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La oposición chavista

Roberto Hernández Montoya

Caracas, jueves 21 de noviembre de 2002

herman_y_roberto
Con su hijo Herman, diciembre de 2001

Documentos sobre los sucesos de abril de 2002 en Venezuela

El fanático no cambia ni de opinión ni de tema.

Winston Churchill

Cuando los ricos hacen la guerra, los pobres ponen los muertos.

Jean-Paul Sartre

Qué juego tan raro: la mejor jugada es no jugar.

La computadora W.O.P.R de la película Juegos de guerra, ante la posibilidad de una conflagración nuclear

El problema con la paz es que hay que concertarla con el enemigo.

Yasser Arafat

La violencia es el último refugio del incompetente.

Isaac Asimov

oposicion_chavistaLuego de años encontré a mi amigo cambiadísimo. «Pavosaurio» de la derecha de alta cilindrada, en lugar de rock, ahora baila joropo; él, tan mayamero, hoy no abandona una bandera nacional; cada dos frases saca la Constitución del bolsillo y te la ondea en la cara; vocea: «¡El pueblo, unido, jamás será vencido!»; canta el Himno tres veces al día; tira piedras encapuchado; habla golpeado. Chavista, me dije. Pero a poco hallé que es obediente súbdito del régimen militar de la República de Altamira. La oposición asimiló los signos que atribuye al chavismo. Como esos ateos que hablan más de Dios que los creyentes. Como si Bush se hiciera talibán para combatir a Ben Laden.

M_KleinLa película M. Klein trata de un antisemita impecable e implacable en plena ocupación de Francia por Alemania. Su medio de vida es ruin: comprar bienes que los judíos rematan. De pronto le llega un periódico judío a su nombre. Un judío también apellidado Klein ha cambiado su dirección en el correo. M. Klein se desespera buscando al otro M. Klein para «aclarar las cosas». Tras mil peripecias, halla al otro M. Klein cuando aborda un tren que se dirige a un campo de exterminio. M. Klein entra al tren sin regreso. De tanto antisemitismo termina compartiendo la peor tragedia del pueblo judío. Mayor solidaridad imposible. Veo el mismo afán de autoinmolación en parte de la clase media, que teme más a Hugo Chávez que al crédito mexicano, destinado a acabar con ella en una sola generación.

Los_valientes_andan_solosEl odio encarnizado tiene sus inconvenientes. Puede uno terminar identificándose con el objeto del odio. En otra película, Los valientes andan solos (Lonely Are the Brave), el comisario, de tanto perseguir a un prófugo, acaba admirándolo. También ocurre en un episodio de Martín Fierro.

Por eso Rodrigo Hernández recomienda que cuando te hagan una pregunta embarazosa, que no puedas o no quieras responder, grita: «¡Chávez!». Inevitablemente se va a armar un tumulto, en el que podrás huir.

Un vecino me anuncia las cadenas. Está pendientísimo. Cacerolea al instante. Tal vez ni trabaja. Tres horas. A veces más. Mayor devoción ni los chavistas.

Un amigo empresario se echa en lujo su patrimonio en lugar de invertir, con el fin, dice, de tumbar a Chávez, y anda de lo más feliz en su acrecida opulencia individual. Debe haber muchos en eso porque la tienda Louis Vuitton de Caracas agota su mercancía en tiempo récord, tanto que el Presidente mundial de esa compañía —cuya mercancía distintiva es cobrar carísimo, es decir, venderte una constancia instantánea de nuevorrico— vino a ver qué pasaba en este país. ¿Qué concluiría? Ahora mi amigo anda preocupado con la caída de Chávez, para él inminente, pues se acostumbró a vivir bomba sin trabajar.

A cualquiera le pasa.

Lo que más me preocupa es que en este imitarnos mutuamente terminemos matándonos masivamente, más por idiotas que por malvados.


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