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Sección: Bitblioteca
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Sadomasoquismo Últimas Noticias, junio de 2004 Suscribirse al grupo del programa radial Como ustedes pueden ver
En la literatura que he leído sobre el tema (un libro) se dice, tal vez con razón, que sadismo y masoquismo son cómplices. Uno no sabe, como decía Cuto Lamache. Lo que sí creo saber, no porque yo sea muy perspicaz, sino porque se cae de patente, es que la cosa como que es cierta entre algunos periodistas. Como no soy profesional del asunto, no me gusta hablar de crímenes. Pero se me cae la palabra de los labios cuando menciono una especie de crimen que no inventamos en Venezuela, pero lo hemos desarrollado tanto que estamos rozando la perfección: el mediático. Una periodista acusa a alguien de hacer negocios en confabulación con su padre, alto funcionario. El hijo acusado murió cuando tenía 11 años, hace algo así como una década. Imagínate que eres el padre. O la madre. Al dolor inexpresable se añade la afrenta. El padre demanda a la periodista. Llegara yo a publicar algo así, me presentaría ante el padre para que dispusiese de mí. Y si decidiera perdonarme, me iría a vivir a algún pueblo lejano y allí moriría. Pero no. Esta periodista tiene que esperar a que un tribunal la conmine a retractarse, cosa que hace con una reticencia epiléptica, pretextando el paro patronal de diciembre de 2002. Esto obliga a la Real Academia a redefinir urgentemente el término cinismo: «Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables». «Impudencia, obscenidad descarada». Ante lo que acabo de narrar, la palabra cinismo es un eufemismo. Pues bien, abundan los casos. Acusan sin pruebas, la mentira reluce cuando aún no han terminado la frase y se quedan de lo más descansados, listos para una nueva mentira. A veces emiten varias que se niegan unas a otras, en una sola respiración. Vergüenza no tienen, ya sé. Pero ¿será que no calculan sus riesgos? No de que nadie les vaya a hacer nada malo, sino de dilapidar parte central de la esencia de un periodista: credibilidad. Tampoco es que les pagan allá nada del otro mundo, también sé eso. Y ahí es donde entra lo del sadismo y el masoquismo en un solo saco. Hacen daño haciéndose daño y sabiendo que (se) lo hacen. Porque un periodista, como humano que es, puede equivocarse. Pero cuando persiste deliberadamente es porque el diván del siquiatra lo espera con urgencia.
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