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Amor con Viagra se paga o el amor en los tiempos del Viagra Caracas, domingo 31 de mayo de 1998 Roberto con su hija Hannah en los jardines del No puede hablarse de religión, de política o de sexo porque se demuestra la afirmación de Edgar Morin: homo sapiens es además demens e hystericus. Pero donde la histeria se dispara más fácilmente es en el sexo. El dios más sexual de los griegos era Pan, cuya presencia causaba un terror incontrolable. Por eso no es redundancia decir terror pánico, que no es, por cierto, exclusividad judeocristiana, aunque este conjunto de sectas ha contribuido con sus propios aliños a la histeria sexual de homo demens. El sexo es un detonante simbólico: el poder, la fuerza, la fertilidad, el pecado. Viagra desata esos y otros mitos: la eterna juventud, la panacea, los afrodisíacos. No es afrodisíaco, pues no aumenta la libido, pero es inevitable que se lo figure en esa categoría. Hasta el mes pasado, cuando apareció el Viagra, el único afrodisíaco eficaz, lo descubrió Henry Kissinger, había sido el poder. Ahora, por sugestión, Viagra será el primer afrodisíaco digestible eficaz. Pfizer, el laboratorio que desarrolló el sildenafil, la molécula vasodilatadora del Viagra, cuenta con una clientela potencial (bueno, impotencial) de treinta millones de hombres y mujeres (ah, porque se presume que el sildenafil funciona también en ellas; el clítoris también es eréctil, acuérdate). Y eso solo en los Estados Unidos. Por ahora la pastillita parece que azulita no se consigue legalmente sino en ese país. Pero ya hay caminos verdes. La venden por unidad. Se consigue por Internet. No se tiene nunca suficiente sexo, como tampoco suficiente oro. Uno come y hay un punto en que ya no puede más. Solo nos limita la naturaleza, pero solo a los varones, pues, omnis est triste post coitum, praeter mulierum gallumque: todos están flácidos después del coito, salvo las mujeres y los gallos (lo dijo Galeno). Cuenta un chiste en realidad un mito de origen que al final de la creación al varón le tocó el pene y en compensación los dioses dieron a la mujer orgasmos múltiples. Tiresias, quien según el mito había sido hombre y mujer en distintas etapas, decía que la mujer goza 9 de 10. Al varón queda el 1 restante. No podemos saber lo que siente el otro sexo; apenas es posible conjeturar a partir de las observaciones fisilógicas que la mujer tiene al menos mayor cantidad de placer. De la calidad no saben ni los dioses, porque fueron precisamente Zeus y Hera quienes solicitaron el dato a Tiresias. Claro, los dioses griegos no eran omniscientes, eso vino después. Pero ahora henos aquí con un producto que promete estamos hablando de un mito igualar a hombre con mujer. Porque si el hombre decae luego del coito mientras la mujer sigue finita, ahora el viril, mediante una pastillita puede, según el mito, seguir campante durante horas y horas, cosa que hasta abril solo podían hacer los actores de cine porno. Me pregunto cuántas arrobas de Viagra han adquirido los estudios de cine de esa inclinación. En Venezuela las autoridades sanitarias han tendido siempre a la cautela. Nos ahorraron así la Talidomida, un calmante de malestares del embarazo, que produjo miles de deformaciones congénitas a comienzos de la década de 1960. Quién sabe si nos permitirán tomar Viagra. Para nada, siempre habrá cómo procurársela porque los mitos son la vida misma de homo demens.
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