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¿Memoranda?

Ángel Rosenblat


La Biblioteca de Ángel Rosenblat, Tomo I, Estudios sobre el habla de Venezuela, Buenas y malas palabras,
Caracas: Monte Ávila
1987

Publicado originalmente en «La vida de las palabras», Periscopio, Caracas, Nº 6, 1952

Cada tres días nos preguntan cuál es el plural de memorándum. Con su generalización moderna en las oficinas y ministerios, en proliferación creciente, ha surgido el embarazoso problema del plural. ¿Cuál es el correcto? Veamos todas las posibilidades.

1. Los memoranda. Es el plural latino, defendido a capa y espada por los eruditos. Lo ha traído sin duda la terminología internacional. Pero en inglés the memoranda, en francés les mémoranda, en alemán die Memoranda no ofrecen dificultad alguna, pues no chocan con el sistema morfológico de la lengua. No sucede lo mismo en castellano: los memoranda (el neutro latino se reproduce regularmente mediante el masculino) es una evidente anomalía. Puede mantenerse mientras la palabra queda confinada al lenguaje cancilleresco, pero al salir de esa órbita tendrá que adaptarse a los hábitos morfológicos del castellano. Análogamente, como tecnicismo limitado a ciertos sectores, se usa los quanta (plural de quantum), introducido por la moderna física de Planck. O los pensa (plural del curioso pensum venezolano y colombiano). Dentro de su propia esfera, los memoranda, los quanta, los pensa, son perfectamente legítimos. Pero los tecnicismos que se incorporan a la lengua general terminan siempre por acomodarse al sistema de la lengua.

2. Las memoranda. Esta es ya una semiadaptación: la terminación -a de la palabra tiende a arrastrarla al femenino. Si ese femenino se generalizara, la anomalía morfológica se resolvería sin duda con la -s del plural: las memorandas, y se formaría quizás un singular analógico: la memoranda. Es lo que ha sucedido con las erratas (del latín errata, neutro plural de erratum). O las agendas (del latín agenda, neutro plural de agendum). Es lo que tiende a pasar con las separatas (del latín separata, neutro plural de separatum), aunque yo prefiero las tiradas aparte (en Méjico dicen los sobretiros). Hemos oído igualmente la desiderata, y aun las desideratas, cuando lo académico es el desiderátum, y por lo tanto los desiderata. Hay en castellano una gran cantidad de neutros de plural latinos convertidos en femeninos de singular: nómina, montaña, miscelánea, entraña, maravilla, herramienta, etc. Se ha generalizado la postdata o la posdata, del neutro plural de postdatum. Y sobre todo un curioso tecnicismo reciente, que pertenece, como memorándum, al lenguaje de las representaciones consulares y diplomáticas: visa, plural neutro de visum. En castellano es frecuente el visa-los visas; y también la visa-las visas (nos parece preferible el visado, participio sustantivo de visar). En el caso de memorándum sería hoy doblemente anómalo un plural las memoranda o las memorandas si se mantiene invariable el singular.

3. Los memorandums. Este plural, también anómalo en castellano, se da en los extranjerismos de introducción reciente, no del todo aclimatados: clubs (ya en Larra), del inglés club (se está generalizando, con la venia académica, los clubes); complots, del francés complot (ya se usa bastante en nuestro tiempo los complós, por el tipo de los rondós, etc.); los fracs, del francés frac (la Academia ya autoriza los fraques); los revólveres y los mausers, del inglés revolver y el alemán Máuser (se han generalizado los revólveres y máuseres); los cabarets, del francés cabaret (se han difundido bastante los cabarés); los bisfstecs, del inglés beefsteak (ya es general los bistés; también a veces los bisteques); los coñacs, del francés cognac; los récords, del inglés record; los tótems, del inglés totem, (voz tomada de las lenguas indígenas de los Estados Unidos); los mitins, del inglés meeting (hoy es general los mítines); los dólars, del inglés dollar (se ha impuesto ya los dólares); los lords, del inglés lord (hoy se dice higpanizadamente los lores); etc. Un extranjerismo reciente conserva ciertas prerrogativas de la lengua de origen, y se le trata con reservas. Pero si se incorpora definitivamente a la lengua de adopción tiene que asimilarse a ella en su fonetismo y morfología. Los memorandums se siente como plural extraño de una palabra extraña. Puede valer transitoriamente, pero no es una solución.

4. Los memorándum. Así se oye a veces efectivamente, como los ultimátum, los club, los sandwich, etc. Pero no nos parece acertado, pues no tiene asidero legítimo ni en castellano ni en la lengua de origen. Quizá pueda mantenerse invariable la palabra en el caso de factótum, si acaso cabe usarlo en plural (en realidad si hay más de uno, ya ninguno es enteramente factóttm) o en el de vademécum (en este caso me parece que el castellano prefiere reducir la palabra y decir los vades), por ser palabras compuestas, de estructura especial. O en el de déficit, fíat o exequátor («ciertos nombres procedentes de un verbo latino en una terminación personal»), que para la Academia no admiten terminación de plural. El castellano sólo mantiene invariables algunos sustantivos terminados en -s o -z (los lunes, los Sánchez), en determinadas circunstancias. Únicamente en el caso de los apellidos hay tendencia moderna a mantener invariable la forma (los Machado, los Quintero, etc.), contra el criterio académico.

5. Los memorándumes. Este plural representa ya la hispanización completa: sobre un singular memorándum, se ha formado un plural regular memorándumes. Podrá parecer feo, por su sucesión de nasales (palabras más feas tiene el castellano, o cualquier lengua), por su cantidad de sílabas, o por lo inusitado, pero es perfectamente correcto. La Academia admite ya el álbum-los álbumes (caso perfectamente igual al de memorándum) y el tárgum-los tárgumes (de origen arameo). Del mismo modo se tiende a hacer el plural de ultimátum, palabra que, según la Academia, «no suele usarse en plural». O el de referéndum.

6. Los memorandos. No sé si este plural se ha propuesto, pero sería el de la perfecta hispanización. Los latinismos mínimum y máximum se están hispanizando de ese modo (el mínimo-los míninios, el máximo-los máximos), siguiendo la tendencia general de la lengua, que de templum ha hecho templo, y luego los templos. Los quanta de Planck se traducen ya como los cuantos. Antes se decía los eucaliptus, los lapsus, los tifus, etc., con la vieja terminación latina, y hoy los eucaliptos, los lapsos, los tifos. La Academia admite maremagno junto a maremágnum. Si memorándum pasa al habla de todos, es muy probable que se llegue a decir el memorando-los niemorandos., Pero dejemos a la lengua que haga su propia vida, y no le impongamos nuestras leyes.

De esas seis posibilidades, ¿cuál es la mejor? El hablante quiere hoy una solución de tipo monoteísta o monogámico. Por mi parte creo que mientras memorándum se mantenga en el terreno de las cancillerías y conferencias internacionales, es mejor los memoranda, en nombre de cierta unidad internacional y el respeto al uso erudito. Fuera de ese terreno, y mientras la lengua misma no lo decida de otro modo, no me escandalizo cuando oigo o leo los memorándums, los memorándumes o los memorandos. Es la vida misma de la lengua la que ha de dar la adecuada solución *.

*La Academia ha aceptado ya el memorando-los memorandos (Boletín de la Real Academia Española, septiembre-diciembre de 1959, págs. 489-491).

Coedición con
MonteAvila Editores


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