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Revolutio contra natura Caracas, Question, agosto de 2003
El debate político en Venezuela Perdieron los privilegios y descubrieron la libertad. Graffito en la Av. Miranda, Caracas, 2003 Nunca subestimes el poder de un estúpido cuando está en un grupo grande. [Pedro] Carmona [Estanga] da la orden a unos almirantes y a unos generales de que debo amanecer muerto, pero que me apliquen la ley de fuga, que parezca un accidente. Eso lo oyeron mesoneros [mozos] que se habían quedado ahí, en Miraflores. Como para estos señorones los mesoneros no son gente, no repararon en ellos y en los soldados que se habían quedado y que oyeron cuando Carmona dio la orden a unos generales y unos almirantes. Hugo Chávez, Anatomía íntima de un golpe ¿Cómo es que los usurpadores del 12 de abril de 2002 no cambiaron la guardia militar ni el personal civil del palacio presidencial de Miraflores? Cualquier estratega de mediana estatura hubiera recomendado reemplazarlo inmediatamente. Pero no los militares que dirigían aquello, a pesar de que estudiaron estrategia, supongo, porque consideraban que el orden «natural» es que ese personal, como un tenedor, como un martillo, estuviese a su servicio, ut voci Christi, in caeca obedientia, prompte, hilariter, quasi limam in manu fabri (a la voz de Cristo [el Cardenal, el Opus Dei, que estaban en el golpe], en obediencia ciega, inmediatamente, con alegría, casi como la lima en la mano del artesano), cual reza la Regla de Martín Verga para las órdenes religiosas de Estricta Observancia (está en les Misérables de Victor Hugo). Ese orden «natural» se había restablecido y para los oligarcas no hay otro posible en el universo mundo. Solo es natural la subordinación perruna de la plebe. Para eso está, para eso es plebe. Cuando no obedece se vuelve horda. Ese es precisamente el origen de esta consternación opositora. Por eso tanta repulsión y tanta impaciencia. Si gobernara uno de ellos esperarían como siempre esperaron, más o menos pacientemente, que terminara el período presidencial, sobre todo si en el reparto caía algo para todos ellos, como solía suceder. Pero el grito «¡vete ya!» lo exclama todo, como también lo reza la imprecación «¡ni un paso atrás, fuera!»: no se debe tolerar ni un minuto más ese descalabro y no se debe retroceder ni un paso en el camino del orden natural. Pero el universo es más complicado: cumplo con el deber de advertir a los que todavía no lo saben que el orden social no es natural. Natural es la reproducción sexuada y mire usted que en el ser humano toma a propósito del sexo rumbos inesperados más allá de la biología. Naturales son los animales. Los humanos somos extranaturales, Ortega (y Gasset) dixit, porque sobre lo natural creamos cultura. Y la cultura es histórica, transitoria, caótica. El que está hoy arriba mañana amanece abajo. Lo mismo se dijeron los fascistas que en 1948 sacaron del poder del modo más afrentoso nada menos que a hombre tan honorable y digno como Rómulo Gallegos. Marcos Pérez Jiménez se dio el lujo de tener preso a esa gloria de la guitarra mundial llamado Antonio Lauro. Claro, se estaba restableciendo el orden «natural», pues Gallegos y Lauro estaban acompañados por una horda: la Acción Democrática de su época épica. Una de las primeras medidas de todo poder es naturalizar lo artificial, y nada más artificial que el poder. Por mi parte no concibo el poder como natural o porque lo manda un dios o una mera ley. Para mí se trata de racionalidad: si la ley me inviste de poder debo jugármelo constantemente, convenciendo de la justicia de cada orden, incluso a aquellos que por biología son mis hijos, porque a ellos debo, en primer plano, el respeto que profeso a todo el mundo. No se trata de obediencia, sino de consenso. El poder sin consenso es despotismo. Lo mismo se dijeron los aristócratas franceses de 1789. Y cuando eso ocurre, cuando se considera que un orden artificial es natural, corre sangre. Como ahora en Venezuela un gotero comparado con la Independencia o la Revolución Francesa y otras, pero corre. Hay más de 70 dirigentes campesinos muertos en lo que va de 2003. Escribí setenta. El proceso sigue. Inmolados ante el altar del orden natural. Para no hablar de otros asesinatos. Hay un cuento, «La pachacha» yo era niño cuando me lo contaron, del chileno Rafael Maluenda, que narra un ciclo en la vida de un gallinero. Una pachacha, es decir, una gallina mestiza, salta al gallinero de las gallináceas «de raza», que la rechazan de inmediato. Pero a poco el gallo la admite y ampara. Las gallinas del harén no tienen otra que admitirla. Pasan los meses, se mezclan los pollitos, aunque a la pachacha la aceptan en un puesto relegado, pero la aceptan. Inopinadamente vuela al corral otra pachacha. Y es la original pachacha, no las gallinas aristócratas, la primera en repudiar a la nueva advenediza, que estaba rompiendo el orden ya naturalizado (ver Fábula con gallina y sin moraleja). Por eso tanta clase media anda enloquecida tras una oligarquía que la desprecia y ha procurado su ruina, a través de créditos indizados y de carteles que han derruido a los pequeños productores, etc. Pero la ilusión de identidad con la oligarquía es ensueño difícil de superar. Por eso anda tanto recién vestido caceroleando a los chavistas que osan invadir restaurntes elegantes que frecuenta la oposición. Todo lo que hace el gobierno es monstruoso porque agrede el orden «natural»: como alfabetizar, porque lo natural es que los iletrados sigan siéndolo y los pobres deben continuar enfermos y preferiblemente morir en masa para que no afeen tanto. Estos aristócratas son capaces de dejarse morir antes de que los salve un médico cubano. Jean-Paul Sartre decía que antisemita es el que se queda súbitamente impotente al descubrir que su amante es judía. Antinaturales son los pollos brasileños (¿pachachas?), la gasolina extranjera, etc., si los trae Hugo Chávez para derrotar la escasez artificial. Antinatural es que la comunidad participe en la determinación de la responsabilidad social de los medios. Natural es que el espectro radioeléctrico sea propiedad de cuatro familias. Antinatural es que un presidente antinatural gane siete elecciones, con lo que descubrimos que para estos aristócratas tapa amarilla las elecciones nunca fueron la base de la democracia, porque solo son válidas las que gana uno de ellos, así sea con trampa, como siempre ocurrió. Natural es un gobernante blanco en Miraflores. Es alentador saber que en Venezuela hay tanto aristócrata. Uno no sabía dónde estaban hasta que perdieron el poder. Ahora uno los ve y se imagina a los oligarcas sorprendidos del apoyo que les prodiga tanto zambo y tanta plebe que los rodea en marchas, cacerolazos y otros actos propios de la nobleza. Lo curioso es que este patriciado se sostenga en los ademanes y el lenguaje de personas como Enrique Mendoza, Mingo, Carlos Fernández o Alfredo Peña. La chabacanería propia no se percibe, mientras todo lo que hace el otro es chabacano, así sea Roy Chaderton, porque no hay nada más grosero que lo antinatural. Si un intelectual o un artista es bolivariano se dice «¡qué lástima!», «¡qué pérdida!», y entonces sus pinturas, sus poemas, sus ensayos, sus narraciones, sus diseños, antes admirables, pasan súbitamente a ser abominables. O no entienden. Hablan y hablan de un gobierno bárbaro que alfabetiza, que reparte millones de libros entre los niños, que consolida el patrimonio cultural. Porque es antinatural. Lo antinatural es fuente de todo mal. Para Stalin su socialismo era el Bien Absoluto. Un obrero soviético, que tenía que hacer colas interminables para comprar lo que al inglés le sobraba, estaba mejor que este, porque mientras el británico estaba en lo Relativo, el soviético estaba en el Absoluto. Correlativamente, para la ultraderecha venezolana Chávez es el Mal Absoluto y por eso destrozar a Petróleos de Venezuela, inmolar a su alta gerencia y de paso arruinar a su propia clase media son males relativos, menores, ante el Mal Absoluto de Chávez. «Hay que sacrificarse», decía Carlos Ortega, seudolíder laboral de un paro patronal, en enero y diciembre pasados. Proveer de médicos gratuitos y alfabetizar a la horda es malo porque proviene del Mal Absoluto. Stalin tenía como Mal Absoluto el capitalismo, a Trotsky, a Tito, a Bujarín, a Kamenev, a Zinoviev, etc. Hitler a los judíos. Por tanto toda acción de aniquilación masiva se justifica, millones al horno, como decía Julio Camba: hacer perder 10.000.000.000 de dólares entre diciembre y enero pasados a un país pobre como Venezuela en el sabotaje económico más criminal que conozcan los anales del capitalismo. ¿Estará ese procedimiento financiero, o como se llame, en alguna nota al pie de Adam Smith o de Milton Friedman? ¿Lo enseñan en la Universidad de Chicago? ¿En la London School of Economics? Es así como se piensa totalitariamente. Por eso gente que cierra televisoras chavistas y pone bombas dice que Chávez es autoritario y quiere cerrar canales y pone bombas, aunque no cierre canales ni ponga bombas. Los únicos que comprobadamente ponen bombas y cierran medios en Venezuela son los dirigentes de la oposición. Un presidente que el 15 de abril de 2002, asombrosamente de regreso al poder luego de sobrevivir a un intento de magnicidio, amén de maltratos físicos y morales, perdona de modo aún más asombroso a la vanguardia del golpe: la alta gerencia de Petróleos de Venezuela, la misma que continuó la conspiración para desatarla de nuevo en diciembre de 2002. Un presidente que consiente sin retaliación que un dirigente de oposición le miente la madre por televisión es acusado de autoritario por quienes cierran durante meses su programa dominical Aló, Presidente. Los que dictan el decreto más autocrático que se conozca en los anales de las autocracias el 12 de abril de 2002 dicen que Chávez es autoritario. Aprovecharé la enseñanza: estudiaré de nuevo el concepto de autoritarismo. ¿Alguien me recomienda una bibliografía? Como la negrita pagapedos de la época de la esclavitud: estaba allí para que la señorona con gases no pasara vergüenzas. Ellos ponen las bombas y Chávez las paga. Más natural imposible, ¿verdad?
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