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Sección: Bitblioteca
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Afinar la puntería El Nacional, domingo 13 de junio de 1999
Me han contado que uno de los objetivos de la farmacología es elaborar drogas que ataquen la enfermedad sin efectos colaterales indeseables. Es principio aplicable a muchas cosas. A la política, sin ir más lejos. Los cambios históricos producen dos efectos: entusiasmo y temor; la gente suele dividirse según uno u otro sentimiento. Eso es ya preocupante, pero más lo es cuando ambos efectos se instalan en la misma persona. Algo distingue el presente período: ni el entusiasmo ni la desconfianza son extremos, no dan ni para pleitos de taberna, mucho menos una guerra civil, afortunadamente. Pero ello implica que hay un sector, que intuyo amplio, que tiene ambas percepciones. Durante años hemos digerido demasiada infamia no merece clasificación más indulgente como para no celebrar la promesa de su superación. Pero, tal vez por eso mismo, el daño más grande que padecemos es el recelo. De todos modos la suspicacia es sana, pues si algo bueno va a traernos este proceso será solo mediante una sana dosis de malicia, para evitar perversiones. Pero la propia malicia se pervierte cuando filtra todo lo que de bueno pueda pasar en favor de una ofuscación oposicionista. Si mañana Hugo Chávez camina sobre las aguas esa obcecación dirá que no sabe nadar. Ella es antagónica y complementaria de la que ve milagros hasta en el servicio de café de Miraflores. Como suele suceder, ambos sesgos son erróneos. Ya irán afinándose a medida que la realidad que vaya creando el gobierno y matice ambos pareceres. Pero más inquietante es la percepción de aquellos que tenemos impresiones encontradas. Siempre se puede, claro, ser racional y ejercer un optimismo crítico o un pesimismo sin desahucio, pero no es suficiente. Chávez tiene la solución en sus manos. Durante el período de infamia Venezuela generó un sector profesional que no se contaminó. Son todos aquellos que encontraron una barrera insalvable cada vez que intentaron superar problemas. Chávez ha inspirado en el 80% de esos venezolanos un entusiasmo difuso, sin convocatoria precisa, de allí la alta abstención. Esa gente no está en ningún partido, en ningún gremio, en ninguna organización específicos. Están ahí, simplemente, esperando un llamado conciso. Hasta ahora el único sector movilizado por el Presidente es el militar, como decía Pablo Antillano hace dos domingos en El Nacional («Sordina»). Ni siquiera lo acompaña su Polo Patriótico, hoy polarizado, precisamente, y limitado a la planchitis en el más ortodoxo método puntofijista. Los empresarios están en expectativa, la Iglesia manifiesta un descontento templado. El país mira esperanzado desde la barrera. ¿Por qué no convocarlo a tareas claras y distintas y no meramente a votar y a cantar el Himno? Para ello el Presidente debe afinar en política la puntería que muestra en los ejercicios bélicos. Denuncia a «los corruptos» de un modo tan impreciso que no siempre se sabe con quién es el pleito, si no lo estará confundiendo a uno con Canache. Afortunadamente la oposición desambigüiza su discurso y orienta el proceso, como hizo recientemente con la elección del nuevo Fiscal. La oposición sigue siendo la mejor aliada del gobierno. Mucho mejor que el MAS.
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