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Aprender a aprender

Roberto Hernández Montoya

El Nacional, domingo 4 de octubre de 1998, p. A-5

Un torero, preguntado si sentía miedo, respondió:

—Los toreros somos de miedo.

Es profesión poética.

Los que se oponen a la lidia tienen sus razones: es una crueldad y un modo tonto de exponer la vida ante un público irresponsable y ávido de violencia, etc. No voy a zanjar una discusión interminable. Interminable porque opone paradigmas irreconciliables. Unos no entienden de bondad, rebasados por el sentimiento trágico de la vida. Otros no captan que la vida es un torear la muerte, que la corrida metaforiza y comprime en pocos minutos. No pueden aprender unos de otros.

Pasa en política. Los políticos venezolanos, ponle, son incapaces de aprender otros métodos que los que los llevaron al éxito. Un robot se queda dándose contra un muro hasta que se le acaban las pilas, como se les están agotando a los políticos. En cambio un mono termina asociando un cajón y una banana que pende del techo. Pone el arcón debajo para alcanzar el alimento. Aprende. Los políticos siguen marrulleando con las máquinas electorales o dividiendo elecciones para ver qué pescan.

Por el otro lado está Hugo Chávez, que así como despierta esperanzas desmedidas inspira ansiedades desmesuradas. Está bien así. Manuel Caballero no puede dormir y lo despierta a uno de madrugada porque no se reposa tranquilo después de leer sus advertencias. Y está bien porque uno de los papeles del intelectual es prevenir peligros, aun equivocándose. No es Manuel el único, pues hemos padecido gobernantes militares más militares que gobernantes. No todos los soldados son Bolívar o Medina Angarita, aunque de él hablen tan mal los golpistas que lo tumbaron en 1945 y temen a los golpistas de 1992. Recientemente hemos tenido experiencias como la represión del 27 de Febrero o los mismos golpes de 1992. No es como para comprar a Chávez sin previa revisión de la mercancía.

Pero si tal vez Chávez no entiende la vida civil, los que se le oponen tampoco comprenden que su audacia rompió el nudo gordo y gordiano en que chapoteaba la vida. Roto el paradigma de la democracia ladina, Chávez demostró que sí hay alternativa, quizá peor, pero alternativa. Como decía Cuto Lamache: Uno no sabe. Ese es el problema, que uno no sabe.

Porque habla bonito a todo el mundo, entendiendo por bonito lo que todos quieren escuchar, buhonero y multinacional; encapuchado y embajador de los Estados Unidos; académico y analfabeta; religioso y marxista-leninista; gorila y guerrillero. Obviamente no es tan inflexible como dicen. Ningún autoritario serio muestra tanta elasticidad. En todo caso no es el único. Claudio Fermín, con su pronunciación blanda y sin solecismos, pero con su Ley Seca, arbitraria e ingenua. La prohibición de besos callejeros de la alcaldesa que siempre creí tenía ojos azules, hasta que Milagros Socorro me los oscureció en vez de aclarármelos. Fue la misma Socorro quien nos definió brillantemente a Chávez como un centauro pasado en limpio. Alfaro es candidato de un partido llamado Acción Democrática y permite que lo llamen El Caudillo, figura tan antidemocrática. Salas tilda de cobardes a los que democráticamente aceptan la Constituyente.

De aquí a diciembre y más allá podemos aprender unos de otros. Los que estén dispuestos. Yo lo estoy. ¿Y tú?


El 27 de Febrero en La BitBlioteca

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