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¿La caparazón o el caparazón?

Ángel Rosenblat


La Biblioteca de Ángel Rosenblat, Tomo I, Estudios sobre el habla de Venezuela, Buenas y malas palabras,
Caracas: Monte Ávila
1987
Publicado originalmente en el Papel literario de El Nacional, Caracas, 28 de octubre de 1955

El Oriente de Venezuela usa el caparazón («el capárazón del cachicamo»), pero todo el resto del país, y aun los escritores y la gente culta, la caparazón. Así se encuentra en El mestizo José Vargas, de Guillermo Meneses, y en Un retrato en la geografía, de Arturo Úslar Pietri. Aun en un poeta fino como Juan Liscano, inmensas caparazones. ¿Será una particularidad venezolana?

Me parece que el femenino está impuesto en la mayor parte de América. En la Argentina el pueblo y los escritores no conocen otro uso. Un prosista tan atildado como el ecuatoriano Juan Montalvo, impregnado en la lengua clásica, escribía una caparazón. Y lo mismo el peruano Ventura García Calderón. En el Perú dicen del desfachatado: «¡Tiene una caparazón!» Que equivale a nuestro ¡qué concha!

En cambio, la lengua culta de España usa sin vacilar el caparazón, como nuestra región oriental. Es el uso que registra la Academia y el de Lope de Vega y los autores del Siglo de Oro. Y también de Baroja y Ortega y Gasset. Igualmente el caparazón opaco en Cambio de piel, del mejicano Carlos Fuentes. ¿A qué se debe la discrepancia?

Caparazón procede, según creemos, de caparachón, por lo que llamamos alternancia de sibilantes (Amado Alonso la ha estudiado en toda su amplitud). Ese viejo caparachón se conserva todavía en Costa Rica, como me informa la profesora Delia de Agudo Freites. Y también en gran parte de Venezuela (Lara, Portuguesa, Táchira: «El morrocoy tiene el caparachón muy duro», «Fulano está tan flaco, que ya lo que le queda es el caparachón»). Y caparachón es un aumentativo de carapacho con metátesis o inversión silábica, sin duda por influencia de capa. El caparachón o caparazón ¿no es una especie de capa protectora? Por lo menos se ha llamado frecuentemente caparazón a la cubierta de la silla de montar.

Y ahora el género. Caparazón es etimológicamente un aumentativo en -ón, y por eso es masculino. Pero al perderse el sentimiento de su origen intervino la analogía. En gran parte de América se ha visto atraído por los sustantivos en -azón, que son femeninos (hinchazón, ramazón, etcétera). E inversamente, por atracción de los aumentativos en -ón, que son masculinos, se dice un porción, entre nosotros y en gran parte del dominio hispánico, incluso en Madrid. Un polo coriano recogido por Luis Arturo Domínguez canta:

    Cuando me pego un palito,
    me brota la inspiración,
    y no compongo un versito,
    sino compongo un porción.

Esa atracción es tan fuerte, que está haciendo oscilar a armazón (el armazón-la armazón, con tendencia a la diferenciación semántica) y a una serie de sustantivos, según las regiones: sazón, comezón, hinchazón, quemazón, etcétera. Y hasta ha impuesto algunos masculinos en la lengua general: el. aluvión, el talión, el tesón, el mesón, que en su origen eran femeninos. Ya se ve que las palabras giran atraídas por las leyes de gravitación del complejo sistema de la lengua.

Coedición con
MonteAvila Editores


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