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Sección: Bitblioteca
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Risitas Últimas Noticias, sábado 16 de julio de 2005 Suscribirse al grupo del programa radial Como ustedes pueden ver (un programa para la gente que escucha)
Menos mal que en Venezuela no hay una ley que prohíba hacer el ridículo, porque habría un gentío preso. Me confunde que con tanto que reconvenir que tiene este gobierno, se empeñen en criticar lo incriticable. No les voy a decir qué deben reprochar. Hagan su trabajo. Gánense sus dólares. Pero se empeñan, en los espasmos de una pasión terrible, en reprochar la alfabetización, la salud gratuita, la comida a bajo precio, abrir el Teresa Carreño a los excluidos, el millón de Quijotes. Los más intrépidos dicen que esto es una dictadura. Algo así como tomar el canal rápido de una autopista, pero por la vía contraria. Son evidentemente personas de una reciedumbre espiritual superior. Hubo un valiente que dijo hace poco algo así como: «No puedo mencionar unos militares que vi por la autopista porque el gobierno lo prohíbe». ¡Y decía lo que decía que no podía decir! ¡Por televisión! El gran lingüista Roman Jakobson hablaba de un bobo que dijo: «La frase un hombre preñado no se puede decir». Una niña de cuatro años le replicó: «Pero usted acaba de decirla». Quien sostenga que esto es una dictadura y no vaya preso, pase a la clandestinidad o al exilio, es un... ¿cómo se llamará eso? Cada día más pienso que el bruto soy yo, porque no puede ser que personas con aquellos ceños rizados y que han hecho posgrados en universidades de nombres impronunciables digan esas torpezas. El 11 de abril de 2002 hubo una marcha de oposición de magnitud incalculable. El «sí» sacó el 40% el 15 de agosto pasado. Respaldos nada desdeñables. Pero los perdieron. Toditos. Ahora marchan unas decenas, si acaso. ¿Te acuerdas de los cacerolazos de las ocho? ¿Recuerdas cómo un gentío impidió en la Cota Mil el arresto de un coronel alzado? ¿Qué se hicieron esas cosas? O como lo decía Jorge Manrique: ¿Qué se fizieron? ¿Qué pasó? ¿No será efecto del ridículo? Porque ahora resulta que Hugo Chávez, según varias encuestadoras de oposición, tiene entre el 65% y el 75% de popularidad. Si esta última cifra es cierta, hay un 15% de gente, otrora de oposición, que ahora respalda al gobierno. No es tanto el fracaso como el ridículo. Lo que duelen son las risitas, supongo. Si quieren les presto un poquito de sentido del ridículo.
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