//2 level Horizontal Tab Menu- by JavaScript Kit (www.javascriptkit.com), This notice must stay intact for usage, Visit JavaScript Kit at http://www.javascriptkit.com/ for full source code
|
|
|
|
|
Sección: Bitblioteca
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR
La pasión de un bardo suicida Ricardo Gil Otaiza Por bondad de Rafael Rattia, su creador, llegó a nosotros el poemario La pasión del suicida (Ediciones del Centro de Actividades Literarias «José Lira Sosa», 1999). Leer a Rattia se transforma en toda una experiencia sensorial que nos conduce al vórtice de un huracán de imagines poéticas, ceñidas de profundidad y de reflexión. Ya en sus exquisitos ensayos, el autor ha develado toda una escalada literaria que nos ha permitido acercarnos a un sinnúmero de escritores venezolanos que buscan, en su encendido verbo y en su reconocida vena crítica, algún resquicio de anuencia que les posibilite transitar los caminos de la creación bajo su mirada cómplice y al mismo tiempo escrutadora de una realidad literaria nacional acéfala y mezquina. En éste, su primer poemario, el autor explora las profundidades de la psique humana bajo la novedosa técnica del develamiento total de la palabra, sin que por ello quede el hecho poético arrinconado o en segundo lugar. Todo lo contrario, nos extasiamos con el poeta maduro que, en su afán por mostrarse sin los viejos atavismos conceptuales de una poética forzada y hermética, se sumerge (nos sumerge) sin ambages en la transparencia de un lenguaje común, pero sin caer en el coloquialismo barato de los autores postmodernistas. La poesía de Rattia nos introduce en el infierno del dolor y de la muerte, sin horadar los intersticios sublimes de la razón que nos devuelve a nuestra falible realidad finita. Si con el suicidio físico el hombre logra su redención frente a la tragedia de su propia existencia, en estos impecables poemas el autor logra la plenitud del ser que somete sus debilidades al escrutinio del tiempo y del espacio. Como expresión sublime del pensamiento, la poesía condensa a la n exponencial todo un bagaje de experiencias, de sueños, de sensaciones y de realidades, que dichas de otra manera y bajo otros argumentos, podrían servir de caldo de cultivo para la recreación de mundos paralelos. Precisamente es en este punto cuando nos percatamos que el poemario de Rattia, más que reflejar la pasión del suicida genérico, es decir, de cualquiera de nosotros en nuestro estrecho u holgado devenir, es la cuenta minuciosa de un autor que aboga por la vida, que busca como pretexto una falsa exaltación de la autodestrucción del ser, como remedio para devolvernos la luz esperanzada frente a la adversidad del diario vivir. Como Octavio Paz podríamos expresar que los textos insertos en La pasión del suicida trascienden los límites del lenguaje y de la historia y, por ello, como toda obra creadora salida de la mano del hombre, buscan el más allá de la propia palabra y escapan de su hacedor: Somos un breviario de ansiedades estranguladas que palpitan en las esquinas del viento envenenado por los efluvios de los dioses malditos. Hijos de la proscripción, del impasse perenne, de la duda dudante, nos resistimos a la traición y quedamos hechizados por el dulce hilo de Ariadna que conduce alas compuertas de la ternura irredenta (pág. 3). Es arduo y continuo el trajinar de Rafael Rattia por los senderos de la poesía y de la prosa. Tanto el poeta como el ensayista buscan el punto de encuentro de la palabra bajo el emblema único e irredento de la literatura. Prosa y poesía se conjugan en una sola pluma para mostrar lo más excelso y sublime de la obra escrita. La pasión suicida de Rattia, más que negadora de su condición vital, lo acerca a desentrañar ese misterio absoluto de la creación. Los límites entre la vida y la muerte son burlados constantemente por el poeta para salir victorioso, cual enajenado náufrago, de las fauces terribles y grotescas del anonimato y del oscurantismo. Lucha, entreteje y finalmente declara su «redención en la palabra indómita» por la cual deja cada día su salvia vital derramar sobre el papel que finalmente lo salvará de la no existencia. De la no palabra. Nos imaginamos al poeta en las ardientes tardes salpicadas de brisa acechando sus poemas. Nos lo imaginamos impregnado del rico efluvio del Delta dejando volar su imaginación hasta donde los seres descarnados tienen sus guaridas. Allá, donde la palabra no llega palpitando de tinta, y donde los recelosos fantasmas de la poética no cubren con su risa los ecos de la memoria, delgados suicidas buscan en el esplendor del abismo acallar sus tímidas voces. Pero en el intento, en el grito desgarrador al chocar su inerme estructura contra las rocas y la arenisca, la palabra se yergue imponente y fresca para empapar con su espuma los recodos de la partida. El suicida regresa y retoma su vida vacía. Ya no más lanzar al abismo los pedazos de existencia que nadie quiere recibir. Entretanto el poeta anclado sin tiempo en los distintos espacios del devenir, recupera para la historia los jirones de vida que dan sentido a su única y voraz pasión, la de trascender la palabra y la de trascenderse en la memoria del colectivo.
|
Buscador Bitblioteca
|
|
| ||||||||||||||||||||
|
Copyright © 1996 - 2011 por
Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado
de fuentes externas. |