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Rosenblat de América Jueves 6 de marzo de 2003
Este texto forma parte de la serie de RHM sobre lenguaje presentada en No fue poca la información que Ángel Rosenblat nos transmitió a los que tuvimos la fortuna y el privilegio de asistir a sus clases. Era información bien y prolongadamente investigada, destilada y razonada. Pero cabe información también nos dio formación. Nos enseñó sobre todo a entender el lenguaje sin la hipnosis del purismo. En lugar de inculcarnos reprender a la gente por decir «hubieron muchos invitados» aprendimos más bien a entender por qué la gente concuerda haber con el plural invitados, en lugar de tratarlo como esa vaguedad que llamamos complemento directo, que la gente convierte en sujeto (ver Lógica y gramática). Si la Academia manda a decir vámonos, pero alguna gente dice vámosnos, es porque hay una razón y no una sinrazón. Vámosnos es más ortodoxo que vámonos, pues proviene de vamos + nos, que es la construcción normal de verbos con los pronombres, solo que en este caso la -s de nos satisface la necesidad morfológica de la -s de vamos, que entonces se omite. Anomalías que se vuelven regla, como las contracciones del y al, de la misma estirpe del popular pal, que es contracción de para + el o más bien de pa + el. Alguna generación futura encontrará arcaico decir para el. Evidentemente, una irregularidad sistemática no es una irregularidad, aunque sea vituperada por los puristas. El lingüista tiene el deber de investigar la irregularidad (siempre definida como tal en relación con la gramática académica, que es solo una versión privilegiada de las que se hablan por calles y plazas) para descubrir una tendencia evolutiva de la lengua. La eliminación de las consonantes finales en el Caribe y Andalucía (entre otros lugares) ocurrió ya en francés, por ejemplo. Aire de familia tal vez. ¿Por qué decimos «no le temo a las ideas» cuando la estricta gramática ordena decir «no les temo a las ideas»? El antecedente les debiera concordar con el plural ideas. En lo personal aprendí a suprimir ese pronombre cuando es innecesario, como ocurre las más de las veces: «No temo a las ideas». Rosenblat conjeturaba que ese le indebidamente singular era un expletivo, una partícula semánticamente inútil, pero que dice el Diccionario de la Real Academia con sus descansadas vaguedades, «se emplea para hacer más llena o armoniosa la locución». No convencía demasiado a Rosenblat el carácter expletivo de ese le en singular. Un día el modo de razonamiento sobre el lenguaje que Rosenblat nos dejó nos ayudará a descubrir su naturaleza, digo, si ya alguien no la descubrió auxiliado por ese método. Hasta en sus batallas con los estudiantes nos enseñó a ser directo y claro, nunca sinuoso como tantos que nos quisieron enseñar la gramática parda en lugar de la gramática lúcida que Rosenblat nos legó. Es esa lucidez la que ahora recoge este tomo de la Biblioteca Ayacucho, El español de América, compilado y prologado por María Josefina Tejera, quien también aprendió a razonar el lenguaje como se lo enseñó Rosenblat y ahora también nos lo enseña a todos.
Este texto forma parte de la serie de RHM sobre lenguaje presentada en |
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