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Cómo criaron a Superman

Roberto Hernández Montoya
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Letras, del 16 al 22 de abril de 1998
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Herman Hernández Lejter, sin cuyas investigaciones estas líneas no hubieran sido posibles.
¿Cómo hicieron los esposos Kent para criar a Kal-El, llamado Superman? El crío tenía los siguientes recursos: fuerza para mover planetas, capacidad de volar, supervelocidad, que le permitía viajar en el tiempo, y supervista, que implicaba tres cosas: ver a través de obstáculos, larga vista y mirada de basilisco, que funde las cosas. Si es difícil controlar a un bebé terrícola, imagínate lo que es gobernar a un crío procedente de Kripton. Deben haberle fabricado un corral de kriptonita, que irradia una emanación debilitadora para la gente —¿son gente?— de ese planeta. Así era fácil impedirle que se empeñara en destruir una ciudad en una de esas rabietas a que son propensos los bebés. O disolver con la mirada a mamá o a papá Kent cuando le impedían echar abajo un muro de una pescozada para coger un peluche prohibido porque mató la perra de un solo pisotón.

Similar solución debe haber adoptado Luisa Lane cuando hizo el amor con él después de varias décadas de abstinencia de comic de los de antes de este destape, en que el sexo es ya lo de menos. Manuel Guédez la imagina haciéndose unas duchas con una infusión calculadamente diluida de kriptonita para evitar las consecuencias imaginables en un kriptonícola con superpotencia sexual.

Hubo un ocioso que felizmente se dedicó a escribir los capítulos que se le olvidaron a Cervantes cuando escribió El Quijote. Así, alguien podría tomar la pluma, y sobre todo el pincel, para componer estos y otros episodios olvidados de Superman.

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Santo, el Enmascarado de Plata
Santo, también llamado el Enmascarado de Plata, no baja por ascensores. Simplemente, terminada su visita, se lanza veinte pisos abajo en caída libre y aterriza en la calle sin novedad. Lo mismo que Batman y Robin. ¿Los imaginas en acción tan mediocre como bajar o subir por un ascensor? Lo hacen por la fachada, con una cuerda, claro. Porque la vida del héroe es así: espectacular y abnegada. No vemos nunca a los héroes comiendo, tomando agua o haciéndolas. Son actividades demasiado humanas para un sobrehumano. Así era también Bolívar, quien, como nos ha enseñado la Sociedad Bolivariana, era casto. Todo el mundo lo sabe.

Llanero_SolitarioSer héroe no es fácil y sale caro. El Llanero Solitario dispara balas de plata. No creo que el indio Toro se las recoja luego del entrevero. Además, me dolería mucho enterarme de que, Toro, uno de mis héroes de infancia hubiese podido quedarse con algunas de esas balas. Aunque supongo que Toro, como buen escudero, cual enseña Don Quijote, debe dispararlas de plomo.

Tampoco es cómoda la vida de El Fantasma, que no se puede quitar el mono, salvo cuando hace el amor con su esposa Diana Palmer en la Playa Dorada de Keela-Wee. De resto, cuando no está en la selva, anda con un sobretodo, un sombrero calado hasta las cejas y unos lentes oscurísimos. Y aquel calorón. Lleva a su lobo Diablo y las líneas aéreas se lo dejan pasar a la cabina puesto que ellas prohíben perros, no lobos. No se sabe cómo está haciendo con la actual paranoia de los aeropuertos.

Jean-Paul Sartre decía, durante la Ocupación de Francia por los nazis, que cuando torturaban a un prisionero lo deshumanizaban porque o descendía a traidor o ascendía a héroe. Ambas condiciones son lejanas para nosotros, los normales. Lo triste es cuando nos metemos a héroes sin tener la consistencia del Che; entonces aterrizamos en ridículo, bajando por el ascensor hasta nuestra estatura normal. Por eso hay tantos revolucionarios estudiando primero dónde está el ascensor cuando deciden emprender revoluciones, especialmente simulacros patéticos como las acciones de los encapuchados.


También:
Luis Britto-García,
Venezuela heroica
Elías Pino Iturrieta, Necesidad y despotismo de los héroes
Sergio Pitol, La isla púrpura
Juan Villoro, El guerrillero inexistente

De RHM:
Alfaro es perfecto
La Sociedad de Padres Maltratados
La vida es juego
Las cosas están ahí, coronadas
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