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Adicción a la estupidez

Roberto Hernández Montoya

Últimas Noticias, sábado 9 de abril de 2005

Ver libro Más adicto será usted

Adicto

Suscribirse al grupo del programa radial Como ustedes pueden ver (un programa para la gente que escucha)

Roberto
El autor el lunes 27 de setiembre de 2004 en el
Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber,
Caracas, Venezuela (foto de Clara Díaz de San Martín).

[Fulano] tiene todas las virtudes que detesto y ninguno de los vicios que admiro.

Winston Churchill

Vaya por delante que llevo meses que no fumo o lo hago esporádicamente, o sea, como debe ser, si a fumar vamos.

Debe hacer daño si uno se come un costal de mangos al día durante años, igual que fumarse una o más cajetillas por día. Ahí está el problema: la desmesura. ¿Quién logra detenerse en la primera papita frita?

Aparte de la nicotina, no se sabe qué contienen los cigarrillos. Uno no sabe qué cochinadas les ponen los interesados en conquistar adictos. Por eso es tan difícil dejarlo. Aunque Churchill decía que era muy fácil, que él lo había dejado como cien veces.

Pruebas en contrario hay, aunque no abunden. A Sindo Garay, que murió a los 105 años, edad prematura porque el autor de La bayamesa merecía más, dijo a los 100 que la clave de su longevidad eran «tabaco y ron». ¿Quién discute con el éxito? El mismo Churchill vivió 91 y hay un habano que lleva su nombre.

Cierto: es un placer genial, sensual, pero lamentablemente se arruina en una adicción idiota. Los indios, que en esto y en muchas cosas son más sabios, regulan el tabaco en ceremonias estrictas y nadie, llevado por esa doctrina, se vuelve un idiota pegado del otro extremo de un cigarrillo encendido.

Pero no mucho mejores que el cigarrillo son las campañas contra él. Se arrogan un poder perverso, usurpando el derecho de reprimir, en nombre de una causa noble. Es lo malo de las causas nobles: uno tiene que resistir la tentación de usarlas para fines descorteses. No tengo nada contra los fumadores tanto como no soy ni racista ni homófobo ni misógino. Esas malas costumbres se me extraviaron en alguno de mis tantos cambios de vivienda.

Ahora ponen unas ilustraciones babiecas en las cajetillas. El problema con estas campañas es que suelen tener efectos inversos. Se dice que la marihuana mata y el que la fuma sabe que es mentira; esto lo puede llevar a descubrir demasiado tarde que la heroína sí mata. El fumador que ve la boca de dientes escasos y horribles en la cajetilla, sabe que es mentira y puede descubrir los daños reales en la etapa del enfisema.

Prefiero fumar que ser tonto, aunque se puede no fumar sin ser tonto, que es mejor.


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