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Sección: Bitblioteca
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Instrucciones para volver a la escuela Domingo 20 de setiembre de 1998
No sé de dónde sale la idea de que a la escuela se va a aprender. Ilustrarse es un subproducto menor del efecto pedagógico. Tómense los útiles escolares. Hay que comprar a los críos creyones de colores y un uniforme que ríete del militar, porque el pantalón tiene que ser de una tela particular y la camisa de un color específico en la escala Pantone. La falda rigurosamente plisada. Hay que dotarlos de cierta flauta que venden en una tienda de dirección intrincada. Y no otra. Los lápices tienen que ser H2, la regla ha de tener borde de metal. El papel lustrillo es un favorito. Cartulina. Siempre me he preguntado qué enseñan esas cosas. Si juzgamos por el nivel promedio de los bachilleres la pregunta se pone en letras mayúsculas. Los que saben algo lo aprendieron de padres inteligentes y leídos. Los comerciantes disfrutan de la vida y el PIB crece me refiero a los países en donde crece. En las sociedades industriales se da prioridad a la uniformidad. Como dice Nicholas Negroponte en el número de setiembre de 1998 de la revista Wired, los niños de seis años estudian con niños de seis años, hasta el año siguiente cuando estudian con niños de siete. No existe integración de edades, transmisión de experiencias entre niños de distinta madurez. La prioridad está en la homogeneidad, todo el mundo estudia lo mismo y el que asome la cabeza duro con él. Por cierto, ¿a qué modelo de sociedad industrial pertenece Venezuela? Lo de la tarea escolar es una de las pruebas de que lo que menos interesa a la escuela es enseñar. Imagínate que en tu trabajo te dieran unos informes para hacer en casa. Unos cálculos, un paciente que te va a visitar a la hora de la cena, si eres médico. No bastan las horas de pupitre, conocido y refinado instrumento de tortura que se le olvidó a la Inquisición, también tienen que invadirte el descanso y hasta el fin de semana. En casos más refinados de crueldad invade hasta las vacaciones. Si el Marqués de Sade hubiera sido un elemento perverso de verdad y no un bacán inofensivo hubiera inventado el pupitre y la tarea escolar. Para nada, porque para lo que verdaderamente sirve es para poner a pelear a los padres con los hijos. Esos momentos que debieran ser para jugar, contar cuentos, pasear, vivir, tienes que pasarlos explicándole cuál es el precio de una casa que compran tres personas, la primera paga un millón, la segunda el duplo de la tercera, y esta paga el promedio de las otras dos. No sé si esta cuenta da, pero ¿qué importa? Lo importante es que te amargue el descanso. El chamo llega sin las instrucciones mínimas, porque ¿quién ha dicho que el maestro está para explicar esas cosas? Una vez pasé una semana construyendo con mi hijo mayor un tanque para meter un pescado, hecho con láminas de vidrio convenientemente pegadas. Había que llenarlo de alcohol para meter el peje. No se encontró pegamento que juntara vidrios enchumbados de alcohol. Lo único que mi hijo aprendió fue a obedecer órdenes estúpidas, arbitrarias e incumplibles. Yo también. Nuestra ignorancia en materia de ictiología quedó intacta. Y no se te ocurra preguntar por qué y mucho menos discutir. La Constitución de 1961 dice que las Fuerzas Armadas son una institución obediente y no deliberante (artículo 132). No sé por qué no menciona a la escuela en ese artículo. Debe ser un error de imprenta.
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