes de la redundancia o de la reducción extrema, o los usos excesivamente arbitrarios de las metáforas, las metonimias, la antonomasia, o la sinécdoque. Esta última especialmente exigente en la medida en que sustituye lo general por lo particular, el todo por la parte, lo más por lo menos, el género por la especie. Opera por ejemplo cuando se nombra a Cicerón para referirse a un conjunto de oradores, es una especie en relación a un género, o al «conductor» por «el pueblo».

Las voces enigmáticas

No se sumará esta columna, por ahora, a las muchas que destina la prensa diaria para desmontar los elementos del nuevo discurso «cívico-militar» (ver Roberto Giusti) , y mucho menos a fastidiar al lector dominical con las disquisiciones de Benedetto Croce o Suassure sobre el implacable desiderátum de la neo-retórica, o del lenguaje de los medios de «persuasión». Por el contrario vayan aquí algunas claves prácticas para el entretenimiento de los que hablan y los que escuchan.

Fue Jorge Luis Borges, como siempre, quien en su endiablada navegación bibliotecaria dio con las Kenningar, menciones enigmáticas de la poesía de Islandia del año 1000, y cuya revisión hoy podría dar luces a quienes elaboran, quienes disfrutan y quienes descifran los discursos patrióticos de nuestros días.

Estas imágenes Kenningar, que ofrecen a quien quiere decir cadáver la posibilidad de decir alimento de cuervos, y a quien quiere decir batalla le invita a decir tempestad de espadas constituyen, según Borges «el primer deliberado goce verbal de una literatura instintiva». Y, según Snorti Sturluson, el primer arqueólogo (1230) que los interpretó con fines preceptivos, «esta clave se dirige a los principiantes que quieren adquirir destreza poética y mejorar su provisión de figuras con metáforas tradicionales o a quienes buscan la virtud de entender lo que se escribió con misterio…»

Antes de ofrecernos un sorprendente listado de imágenes y las claves de su interpretación, Borges las define así: «Predomina el carácter funcional en las Kenningar. Definen los objetos por sus figuras menos que por su empleo. Suelen animar lo que tocan, sin perjuicio de invertir el procedimiento cuando su tema es vivo. Fueron legión y están suficientemente olvidadas: hecho que me ha instigado a recopilar estas desfallecidas flores retóricas».

Prepárense, vamos al grano.

Manual para el enriquecimiento retórico:

EL AIRE: casa de los pájaros, casa de los vientos.

LA BATALLA: asamblea de espadas, tempestad de espadas, encuentro de las fuentes, vuelo de lanzas, canción de lanzas, fiesta de águilas, lluvia de los escudos rojos, fiesta de los vikings.

EL MAR: techo de la ballena, tierra del cisne, camino de las velas, campo del viking, prado de la gaviota, cadena de las islas.

EL MUERTO: árbol de los cuervos, avena de águilas, trigo de los lobos.

EL ORO: fuego del mar, lecho de la serpiente, resplandor de la mano, bronce de las discordias.

LA TIERRA: mar de los animales, piso de las tormentas, caballo de la neblina.

LA SANGRE: riacho de los lobos, marea de la matanza, rocío del muerto, sudor de la guerra, cerveza de los cuervos, agua de la espada, ola de la espada.

EL VIENTO: hermano del fuego, daño de los bosques, lobo de los cordajes.

EL REY: señor de los anillos, distribuidor de tesoros, distribuidor de espadas.

EL RIO: sangre de los peñascos, tierra de las redes.

LA PAZ: reposo de las espadas.

EL PECHO: casa del aliento, nave del corazón, base del alma, asiento de las carcajadas.

EL CIELO: yelmo del aire, tierra de las estrellas del cielo, camino de la luna, taza de los vientos.

LA BARBA: bosque de la quijada

EL BANCO: árbol de asiento.

EL BRAZO: fuerza del arco, pierna del omóplato.

EL BUITRE: cisne sangriento, gallo de los muertos.

LOS DIENTES: riscos de las palabras.

EL CORAZÓN: manzana del pecho, dura bellota del pensamiento.

Suspenderemos aquí el listado de estas magníficas metáforas que Borges reúne, junto a muchas otras provenientes de las antiguas literaturas germánicas y anglosajonas, aunque también de Las mil y una noches, en el breviario Antiguas literaturas germánicas publicadas en México en 1951. Todo sea dicho en nombre del placer y de la salud del estilo que hoy flota en la casa de los pájaros.

          


Pablo Antillano en La BitBlioteca



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