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El ama de oro

Roberto Hernández Montoya

Últimas Noticias, sábado 7 de mayo de 2005

Ver Whisky 18 años

Suscribirse al grupo del programa radial Como ustedes pueden ver (un programa para la gente que escucha)

Roberto
El autor el lunes 27 de setiembre de 2004 en el
Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber,
Caracas, Venezuela (foto de Clara Díaz de San Martín).

Cuando compras una esclava de oro de esas de medio kilo es porque ya has comprado todo lo que estimabas comprable. Es decir, ya no tienes más en qué gastar, porque has satisfecho todas las que considerabas tus necesidades y sigue llegándote dinero a raudales. No hablaré del mal gusto porque este no es un artículo de estética sino de ética.

Cuando te compras una esclava de oro macizo estás queriendo exhibir un lujo, pero no como un derecho sino como un abuso. Primero ante los que ya lo tienen, para emparejarte con ellos. Aunque torpemente, porque los que tienen plata de abolengo no usan esclavas de oro. Pero sobre todo la exhibes ante los que no pueden ni remotamente soñar con comprar una esclava de oro. Lo haces para marcar tu distinción (Pierre Bourdieu dixit) con los pobres de la tierra, para decirles que con ellos no quieres ya tu suerte echar, para sentirte diferente y para que te sientan diferente, superior, descollante, adelantado, que ya no eres de ellos. Lo haces para mostrar que puedes lo que la mayoría no. Lo haces para mostrar que los desprecias.

Cuando te compras una esclava de oro cochano estás enviando una señal no solo a los que pueden y a los que no pueden, sino a los que pueden insinuarte un guiso malo, la comisión, aquello de lo mío me lo dejan en la olla, aquello de no quiero que me den sino que me pongan donde haiga (estoy seguro de que en donde haiga hay más que donde haya).

Es como cuando ordenas una botella de whisky 18 años en algún bar o restaurante u hotel cinco estrellas. Estás diciendo que te gustan esos lujos; esas corbatas de seda, esos anillos de brillantes, esas hebillas de plata.

Los corruptos son como los rubios, se reconocen entre sí de solo mirarse. Entonces vienen las insinuaciones o las proposiciones directas. Si me sale el contrato te aparecen unos depósitos misteriosos en tu cuenta, en efectivo, para no dejar huella. Lo tomas o lo dejas. Si lo tomas, tu vida cambia, como tus relaciones y tus gestos. Tus hijos comienzan a codearse con gente de esclavas de oro. Desdeñas, insultas, ignoras, impones antesalas indefinidas, te fastidia la gente que no usa esclavas de oro 24 quilates.

Cuando compras una esclava de oro y eres revolucionario, comienzas a dejar de ser revolucionario, porque se vuelve tu ama de oro.


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