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Sección: Bitblioteca
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Música militar Domingo 7 de marzo de 1999
Los sucesos cumaneses ocurrieron en un contexto insólito: los gobernadores y alcaldes de la oposición si se puede llamar así se atropellaban para estar primeros en el Plan Cívico-Militar. Enrique Mendoza llegó al extremo patético de amenazar públicamente a los empleados de la Gobernación de Miranda con destituirlos si no participan en el Plan, algo que Hugo Chávez no ha hecho. Más chavista que Chávez. La policía de Sucre tenía las instrucciones de siempre, las que inauguró Rómulo Betancourt con su ocurrente principio de «disparen primero y averigüen después», que se ha vuelto «disparen primero y ni siquiera averigüen después». Eso convirtió a los estudiantes en cacería menor, cuya muerte nadie paga. El nuevo gobierno intenta revertir ese paradigma, y es imprescindible iniciativa, pero en su primer ademán está a punto de empeorar lo que parecía imposible empeorar: insinuando un juicio militar para un delito civil. La tradición de juicios militares que inauguró también el gran creador de paradigmas, Rómulo Betancourt, el Padre de la Democracia, de esta Democracia amputada y aviesa. Y la introdujo para establecer juicios de excepción, en los cuales la acusación equivale a la sentencia. Se parece demasiado a la Inquisición para el gusto del 98% de los venezolanos que votaron por un cambio el 6 de diciembre. Precisamente porque queremos democracia de verdad, lo que implica, entre tantas cosas, acabar con la militarización de la justicia, militarización que José Vicente Rangel nos enseñó a repudiar. El jueves a mediodía, cuando esto escribo, parece estar en marcha un proceso de rectificación. Yo, que no rezo, voy al menos a ligar esta vez, entre otros motivos porque, como decía Groucho Marx: «La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música». No sea que los acusados terminen de mártires. Queda un asunto concomitante: Orlando Fernández, en declaración asaz responsable, denunció a los que él llama «Dráculas y vampiros» que «quieren un muerto». Si el gobernador es del Polo Patriótico, los adecos, sostiene Fernández, instigan manifestaciones. Si el gobernador es adeco entonces es gente del Polo Patriótico la que incita. Como el Gordo y el Flaco. De eso entre tantas cosas nos fatigaron adecos y copeyanos. Es una irresponsabilidad seguir con aquel paradigma que nos ha traído a este «invierno de nuestro descontento»: «Jajá, el lado tuyo del barco se está hundiendo». Como dijo el gobernador de Sucre Eloy Gil, luego de hablar con el presidente Chávez: «Somos un solo gobierno». Gil es adeco, lo que no me impide estar de acuerdo con su declaración, porque trato de no ser primitivo como tanto adeco y como tanto chavista. También estoy de acuerdo con las razones de Chávez para concertar con Gil, porque además a ambos los puso allí el soberano. Algo queda aún a Chávez por aclararnos: quién propinó a Venezuela un personaje como Norberto Ceresole, a quien José Vicente ha llamado «despreciable». Si Ceresole te demanda me consideraré demandado junto contigo, José Vicente. Como decía José Ignacio Cabrujas de Jaime Lusinchi: «Causa mala impresión». Chávez en cambio nos causó buena impresión a los intelectuales en Miraflores, y sería excelente que siguiera causándola. Chávez inauguró dos comportamientos inauditos en Venezuela: asumir su responsabilidad y rectificar. He aquí una oportunidad ineludible.
El debate político en Venezuela
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