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Sección: Bitblioteca
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Psicos Los libros de sicología se bajaron de los anaqueles tradicionales para cohabitar en los mesones de las librerías con la avalancha de la autoayuda. Los textos de Freud, de Jung, de Hillman, de López Pedraza, han pasado a formar parte de una extraña mezcla de títulos que combina bajo una misma oferta a religiones orientales, yoga y mitologías antiguas. A su lado yacen las recomendaciones de Louise Hayes, los consejos de Deepak Chopra, las revelaciones de Fritjof Capra y la extensa bibliografía de la Nueva Era. No faltan en el mismo mesón decenas de libros de dietas, masajes, flores de bach, manos que curan, masajes, alquimia, pronósticos, horóscopos, runas y recetas vegetarianas. A pesar de que todos estos libros reclaman para si la certeza, exactitud y sabiduría que en el pasado eran monopolio de las ciencias y la racionalidad, todos comparten viejos lugares comunes sobre la espiritualidad, la energía, el misticismo y el acceso al intangible submundo de lo inconsciente. Ahí es donde al parecer la sicología ha obtenido su visa hacia la popularidad. En ese contacto con el misterioso mundo del inconsciente, el mercadeo de la autoayuda y el esoterismo se conectan con los recetarios del sicoanálisis, el campo freudiano, el conductismo y la sicología arquetipal. Aprovechando esta corriente tópica, las grandes editoriales de la sicología han asaltado, literal y astutamente, los mesones de la autoayuda. No han ahorrado, por ejemplo, en la publicación de decenas de enciclopedias y títulos sobre el lenguaje secreto de los sueños. Tras seductoras ilustraciones se compendian fragmentos e interpretaciones de los textos freudianos y jungnianos sobre la materia. Si usted sueña con un caballo o con un perro, si sueña que vuela o que se baña en un mar de ajoporros, !ay! ¡cuidado!, puede tropezarse con un trauma de la infancia, con una madre dominante, o con las voces de Dioniso o Artemisa. En forma de manuales, o de seductoras orientaciones para la supervivencia y el «encuentro consigo mismo», la sicología viaja desde los consultorios y divanes hacia la mesa de noche de damas angustiadas, de decepcionados agnósticos o meditabundos. El arte y la locuraEste interés renovado, este repotenciamiento del mercado de lo sicológico, no orienta su energía solamente hacia los grandes públicos que han salido a la calle en busca de mayor espiritualidad, sino que ha encontrado una resonancia insospechada en ciertas élites e instituciones de reputación clásica. No deja de llamar la atención la presencia creciente de secciones de orientación sicológica en los diarios y revistas de nuestros dias. Abundan las columnas, escritas por sicólogos y siquiatras, con consejos matrimoniales, con recomendaciones para atajar las depresiones o con descripciones arquetipales. No faltan en las páginas políticas o económicas los «perfiles sicológicos» de los políticos y de los empresarios. Y los sistemas de medición de consumidores han orientado sus encuestas hacia sistemas de valores y actitudes. Bien se conoce que el mundo de los artistas es tradicionalmente sensible a los temas del inconsciente, asi que sus instituciones no han dejado de abrirse a la corriente en boga. En el entorno de la exposición de Javier Téllez sobre la locura, nuestro Museo de Bellas Artes celebró un extenso seminario de fuerte inclinación sicológica y publicó un apasionado ensayo, «Del Alma y el Arte», del profesor Víctor Krebs de la Simón Bolívar con una desafiante propuesta humanística sobre la relación entre la actividad creadora y los laboratorios de la psique. Por su parte, el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber, conjuntamente con la Escuela del Campo Freudiano, editó un grupo de conferencias lacanianas bajo el título «Sicoanálisis y Arte». En Nueva York acabamos de ver dos exposiciones en los museos más importantes de la ciudad, el Moma y el Metropolitan, con abiertas invitaciones al debate sicológico. El Metropolitan ofrecen una extensa exposición del pintor alemán Anselm Kiefer, cuya obra de profundo carácter alegórico es imposible comprender a cabalidad si no se cuenta con una lectura simultánea de los símbolos y mitos a los cuales se refiere. Sus imágenes alegóricas hacen referencia no sólo a la vida alemana de la guerra y la postguerra sino a un profundo arsenal simbólico asociado a las raíces mitológicas de su pueblo. El museo entonces propone, para su comprensión, el libro del siquiatra Rafael López Pedraza, radicado en Venezuela, que nos sale al paso en todos los rincones de la exposición. Este «lector de imágenes», como suele llamarse a si mismo, ofrece una formidable lectura desde la perspectiva jungniana que revela los vínculos profundos de la personalidad y la obra del artista con las energías arquetipales que pueblan su inconsciente. Pollock y la siquiatríaEn el Museo de Arte Moderno los curadores de la exposición de Jackson Pollock, uno de los más grandes renovadores de la pintura norteamericana de este siglo, hacen énfasis en los elementos siquiátricos que habrían conducido a esta rebelde, inconforme, alcohólica e incómoda personalidad a inventar el expresionismo abstracto. No ven solo a un hombre danzando sobre su tela acostada en el piso, creen ver en el action paiting, en la gestualidad desmelenada que conduce sus brochas, a una especie de bravío shamán poseído por fuerzas incontroladas de la demencia. No solo el audio de la visita guiada, no solo los textos del catálogo, no solo la organización de los cuadros, sino también la catarata de libros sobre la relación entre sicoanálisis y expresionismo que pueblan la tienda del museo, ponen en evidencia el interés de la institución en sintonizarse con la corriente de moda. Uno de estos libros Jackson Pollock: Psychoanalytic Drawings de Claude Cernuschi (Duke University), recoge parte de las 83 imágenes que Pollock dibujó para el analista Joseph Henderson durante un año de terapia entre 1939 y 1940, mientras se reponía de una fuerte depresión causada por su alcoholismo. Junto a las anotaciones del médico a cada uno de los dibujos, Cernuschi relata la controversia que se produjo en Estados Unidos cuando, tras la muerte del pintor, fueron expuestos al público estos dibujos y las anotaciones terapéuticas La esposa de Pollock, la pintora Leonor Krasner, demandó al médico en los años 70 por haber expuesto los garabatos, y argumentó que pretender comprender los dibujos desde la compleja perspectiva de la iconografía jungniana había hecho suponer a mucha gente que su marido padecía desórdenes mentales. En los años que siguieron, este debate estimuló la publicación de decenas de libros sobre el incómoda convivencia entre los artistas y los sicólogos. La sicología, pues, se ha salido nuevamente de su jaula para reforzar la convicción de que el mundo padece un toque de locura.
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