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Intolerancias Caracas, domingo 17 de marzo de 2002 Hay temas que desatan las peores intolerancias de que es capaz el ser humano. El idioma, el sexo, la cultura, la religión, la estética. Dices que el lenguaje es el uso, como decía Andrés Bello, y te asaltan los peores intolerantes que conozco: los cazadores de gazapos, esos que viven corrigiendo a la gente para avergonzarla y escarnecerla. Como los que sostienen que se debe decir «un vaso con agua» y no «un vaso de agua» porque dizque el vaso no está hecho de agua. Entonces habría que interpretar que cuando uno dice Aristóteles de Estagira es porque Aristóteles estaba hecho de la ciudad de Estagira, donde nació. Pero ese es disparate que tiene sin cuidado a los gendarmes innecesarios de la lengua. Son como los que se esfuerzan por practicar y, peor, imponer la diferenciación de la pronunciación de la b y la v. Ellos mismos la diferencian generalmente solo al comienzo de la frase, enfatizando el carácter labidental y declaman: «A VVVenezuela BBBienen muchos turistas». Al llegar al verbo vienen se cansan y lo pronuncian como es, con b labial de sonido suave, no cerrando los labios sino acercándolos entre vocales, como es normal en la lengua española. Nunca hubo diferencia. No: en Madrid tampoco hacen la diferencia; no es como el caso de z y s. Al próximo gendarme innecesario que te venga con ese cuento de la diferencia entre b y v pregúntale en qué tratado serio de gramática, fonética o de lo que sea, pero serio, se sostiene que hay diferencia. Importante: pregúntale autor, fecha de edición y número de página. ¡Pero guay de quien, como oso yo ahora, pretenda declarar que no hay diferencia! Hay gente abierta y tolerante que deja de serlo apenas trata de asuntos de lenguaje. Nunca vi que nadie execrara a un corrupto como se execra a quien comete un error de ortografía. Sobre el sexo sí es verdad que no me voy a atrever a dar ejemplos. No hablaré de esto, mucho menos de aquello. Ni de la posibilidad de hacer cierta cosa ni mucho menos aquella otra y dígame usted lo que se puede hacer con aquesto de más acá. Si quieres medir la tolerancia de alguien en general, háblale de sexo. Pero hazlo como hacen el amor los erizos: con mucho cuidado.
Algo parecido pasa con las religiones. La historia, ¡y el presente!, están llenos de guerras de religión, que suelen ser más mortíferas que las otras. Las tres grandes religiones monoteístas nos tienen al borde de un holocausto. Y solemos odiar, a veces a muerte, a quienes no tienen nuestros mismos gustos estéticos. Por lo que decía Kant: la belleza es una experiencia subjetiva que se percibe como objetiva. Como aquello que dice: El son es lo más sublime ¿Habráse visto mayor intolerancia? ¿Leería a Kant Ignacio Piñeiro, el autor de esa copla? Son temas que tocan teclas de una desmedida sensibilidad. La gente se aferra a sus creencias con una ferocidad que alarma. A mí, al menos, me alarma. Por eso acostumbro evitar ciertos temas con gente que no es de mi confianza. Por eso y por mucho más me pregunto cuándo podremos los venezolanos hablar de política sin volvernos locos.
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