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¿Por qué perdió la oposición?

Question Nº 8, febrero de 2003
Revisado el 24 de julio de 2003
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Ver ¿Por qué perdieron? [miércoles 10 de enero de 2007]

Roberto_Herman_Hannah
Con sus hijos Hannah y Herman en Coro, Venezuela, agosto de 2000.

El debate político en Venezuela
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    Surgunt indocti et ropiuni regum coelorum, nos, autem, cum nostris litteris, margimur in profundum.

    Surgen los humildes indoctos y arrebatan el reino de los cielos, mientras ¡ay! nosotros con nuestras letras nos precipitamos en lo profundo.

San Agustín

Fábula con moraleja

Había una vez un rey infeliz que tenía un criado feliz. Un día el Soberano preguntó al criado el secreto de la felicidad.

—No sé, Serenísima Majestad. Soy feliz y ya. Si Su Majestad no me lo pregunta no hubiera pensado en ello siquiera.

El monarca interrogó entonces a un sabio de la corte por el secreto de la felicidad. El docto le pidió 99 monedas de oro, que regalaron al camarero. Arrebatado, entregó el resto de su vida a obtener la centésima moneda. Se amargó, servía mal. El rey lo despidió.

La oposición dodó

La moraleja es de fácil deducción. Salvo para los saboteadores de Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Tenían todo lo que un corrupto sueña para ser feliz —¿son felices los corruptos? Manejaban más presupuesto que el Estado. Nadie les estaba disputando eso, pero querían la centésima moneda: el control del Estado. No salgo de mi asombro ante la forma tan boba en que perdieron Pdvsa, tan fácilmente y por nada, como ese pájaro que llamaban dodó, que los marineros extinguieron, pues por torpes no huían de sus cazadores. No previeron que el pueblo recogería el guante, porque no lo perciben, y cayeron en su propia lógica diabólica. «Si Pdvsa va al paro, el país colapsa en una semana», calculó Luis Giusti,uno de los líderes del llamado a paro petrolero, que fue en realidad lo que sin adornos se llama un sabotaje (El Universal, 24 de noviembre de 2002). Famosas últimas palabras. No colapsó. Pero cuando vieron que su sabotaje no funcionaba ya no podían regresar al trabajo para salvarse porque equivalía a transgredir el llamado a paro aunque perdieran el único botín que les interesaba: Pdvsa. Se dieron jaque mate a sí mismos. No solo es una oposición dodó, sino una oposición Chacumbele, que «él mismito se mató», como dice la canción. Perdieron completa a Pdvsa y para siempre. Así calcula la meritocracia. Ese era el tal talento gerencial de que tanto alardeaban y por el que despreciaban al resto del país y de la humanidad, en la prepotencia más demencial que mis cansados ojos hayan contemplado con asombro y desconcierto.

Luego del Síndrome 99 (vide supra el apólogo de las 99 monedas), están en el Síndrome de El Dorado: «Ya que tanto nos costó llegar hasta aquí, ¿vamos a regresar sin nada? ¿Quién quita que El Dorado esté detrás de ese cerro?». Están obligados a la catástrofe que eligieron: «Hugo Chávez y nosotros no cabemos en Venezuela», proclamaron y se suicidaron políticamente. Alguien se tiene que ir. «Se vaaa, se va, se va, se vaaa», canturreaban ingenuos los ahora conmovedores marchistas de oposición, refiriéndose a Chávez. Pero quienes se están yendo, en estampida, como cuando huyeron de Miraflores el 13 de abril de 2002, son los dirigentes de oposición:

  • Pedro Carmona Estanga, también llamado «El Rápido», en Colombia de nuevo porque se tuvo que ir hasta de Miami porque Washington le revocó la visa.
  • Carlos Ortega en Costa Rica. Atrapado en 2005 en una casa de juegos a punto de acertar cuatro esquinas en el juego de Bingo. Los echadores lo llaman ahora el Comandante Bingo Fijo.
  • Carlos Fernández en Miami.
  • Carlos Molina Tamayo en El Salvador.
  • Pedro Soto en Bolivia.
  • Y un etcétera que crece día a día.

Me detengo aquí porque sería abuso referir lista tan larga. No solo arruinaron a sus seguidores sino que los abandonaron. ¿Será por eso que ya casi nadie les va a las marchas que convocan durante semanas y semanas con bombos y platillos por televisión, radio y prensa? La más reciente, al actualizar este artículo, fue el domingo 20 de julio de 2003, el llamado «Reencuentro». Con mucha generosidad se podrían calcular 7.000 asistentes y solo la ruidosa y persistente campaña de televisión se puede calcular en 2.700 millones de bolívares (US $ 1.562.500 al cambio oficial de Bs 1.600 por dólar), a Bs 357.142,85 por asistente, sin contar logística, movilizaciones, tarimas, sonidos, pancartas, avisos de prensa, etc. Un dirigente se consoló: «Lo que importa es la calidad, no la cantidad». Dejo al lector el cálculo del cociente intelectual de ese dirigente (ver Francisco Zambrano, ¿Quien va a ir ahora a las manifestaciones?).

Los errores más temerarios

  • Intento de destrucción de la principal industria de un país.
  • Paro general en diciembre, el mes de mayor intensidad comercial.
  • Instigación explícita al golpe por parte de militares alzados por televisión y acantonados en una plaza de Caracas. Veamos lo que dijeron en su pronunciamiento en cadena de radio y televisión golpistas: «Hacemos un llamado a todos los integrantes de nuestra Fuerza Armada Nacional a que nos acompañen en esta misión, a todo lo ancho y largo de nuestra patria, y especialmente a aquellos compañeros de armas que están en la jurisdicción del Área Metropolitana de Caracas, que se presenten en la Plaza Altamira, la cual declaramos desde ahora TERRITORIO LIBERADO DE LA FUERZA ARMADA NACIONAL INSTITUCIONAL, para darle pleno respaldo a la voluntad popular, convocamos a la sociedad civil y al pueblo en general a que se declare en desobediencia civil» (22 de octubre de 2002, mayúsculas sic).
  • Suspensión del suministro petrolero que el gobierno venezolano había acordado con los Estados Unidos. ¡En plena invasión a Iraq! Por primera vez en unos cien años Venezuela dejó de ser un proveedor seguro y no por culpa del gobierno revolucionario sino de los golpistas supuestamente aliados de EUA. ¡No me ayudes, compadre! Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?
  • Terrorismo mediático. Hay gente que se arma a la espera del asalto de «hordas» chavistas que les van a robar los tostiarepas y traumatiza a sus niños en simulacros delirantes. Hay gente de oposición que ya no aguanta más el martillo mediático. Su propia gente deja de ver televisión, oír radio, comprar periódicos y asistir a las manifestaciones que esos medios convocan. Las cifras de audiencia de los canales y radios partidarios del gobierno son apabullantes, mientras la de los golpistas decae día a día vertiginosamente.
  • Suspensión de los derechos a educación, propiedad, salud, trabajo y libre circulación. Suspendieron clases en escuelas privadas, cerraron centros comerciales manu militari, impidieron que mucha gente acudiera a su trabajo y cerraron calles y avenidas. Y con todo y eso no pudieron derrocar a Chávez. El día 50º del paro patronal Carlos Ortega preguntaba urbi et orbi: «¿Qué país aguanta 50 días de paro?». Venezuela aguantó 62.
  • Exuberante arrogancia de los dueños de medios ante los corresponsales internacionales (ver texto completo de la rueda de prensa de los dueños de medios con corresponsales internacionales, viernes 13 de diciembre de 2002).
  • Desentenderse del paro descaradamente, una vez fracasado. «Este no es un paro de la CTV; no es ni siquiera un paro de la Coordinadora Democrática», declaró Carlos Ortega, presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). Y añadió: «El paro se nos fue de las manos» (ver su declaración completa del 21 de enero de 2003). Por su parte Carlos Fernández, presidente de la patronal Fedecámaras, declaró: «¿Cuál paro?» (El Universal, 23 de enero de 2003).
  • Llamar el 2 de febrero a un referendo inviable tanto constitucional como operacionalmente. Convirtieron inconstitucionalmente un referendo consultivo en uno revocatorio y vinculante; con un Consejo Nacional Electoral espurio; solo con testigos de oposición; sin Plan República ni automatización; con 500.000 firmas fraudulentas según Súmate —la empresa auditora que ellos mismos contrataron— y no verificadas por nadie; financiado solo por la oposición; sin supervisión internacional. La barbarie, o sea.
  • Despilfarro del derecho a oponerse. ¿Quién se atreverá a convocar a un nuevo paro general indefinido en los próximos siglos?
  • Ruina de gran parte de su base social, en bancarrota o ahora sí parada en cinco Ds: despedida, desempleada, deprimida, desmoralizada y desbandada.
  • Y el disparate de donde dimanan todos los anteriores y muchos más: están estructurados para no percibir al pueblo (ver Cuento idiota).

La catástrofe

Una catástrofe, dicen los físicos, es una discontinuidad en un proceso continuo. El copo de nieve que desencadena la avalancha, el primer dominó que cae, etc. La dirigencia golpista acumuló presión y más presión en la olla, calculando —mal, como siempre— una Navidad sin Chávez. No fue así y, como estrategas pésimos que son, no previeron retirada. Los soberbios pierden las guerras. Napoleón tampoco previó su retirada de Rusia, entrampado en su propia lógica de supuesta superioridad total y de victoria segura y rápida. Parecido creyeron aquí, guardando las proporciones: «¿qué van a mover el tanquero Pilín León? Esos palurdos salen en desbandada». Y nunca tuvieron Plan B. El único que tuvieron siempre fue el Plan A(bril), aprovechando a un gobierno sin política de comunicaciones y militarmente desprevenido. El mismo guion del golpe mediático de abril de 2002, que expongo en su rígida secuencia:

  • paro ficticio,
  • paralización de Pdvsa,
  • marcha desviada hacia el palacio presidencial de Miraflores,
  • atentado callejero e indiscriminado, con numerosos muertos,
  • generales pronunciándose por televisión,
  • entrega de Chávez,
  • represión masiva, etc.

Se aferraron a esa receta. ¿Quién se la dictó? ¿Será que quien los financia les exige esa fórmula inflexible? No funcionó una vez más, como sí funcionó en abril de 2002, aunque solo por unas horas, porque el gobierno y su gente estaban ahora, por fin, prevenidos y porque les falló el plan de desviar alguna de las tantas y decrecientes marchas, como intentaron hacerlo el viernes 3 de enero de 2003, en un evento titulado, curiosamente, «La Batalla Final». Obviamente pensaban repetir en esa ocasión los hechos del 11 de abril de 2002, con un ataque similar de las fuerzas de choque de la Policía Metropolitana capitaneada por el alcalde Alfredo Peña, elegido en el portaaviones de Chávez y luego pasado para la oposición cuando la alianza con Chávez no sirvió a los negocios de sus patronos. Igual hizo esa policía en el famoso enfrentamiento de Puente Llaguno. Mataron a dos chavistas, Óscar Gómez y Jairo Gregorio Morán, pero los medios golpistas ocultaron ese detalle para implicar que los muertos eran de oposición y así salió luego en los medios internacionales. Responde al canon: una manifestación contra el gobierno, unos muertos, obvio que los mató el gobierno. En ese canon no está previsto que la policía asesina es de oposición. Al día siguiente hostigaron el velorio y el cortejo fúnebre. El nombre «Batalla Final» coincide de un modo llamativo con el titular de la edición extra de El Nacional del 11 de abril de 2002: «La batalla final será en Miraflores» (el palacio presidencial). ¿Cómo sabía El Nacional que esa sería la batalla final? Venezuela ha desarrollado periodistas proféticos: Carla Angola se vistió de luto en ocasión de una provocadora marcha de oposición en un barrio chavista, en la que se temía habría violencia. No hubo muertos, afortunadamente, la periodista se quedó con su luto activo esta vez desactivado ante un nuevo fracaso de una oposición «versátil en el error», para decirlo con palabras luminosas de Jorge Luis Borges.

Andan en lo que la sicología llama «etapa de negación de la evidencia»: «¿cuál paro?», preguntó Carlos Fernández, presidente de la patronal que lo convocó el 2 de diciembre de 2002 en medio de un triunfalismo suicida. Lo mismo en sustancia declara el 21 de enero de 2003 Carlos Ortega, presidente usurpador de la CTV. No hubo golpe ni paro ni sabotaje de Pdvsa ni escasez de combustible ni muertos ni Plaza Altamira. George Orwell en Venezuela sería costumbrista (ver La reinvención de Morel). Son como el Coyote de El Correcaminos: no pegan una. O como dice Joselo: son una «oposición-lotería»: juegan cualquier cosa a ver si la pegan. Y no la pegan.

El punto de inflexión de la catástrofe se produjo cuando el tanquero Pilín León levó anclas luego de un mes paralizado por su piloto pirata, plegado al sabotaje. En ese momento el país —oposición globotomizada incluida— comprendió, consciente o inconscientemente, que Venezuela había empezado a ganar la batalla contra los que la sueñan gobernada por un procónsul gringo. Por cierto que el 24 de julio de 2003, como conmemoración de la Batalla Naval del Lago, que expulsó el último bastión español en la Guerra de Independencia y natalicio de Simón Bolívar, ese tanquero fue rebautizado con el nombre de la nodriza de don Simón: Negra Matea. Total Pilín León, la epónima Miss Universo, se cuadró con los golpistas. La Organización Miss Venezuela es parte de la Organización Cisneros.

Lo que dejó la tempestad

Lo único que les queda son los medios y están haciendo todo por perderlos, malogrando masas de dinero que ni Gustavo Cisneros tiene. Ya los semanarios Primicia, de El Nacional, y Bohemia del grupo De Armas cerraron. El Nacional también terminó Internet World Venezuela, así como otros proyectos editoriales. Los que quedan han reducido drásticamente su tiraje, su personal y su número de páginas. Y aquí habría que preguntarse quién está sosteniendo a los sobrevivientes. ¿El National Endowment for Democracy, esa mampara de la CIA, que confesó haber financiado a la CTV, a Primero Justicia y otros puntales del golpismo? Ni siquiera porque les van a quitar el sueldo, muchos periodistas dejan de ser dúctiles a sus patronos. ¿No hay valientes en la profesión? Sí hay, claro, pero no son mayoría. El viejo sindicato periodístico (que no nombraré para no manchar sus viejas glorias) defiende a los patronos y jamás a los cientos de periodistas echados de sus trabajos por razones ideológicas y porque el aventurerismo político ha puesto al borde de la quiebra a sus patronos. Para no hablar de la posible aunque indeseable revocación administrativa de las concesiones a los medios radioeléctricos. La implosión, o sea. ¿Se matarán como Chacumbele, como el resto de la dirigencia opositora? (ver Luis Britto García, Las tareas revolucionarias de la ultraderecha, Question, Nº 7).

Las Ardenas de la oposición

Es un abuso comparar a cualquiera con Hitler, entre otras razones porque Hitler es incomparable. Solo hago una equiparación a continuación por analogía, guardando las proporciones, como con Napoleón arriba.

Hitler lanzó en diciembre de 1944 su última ofensiva. Contra la recomendación de su Estado Mayor, el Führer decidió un ataque desesperado y por tanto temerario en las Ardenas y empleó lo mejorcito que le quedaba, ya decisivamente disminuido. Quería abrir una brecha y levantar la moral de su gente, después del desastre en la URSS y en Normandía.

Perdió. Por la ceguera a que induce la prepotencia. Cayó en su propia trampa. Convirtió un medio en un objetivo y en estrategia lo que era táctica. Era todo o nada. Por más poderoso que alguien sea, no puede ser más poderoso que todo el mundo, por más que se crea Dios. Por Bush que sea. Y pensaron que Chávez era un político «normal», o lo que esos esperpentos morales consideran «normal», que se rendiría ante un desafío de cierta consideración. Ningún presidente puntofijista, hubiera aguantado esa ofensiva, salvo Rómulo Betancourt, quien por cierto no enfrentó ni la centésima parte de esta andanada que Venezuela aguantó con un estoicismo espartano que aún me asombra. Por eso el editorial de El Tiempo de Bogotá del 21 de enero de 2003 se tituló: «Chávez se atornilla». Convirtieron un llamado a paro —un medio— en un fin. Dice el excelente columnista opositor Domingo Alfonzo Bacalao:

    Han sacado cuentas de manera improvisada y han concluido, ídem, que Chávez caería rápido, se equivocaron. Tras la ruina de buena parte de los comerciantes que, paradójicamente, les aupaban, han convertido el paro, que era un mecanismo, en un fin, con la posibilidad cierta de destruir ahora el parque industrial de Venezuela [...] Un estadista, un político serio, quien aspira un liderazgo legítimo, no puede bajo ninguna circunstancia cometer tantos errores, concluiríamos, si así en la oposición, ¿cómo en el ejercicio del gobierno? El 11, 12 y 13 de abril y ahora esto, su torpeza solo superada por cierta ambición desmedida de poder y de dinero, convierten a la Coordinadora Democrática en un cadáver [«Estadistas minúsculos», Notitarde, 17 de enero de 2003].

El dirigente opositor Timoteo Zambrano lo advirtió: «El paro no es un fin sino un medio», El Universal, 24 de noviembre de 2002.

¿A qué nuevo fracaso conducirán a la multitud confiada que aún los apoya, que mantienen en vilo, aterrorizada con su guerra sicológica mediática, que ha sido su único éxito?

Es lo que la dirigencia de la oposición tendrá que aprender. Hasta donde puede asimilar algo esta dirigencia borbónica, que ni olvida ni aprende.


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